Comentarios al Nuevo Testamento
Evangelio según san Mateo
Santiago
Guijarro Oporto
Introducción
El evangelio según san Mateo fue el más
citado y comentado en los primeros siglos de la Iglesia. Orígenes, san Hilario,
san Jerónimo y san Juan Crisóstomo, entre otros, escribieron comentarios sobre
él, y en casi todos los autores de la época patrística pueden encontrarse
numerosas citas y referencias a dicho evangelio. Es, pues, un evangelio
profundamente enraizado en la vida de la Iglesia, y por esta razón ocupa, desde
muy antiguo, el primer lugar entre los libros del Nuevo Testamento.
Los motivos de esta amplia difusión sobre
variados. Por un lado, la claridad y el orden, que hacen de este evangelio un
excelente instrumento catequético. Por otro, su postura conciliadora, que
trataba de buscar un punto de encuentro entre diversas formas de interpretar y
vivir la fe en Jesús. Finalmente, su vinculación a la tradición de Pedro, que
fue la más extendida en el cristianismo naciente, hizo que fuera el evangelio
más leído en muchas comunidades.
Su mensaje sigue siendo válido para los
cristianos de todos los tiempos, porque a través de él encontramos a Jesús y su
buena noticia. Por eso merece la pena volver a leer despacio sus relatos,
parábolas y enseñanzas. Pero antes de comenzar la lectura nos será de gran
utilidad conocer las circunstancias que rodearon su composición, los acentos
principales de su mensaje y los recursos literarios utilizados por su autor.
1, El contexto histórico
El evangelio de Mateo nació en el seno de
una comunidad cristiana viva. El
evangelista, al componer su obra, quiso dar una respuesta a los problemas con
los que se enfrentaba aquella comunidad, como iremos viendo en el comentario.
Para comenzar a leer será suficiente con algunas informaciones breves acerca de
su autor, lugar y fecha de composición, sobre la situación que vivía dicha
comunidad hacia fuera, y sobre sus problemas internos.
Autor, lugar y
fecha de composición
Según una tradición muy antigua, el autor
de este evangelio fue Mateo, el publicano, uno de los doce discípulos de Jesús
(Mt 9, 9). Así lo afirmaba el obispo Papías en el siglo II d. C. Sin embargo,
los datos del evangelio apoyan más la suposición de que su autor fue un
cristiano perteneciente a la segunda generación, que conocía el griego, y que
estaba familiarizado con el Antiguo Testamento.
La fecha de composición puede fijarse
entre los años 70 y 110 d. C. Por un lado, en el año 70 d. C. tuvo lugar la
destrucción de Jerusalén, a la que Mateo parece aludir en diversos pasajes (Mt
22,7; 23,28; 24,15). Por otro lado, en el año 110 d. C. Ignacio de Antioquía
cita ya en sus cartas textos de Mateo. Algunos datos del evangelio ayudan a
precisar más. Su modo de hablar de los judíos como un grupo distinto de los
discípulos (véase Mt 28,15; 23,1-12) y de las sinagogas judías (Mt 4,23; 9,35;
10,17; 12,9; 13,54) como distintas de la Iglesia (Mt 16,18), hace pensar que la
separación entre cristianos y judíos había tenido lugar ya, y esto no pudo
ocurrir antes del año 80 d. C.
Sabemos que Pedro desempeñó un papel
importante en Antioquía (Gal 2, 11-14), y este hecho coincide con la especial atención
que Mateo le dedica en su evangelio (Mt 15,15; 16-19; 17,24-27; 26,33). Finalmente,
es significativo que sea Ignacio, obispo de Antioquía, el primero que cita este
evangelio.
(Santiago
Guijarro, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia,
7ª edición 1995, p. 27-28, capítulo 10)
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