miércoles, 30 de septiembre de 2026

Comentarios al Nuevo Testamento
Tercera etapa: La redacción de los Evangelios 
 Santiago Guijarro Oporto, capítulo 8

El papel de los evangelistas.  Los evangelios son el último eslabón de este proceso de unificación de las diversas tradiciones que se habían transmitido en diversos grupos cristianos, en diversos ámbitos de la vida de las comunidades.


      El papel de los evangelistas fue integrar estas tradiciones, algunas de las cuales constaban ya por escrito, e integrarlas dentro de un marco narrativo. Todos ellos llevaron a cabo una importante labor redaccional, que consistió en seleccionar los materiales recibidos, y situarlos dentro del marco narrativo de sus obras, abreviándolos o ampliándolos, para iluminar las nuevas circunstancias que vivían sus comunidades. Estos procedimientos se perciben muy bien estudiando el uso que Mateo y Lucas hacen de Marcos.

      Marcos es, pues, el evangelio más antiguo. En la composición de su relato utilizó seguramente tradiciones y colecciones anteriores (parábolas, controversias, milagros, relato de la pasión) Su tarea no consistió simplemente en reunir todas estas tradiciones, sino que las actualizó y las organizó siguiendo un esquema que los misioneros cristianos utilizaban para contar los principales acontecimientos de la vida de Jesús (véase Hechos 10,37-41).

      El evangelio de Juan tiene su propia historia. Sus coincidencias con los sinópticos son muy pocas, porque sus fuentes fueron distintas, y sólo en contadas ocasiones (p. e. en el relato de la pasión) se encuentran relatos procedentes de una tradición común (véase la introducción al evangelio de Juan). 

Fidelidad a la tradición recibida. La preocupación por mantener la fidelidad a las tradiciones recibidas se acrecentó durante la segunda generación cristiana. Hay, sin embargo, un cambio importante con respecto a la generación apostólica: el garante de las tradiciones no es ya el Señor (1 Corintios 7,10; 11-23-26), sino los apóstoles, cuyos recuerdos adquieren un carácter de tradición sagrada.

      La tarea de estos ministros de la palabra se describe en un pasaje de las cartas pastorales así: lo que has oído de mi en presencia de muchos testigos, confíalo a hombres fieles, que a su vez sepan enseñar a otros (2 Timoteo 2,2). Lo que indica que durante el proceso de la formación de los evangelios hubo una preocupación explícita por ser fieles a las tradiciones recibidas, y que dicha transmisión fue confiada a personas de plena garantía encargadas de conservarlas y transmitirlas a otros. 

¿Por qué escribieron los evangelios? Durante cuarenta años las comunidades cristianas vivieron años sin los evangelios. Sin embargo, en los primeros años de la segunda generación cristiana, y en un corto espacio de tiempo se escribieron, al menos, los cuatro evangelios canónicos. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron la redacción de los evangelios?

     Un acontecimiento determinante fue la muerte de los que había acompañado a Jesús. Antes de que su testimonio se olvidara era necesario ponerlo por escrito. La desaparición de los testigos oculares hacia más difícil distinguir entre las diversas interpretaciones que empezaban a circular acerca de Jesús y su mensaje. Algunos sostenían que lo único importante eran sus enseñanzas, no su vida. Los evangelios se escribieron, en parte, para contrarrestar esta opinión y dejar claro que la historia de Jesús, su encarnación, pertenece a la esencia de la fe cristiana. Todos los evangelios tienen detrás una motivación pastoral.

        (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p. 22-23, cap. 8)

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domingo, 27 de septiembre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 27 septiembre al 3 octubre 2026
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Misión de los Santos Ángeles Custodios
     Son los embajadores de Dios con los hombres y los embajadores
de los hombres con Dios. No solamente son los ángeles de Dios, sino
también los ángeles de los hombres. Ángeles, es decir, enviados: son,
pues, los ángeles de Dios porque Él nos los envía para asistirnos,
son los ángeles de los hombres, porque nosotros los volvemos a enviar
para obtener su misericordia. Vienen a nosotros cargados con sus dones,
vuelven cargados con nuestros votos, descienden para conducirnos,
suben para llevar a Dios nuestros deseos y nuestras buenas obras.

                              (Bossuet, Sermón para la fiesta de los santos Ángeles Custodios)
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                Tiempo Ordinario, XXVI semana
Día 27. DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO.
San Vicente de Paúl, presbítero, Fundador de la Congregación
de la Misión (Paules), 1581-1660
Cat. La doctrina social de la Iglesia, n. 2419-2425

Día 28. lunes, semana XXVI
San Wenceslado I Rey de Bohemia, mártir, siglo X
Cat. La actividad económica y la justicia social, n. 2426-2436

Día 29. martes, Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael
Cat. Cristo “con todos sus ángeles”, n. 331-333

Día 30. miércoles, San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, siglo IV
Cat. Justicia y solidaridad entre las naciones, n. 2437-2442

Día 01. jueves, Santa Teresa del Niño Jesús, religiosa carmelita y
doctora de la Iglesia, siglo XIX
Cat. El amor a los pobres, n. 2443-2449

Día 02. Viernes, Santos Ángeles Custodios.
Cat. Vivir en la verdad, n. 2464-2470

Día 03. sábado, semana XXVI
San Francisco de Borja (Duque de Gandía) jesuita, siglo XVI
Cat. Las ofensas a la verdad, n. 2475-2487
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PEQUEÑOS GESTOS PARA PASAR DE SER UN SIMPLE
ESPECTADOR EN LA SANTA MISA A ENCONTRARTE DE
VERDAD CON CRISTO

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miércoles, 23 de septiembre de 2026

PEQUEÑOS GESTOS PARA PASAR DE SER UN SIMPLE ESPECTADOR EN LA
SANTA MISA A ENCONTRARTE DE VERDAD CON CRISTO

A veces nos descubrimos en el banco de la iglesia sintiendo que la Eucaristía transcurre ante nosotros sin tocar verdaderamente nuestro interior. Nos acercamos cada domingo —o incluso a diario— con el deseo sincero de rezar, pero las preocupaciones cotidianas, la inercia del día a día o el peso del cansancio van apagando lentamente nuestro asombro.

Conocemos las respuestas de memoria, nos sabemos los momentos, nos ponemos de pie, nos sentamos... y, sin darnos cuenta, nuestro corazón termina a kilómetros de distancia. El cansancio, las distracciones de la semana o la mera costumbre pueden hacer que vivamos la Santa Misa en "piloto automático".

Sin embargo, la Misa no es un espectáculo al que asistimos como espectadores distantes: es el centro vivo de nuestra fe, el instante sagrado en el que Jesús sale a nuestro encuentro para transformar nuestra vida.

Inspirándonos en las propuestas del apostolado New Fire, te traemos 5 acciones sencillas pero profundas para recuperar la atención, preparar el corazón y vivir cada Eucaristía con auténtica alegría y devoción:

1. No llegues «en frío»
La Misa empieza antes de cruzar la puerta del templo. Tómate cinco minutos en casa para leer las lecturas del día. Llegar conociendo la Palabra te permite escucharla no como un texto ajeno, sino como un mensaje directo de Dios para tu momento presente.

2. Descubre y quédate con tu «perla»
De todo lo que escuchas —las lecturas, el salmo, la homilía—, siempre hay una frase destinada a tu corazón. Identifícala, guárdala y llévatela como un tesoro para que te guíe e ilumine durante el resto de la semana.

3. Pon tu vida sobre el altar
En la presentación del pan y el vino, no te limites a mirar desde lejos. Ofrece en ese momento tus alegrías, tus esfuerzos, tus preocupaciones y a tu familia. Coloca tu día a día en el altar para que el Señor lo santifique

4. Reza también con tu cuerpo
· De pie: Expresa la disponibilidad y la dignidad de quien está listo para seguir al Señor.
· Sentado: Favorece la escucha atenta y la docilidad del discípulo.
· De rodillas: La mayor muestra de adoración, humildad y sobrecogimiento ante la presencia
      Real de Dios

                   (publicado por Comunicaciones de EWTN-España, el 17 septiembre 2026

domingo, 20 de septiembre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 20 al 26 septiembre 2026
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El nombre cristiano
       El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus actividades
con la señal de la cruz, “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén”. El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e
invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo
del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las
dificultades
.      (Catecismo de la Iglesia Católica, nº. 2157)
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               Tiempo Ordinario, XXV semana

Día 20. DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO.
Cat. La fecundidad del matrimonio, nº 2366-2372

Día 21. lunes, San Mateo, apóstol y evangelista, fiesta.
Cat. El Espíritu Santo, intérprete de la Escritura, nº 109-114

Día 22. martes, semana XXV
San Mauricio, de la Legión Tebana, mártir, siglo III
Cat. El don del hijo, nº 2373-2379

Día 23. miércoles, San Pío de Pietrelcina, capuchino, 1887-1968
Cat. El adulterio y el divorcio, nº 2380-2386

Día 24. jueves, semana XXV
Bienaventurada Virgen María de la Merced
Cat. Otras ofensas a la dignidad del matrimonio, nº 2387-2391

Día 25. viernes, semana XXV
San Cleofás, discípulo del Señor (Camino de Emaús)
Cat. El respeto de los bienes ajenos, nº 2407-2414

Día 26. sábado, semana XXV
Santos Cosme y Damián, mártires (Augusta Eufratense) siglo III
Cat. El respeto a la integridad de la creación, nº 2415-2418
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---Una propuesta de sociedad y de cada común que humanice
         la globalización, desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
--- Sobre la preciosa e ilustrativa
        Primera Carta de san Pablo a los Corintios

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jueves, 17 de septiembre de 2026

                  Una propuesta de sociedad y de casa común que humanice la
               globalización, desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

Los principios básicos de la Doctrina Social de la Iglesia, se pueden reseñan en tres grandes principios y una derivación de cuatro puntos del principio de solidaridad y bien común.

 a, Dignidad. La afirmación de la persona en su identidad y diferencia sexual. La radical dignidad de cada persona y la reciprocidad que surge de la diferencia expresan la conjunción inseparable de diferencia sexual, don de uno mismo y fecundidad.

 b, Subsidiaridad. La persona pensaba adecuadamente como sujeto se desvela como constituida originariamente por y para la comunión de persona. Desde este sentido, la alianza de los esposos engendra una morada en cada familia que se abre y relaciona en familia a de familias, constituyendo así un pueblo.

 c, Solidaridad, bien común. Estamos ante el reto de la transformación del estado del bienestar, tanto por razones externas -globalización y movimientos migratorios- como externas -envejecimiento y modificación de los sistemas de empleo con las sucesivas reformas laborales-. Este cambio exige el paso de una concepción individualista de la ciudadanía a una visión personal-comunitaria, con las siguientes convicciones par una búsqueda compartida de soluciones. 

Un sujeto relacional que no se cierre a los propios intereses y una antropología adecuada que ayude a reflexionar de nuevo a influya sobre la democracia y el papel del Estado.

§  La concepción del trabajo y del sujeto del trabajo -para y con los demás- desde la prioridad del trabajo sobre el capital, proclamada por Juan Pablo II en Laboren exercens.

§  La familia, abierta a la vida, sujeto central del nuevo sistema del bienestar en el que “los ciudadanos” adquieren una extraordinaria importancia.

§  Incorporar a los dos grandes protagonistas de la vida social: el Estado -que nos quiere votantes y el mercado -que nos quiere consumidores- un tercero: una sociedad que viva la amistad social. El orden justo puede apoyarse también en las tradiciones religiosas para proponer un proyecto de vida buena. Si no se respeta la justicia, ¿qué son los Estados sino grandes bandas de ladrones?, como dice san Agustín en la Ciudad de Dios, citado por Benedicto XVI en Caritas in veritate. 

                        (Conferencia Episcopal Española, El Dios fiel mantiene su alianza, (DT 7,9), p. 20-21)

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

 Sobre la preciosa e ilustrativa
                         Primera Carta de san Pablo a los Corintios
                          
 San Juan Crisóstomo (349-40), en su Homilía 32. Para él, Pablo rebaja la rivalidad que existía entre quienes poseían distintos carismas y conduce a todos hacia un don superior: la caridad. Los carismas son valiosos, pero sin el amor carecen de plena perfección.
      El “camino más excelente” como la virtud que da valor y unidad a todos los dones espirituales. Por eso Pablo pasa inmediatamente a decir: Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo caridad… 

San Agustín de Hipona (354-430) aunque no dejó un comentario a toda la Carta, cita frecuentemente este pasaje al hablar de la caridad como el don supremo del Espíritu Santo. Los carismas extraordinarios pueden darse tanto en los comienzos de la Iglesia como excepcionalmente después, pero lo que identifica siempre al cristiano perfecto es el amor.

San Ambrosio (340-372) señala que Pablo anima a buscar los dones más útiles para la edificación de la Iglesia, pero inmediatamente enseña que existe algo todavía mejor: la caridad, fundamento de todos los demás dones.

Teodoreto de Ciro (393-458) explica que Pablo no desprecia los carismas, sino que muestra una jerarquía: los dones son buenos, pero la caridad es superior porque beneficia a todo el cuerpo de la Iglesia y permanece para siempre. 
                                                                                                                                                                       
“Aspirar a los carismas mejores. Pero todavía os voy a mostrar un camino más excelente.
      Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tuviera caridad, sería como bronce que resuena o címbalo que retiñe.
      Y si tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviera tanta fe como para trasladar montañas, pero no tuviera caridad no sería nada.
      Y si repartiera todos los bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, pero no tuviera caridad, de nada me aprovecharía.
      La caridad es paciente, la caridad es benigna; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace con la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
      La caridad nunca acaba, Las profecías desaparecerán, las lenguas cesarán, la ciencia quedará anulada….
     Ahora permanecen la fe, la esperanza, la caridad: las tres virtudes. Pero de ellas la más grande es la caridad.” 
                                (San Pablo, 1ª Carta a los Corintios, capitulo 12,31 y capítulo 13,31)

                                                                        ++++++++++++++++++

 

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 13 al 19 septiembre 2026
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El nombre de María
      Con razón se la llama “María”, que quiere decir “iluminada”:
El Señor llenará tu alma de resplandores (Is 58,11), y significa,
además, “iluminadora de otros”, por referencia al mundo entero;
y se la compara a la luna y al sol
. (Santo Tomas, Sobre el Avemaría,1, c. 182)
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            Tiempo Ordinario, XXIV semana

Día 13. DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO.
San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia, siglo V
Cat. El Día del Señor, n. 2174-2179

Día 14. lunes, EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ, fiesta.
Cat. En la cruz, Jesús consuma su sacrificio, n. 615-618

Día 15. martes, Bienaventurada Virgen María de los Dolores.
Cat. El cuarto mandamiento, n. 2197-2200

Día 16. miércoles, semana XXIV
Santos Cornelio, papa y Cipriano, obispo, mártires, siglo III
Cat. El respeto de la vida humana, n. 2258-2262

Día 17. jueves, semana XXIV
San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia, 1542-1621
Cat. “Hombre y mujer los creó”, n. 2331-2336

Día 18. viernes, semana XXIV
Santa Adriana de Prymnesso, mártir, siglo I
Cat. La vocación a la castidad, n. 2337-2347

Día 19. sábado, semana XXIV
San Jenaro, obispo de Benevento, mártir, siglo III
Cat. El amor de los esposos, n. 2360-2365
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La Nueva Evangelización: Una visión común
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