El largo proceso de formación que siguieron los Evangelios ha hecho que las palabras y las acciones de Jesús lleguen hasta nosotros enriquecidas con la experiencia de los primeros cristianos. Su lectura es una fuente inagotable para la vida cristiana, si se tienen en cuenta algunos datos que han aparecido al estudiar el proceso de formación.
Tres claves para leer los Evangelios
A lo largo del proceso de su formación, la tradición evangélica ha sido adaptándose a las diversas circunstancias de las comunidades en que se recordaban las palabras y las acciones de Jesús. Los evangelistas trataron de ser fieles a la tradición recibida y a la situación que vivían sus comunidades. Por tanto, al leer un pasaje del evangelio debemos preguntarnos cómo lo entendieron los primeros cristianos en las diversas circunstancias. Esta continua reinterpretación de la tradición evangélica invita, además, a leer los evangelios desde la situación de nuestras propias comunidades.
Tres preguntas para leer los evangelios
a) ¿qué quiso decir el autor a sus discípulos?;
El primer nivel consiste en captar el
mensaje que el autor de cada evangelio quería transmitir a sus destinatarios.
Es muy frecuente descuidar este nivel de lectura, y olvidar que detrás de cada
evangelio está su autor dirigiéndose a una comunidad concreta. Lo más fácil es
meterse en el relato y olvidar a quien lo cuenta y a aquellos a quienes se lo
cuenta. Para descubrir el mensaje que el evangelista quería transmitir a sus
destinatarios tenemos que situarnos en la época en que cada autor redactó su
obra, conocer la situación de la comunidad a la que se dirigía, los temas en
los que insiste y la estructura que ha dado a su obra. Las introducciones a
cada evangelio ofrecen pistas para este primer nivel de lectura.
El segundo nivel de lectura responde a la
pregunta: ¿Qué hizo o dijo Jesús? Nunca debemos olvidar que los relatos y
enseñanzas que encontramos en los evangelios se han transmitido de palabra o
por escrito durante cuarenta años. El mejor criterio para leer los textos a
este segundo nivel es situar las palabras y acciones de Jesús en el contexto
cultural, social y religioso de Palestina en la primera mitad del siglo I d. C.
Finalmente, el tercer nivel trata de
descubrir el mensaje que la experiencia contenida en el texto evangélico tiene
para nosotros: ¿Qué nos dice hoy esta palabra o este hecho del evangelio? Es
una pregunta legítima que ya se hicieron los primeros cristianos, y es también
la pregunta con que los creyentes nos acercamos a los evangelios. Sin embargo,
es una pregunta que no debe responderse apresuradamente, sin tener en cuenta
los otros dos niveles de lectura, pues de otro modo correríamos el riesgo de
hacer una lectura demasiado subjetiva, y haríamos decir a los textos del
evangelio lo que en realidad no dicen. En este último nivel de lectura es
importante tener en cuenta cómo ha sido leído un texto concreto en la tradición
viva de la Iglesia.
(Varios
autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia,
séptima edición 1995, p. 23-24, cap. 8)
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