De los veinte siglos que nos separan de
Jesús, diecinueve pueden recorrerse con seguridad y rapidez con la ayuda la
crítica textual, que se encarga de reconstruir el texto más antiguo de los
evangelios, a través de una comparación minuciosa de las diversas familias de
papiros y códices. Esta reconstrucción del texto original es la que sirve de
base para las traducciones a las lenguas modernas. Así pues, las traducciones
modernas de los evangelios reproducen con bastante seguridad el texto de los
evangelios compuestos en el último tercio del siglo primero.
Jesús comenzó su actividad pública en
torno al año 27 de nuestra era, pero los evangelios no comenzaron a escribirse
hasta finales de los años 60 d. C. Entre la predicación de Jesús y la redacción
del primer evangelio pasaron al menos cuarenta años. ¿Qué ocurrió en estos
cuarenta años? ¿Cómo se transmitieron las palabras y los recuerdos sobre Jesús
durante aquel tiempo? ¿Podemos fiarnos de lo que nos cuentan los evangelios?
Para responder a estas preguntas es necesario conocer cómo nacieron y se transmitieron
los recuerdos sobre Jesús en el grupo de sus discípulos y en las comunidades
cristianas.
a) la vida de Jesús (6 a. C. – 30 d. C.);
b) la generación apostólica (30-70 d. C.); y
c) la segunda generación cristiana (70-110 d. C.).
La muerte y resurrección de Jesús marca
el paso de la primera a la segunda; con ella termina el ministerio público de
Jesús y comienza la andadura de las primeras comunidades cristianas. El paso de
la segunda a la tercera viene determinado por dos acontecimientos que afectaron
mucho a la vida de las comunidades cristianas: la muerte de los que habían
conocido a Jesús, y la destrucción de Jerusalén. Al morir los testigos oculares
de los signos y palabras de Jesús, comienza una nueva generación, que tiene
gran interés en conservar fielmente la tradición recibida. Por otro lado, la
destrucción de Jerusalén produjo cambios muy notables dentro del judaísmo, que
afectaron también a la vida de las primeras comunidades cristianas.
Estas tres fases corresponden a tres
etapas en la formación de los evangelios. En los últimos años de la vida de
Jesús fue naciendo la tradición evangélica; durante la generación apostólica,
esta tradición se fue conservando y transmitiendo de forma oral primero, y por
escrito después finalmente, la redacción de los evangelios tuvo lugar durante
la segunda generación debido en gran medida a las nuevas circunstancias que
vivían las comunidades cristianas.
En el recorrido por estas tres etapas nos
servirá del guía un pasaje del Concilio Vaticano II, que resume magníficamente
las características de cada una de ellas.
(Varios autores, Comentario
al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p.17-18,
nº 4)
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