El Papa: Combatir la delincuencia y la falsedad que hieren a la sociedad
En su discurso, el Pontífice recordó que su Patrono, san
Ambrosio de Milán, encarna un excelente ejemplo de la convergencia entre el
Estado y la Iglesia, ya que de prefecto de aquella ciudad que fue capital del
Imperio, pasó a ser su obispo por aclamación popular. “Tras este rápido
tránsito, Ambrosio ejerció de manera nueva sus funciones públicas, poniendo al
servicio del pueblo la autoridad espiritual con la que había sido investido”,
señaló.
Especialmente nuestro tiempo, marcado por conflictos y tensiones
internacionales, pone de relieve la importancia de proteger el bien común, que
no puede reducirse a aspectos materiales, pues concierne ante todo al
patrimonio moral y espiritual de la República Italiana. Estos valores
encuentran en la convivencia civil la mejor condición para difundirse y
progresar.
Al velar por la concordia social – añadió el Papa – el
Prefecto contribuye a salvaguardar el presupuesto irrenunciable de la libertad
y de los derechos de los ciudadanos. Toda la población se beneficia de este
servicio, especialmente los sectores más débiles: los pobres encuentran
más fácilmente acogida, los ancianos experimentan mayor tranquilidad y mejoran
los servicios destinados a las familias, a los enfermos y a los jóvenes.
A este respecto, deseo que su autoridad contribuya a mejorar el
rostro de la burocracia, cooperando para hacer cada vez más virtuoso el cuidado
de la sociedad. Especialmente en situaciones de emergencia, ante calamidades o
peligros, su función permite expresar en el más alto grado los valores de
solidaridad, valentía y justicia que honran a la República Italiana.
“Al cultivar un estilo de ciudadanía consciente, honesta y
activa, sepan que pueden contar siempre con la colaboración y el respeto de la
Iglesia” les dijo el Papa antes de finalizar su discurso.
Las relaciones constructivas que mantienen con los obispos
diocesanos favorecen, en particular, la acogida de los migrantes y las
múltiples formas de apoyo a los necesitados que nos ven trabajar juntos en
primera línea, así como la gestión de otras cuestiones prácticas, como por
ejemplo las fábricas eclesiásticas. La fe de la comunidad cristiana y los
valores religiosos que encarna contribuyen así al crecimiento cultural y social
de Italia.