Unión con la Cabeza (Carta a los Efesios, 3-7, 9-10, 12-13)
Que nadie os engañe. Si alguien no está dentro del altar del sacrificio, carece del pan de Dios. Pues, si la oración de uno o dos tiene tal fuerza, ¡cuánto más la del obispo y la de toda la Iglesia!
No escuchéis a nadie más que al que os hable de Jesucristo en verdad. Pues algunos acostumbran a divulgar sobre Jesucristo con perverso engaño, y además hacen cosas indignas de Dios. A éstos es necesario que los evitéis lo mismo que a las fieras, pues son perros rabiosos que muerden a traición, de los cuales es necesario que os guardéis pues sus mordeduras son difíciles de curar. Hay un solo Médico corporal y espiritual, creado e increado, Dios hecho carne, vida verdadera en la muerte, nacido de María y de Dios, primero posible y, luego, impasible, Jesucristo Nuestro Señor.
Los rasgos del buen Pastor (Carta a Policarpo, 1-6)
Si alguno se siente capaz de permanecer en castidad para honrar la carne del Señor, que lo haga sin engreimiento. Si se llena de soberbia está perdido, y si se estimare en más que el obispo, está corrompido. Respeto a los que se casan, esposas y esposos, conviene que celebren su enlace con conocimiento del obispo, a fin de que las bodas se hagan conforme al Señor y no por solo deseo,. Que todo se haga para honra de Dios.
Atended al obispo, a fin de que Dios os atienda a vosotros. Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los presbíteros y a los diáconos. ¡Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a la parte de Dios! Trabajad unos junto a otros, luchad unidos, corred todos a una, sufrid, dormid, despertad todos a la vez, como administradores de Dios, como sus asistentes y servidores.
Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas
banderas militáis, y de quien habéis de
recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro
bautismo ha de ser como una armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una
lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de
caudales han de ser vuestras buenas obras, de las que reciberíes luego magníficos
intereses. Así, pues, sed largos de ánimo los unos con los otros, con
mansedumbre, como lo es Dios con vosotros.
(José Antonio Loarte, El tesoro de los Padre Selección de textos de los Santos Padres para el cristiano del tercer milenio, p.30.33, Ediciones Rialp, Madrid, 1998, apartado nº 10)
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