jueves, 19 de marzo de 2026

                 San José: el brillo de ser y estar

San José no brilló haciendo ruido, sino entregándose de verdad: ¿y si la felicidad que buscas está más en darte que en destacar? En medio de la incertidumbre, él confió en Dios… ¿te atreves tú a soltar el control y dejarle guiar la historia.

     "La mayor alegría reside en darse."

Sereno, joven, sonriente, prudente, fiel, audaz, auténtico. Quizá estos podrían ser algunos de los adjetivos con los que describir a San José. Un padre que brilló de forma oculta, siendo y estando. Con su presencia, cuidó a Santa María en tantos momentos de incertidumbre y veló siempre para poder darle, tanto a ella como al Niño lo mejor que tenía. Darle no precisamente todas cosas materiales, pero sí su tiempo, su cariño, su honra, su esfuerzo atento. Al fin y al cabo, su propia vida. Desde su discreta sabiduría descubrió que la mayor alegría reside en darse y por eso, aunque a veces pudiera costarle, halló una vida plena, feliz. Una vida lograda, poniendo cada uno de los dones que había recibido de Dios al servicio de su misión ¿no es acaso esto algo apasionante?

Se puede pasar por la vida de muchas maneras. Y quizá leyendo estas líneas, vengan a tu memoria rostros de personas que aparecen en tus días sin hacer ruido, sin colgarse medallas, sin querer ser protagonistas de ella, sin narrar sus méritos. Sin embargo, aún no buscándolo, dejan en tu memoria un rastro difícil de olvidar. Un ejemplo cuyo brillo reside sencillamente en haber sido y estado cuando más lo necesitabas y también cuando pensabas que no era necesario. ¿Podría ser San José una de ellas? Aunque no lo escuchemos hablar en los Evangelios, no se le atribuya ninguna frase directa o no protagonice ningún milagro visible, el brillo de su persona reside en haber sido y ser un fiel reflejo de Dios. En haber encontrado un gran tesoro: la alegría de anteponer las necesidades de los demás a sus propios gustos, caprichos o inclinaciones. En saberse buen hijo para poder ser así buen padre, hermano, amigo. En ser maestro de Jesús en tantas cosas, no desde la prepotencia, sino desde la admiración.

Hoy en día disponemos a nuestro alcance información de casi todo y además de forma inmediata, en tan solo un clic. Los jóvenes anhelamos certezas rápidas a nuestras preguntas. Normalmente nos gusta la inmediatez, la seguridad, la eficiencia, huir de una soledad en la que el yo que menos nos gusta pueda aparecer de forma más nítida… Quizá estas sean algunas de las razones por las que en este tiempo pueda resultar más difícil no inquietarse o frustrarse ante la incertidumbre. Ante esto, San José nos da ejemplo de que la mayor seguridad que podemos tener es seguir los planes que Dios tiene para cada uno de nosotros. Pues es ahí donde encontramos la serenidad que da la confianza en quien te ha creado y te conoce muy bien.

San José se embarcó en una aventura en la que dudaría alguna vez de sí mismo. Un camino donde sentiría angustia, pero en el que si de algo no se cuestionó nunca fue de la compañía, de que no estaría solo a lo largo del trayecto. Y precisamente en esa confianza elegida fue donde encontró su mayor fuerza. Descubrió la razón más profunda de su existencia: la conquista de la libertad en la entrega. Una entrega feliz en sentido amplio que incluía sus deseos y también cada una de sus decisiones ¿te pasa que sientes miedo cuando no tienes un manual de instrucciones o no sabes a dónde dirigir tus pasos? ¿Tiendes a huir de aquellas realidades que puedan ser más incómodas o que suponen salir de tu zona de confort?

      "No fue perfecto, pero su fragilidad no fue impedimento para soñar en grande"
San José soñó en grande. Su vida fue grande porque dejó que en sus sueños entrara Dios, entregando su manual de instrucciones para que fuese el de arriba quien guiara cada uno de sus pasos. Y bajando el volumen de sus sentidos, dejó espacio en su corazón para escucharle y encontrar respuestas a muchas de sus incógnitas. Emprendió la empresa más rentable de su vida: elegir amar con mayúsculas. Ser y estar con Jesús, en el taller, en sus primeros pasos, en sus primeras veces… No fue perfecto, pero su fragilidad no fue impedimento para soñar en grande descubriendo en la vulnerabilidad no un límite sino una oportunidad de ejercer aquello que más le caracterizó: la confianza. La obediencia ciega de quien se sabe en buenas manos. En las manos de un padre que nos cuida, que no concibe que pase nada sin que Él no lo permita, que esboza una sonrisa cada vez que rectificamos y que conoce que todo es bueno, aunque nuestros ojos en ocasiones no lo perciban.

San José fue y es ejemplo. Patrono de la Iglesia, silencioso, atractivo, valiente, trabajador. Bastarían apenas unos minutos a su lado para darse cuenta de estar con alguien con un corazón enorme. San Josemaría solía referirse a Él como “Nuestro Padre y Señor” y tenía costumbre de invocarlo antes y después de cada rato de oración. Podemos decir de San José que fue maestro y ejemplo de muchas cosas y entre ellas, de una muy importante: vida interior. Por ello, podemos pedirle ayuda para ser piadosos y encontrar cada día en nuestro trabajo y misión el sentido de nuestra existencia. Él lo encontró e intentó actualizar ese amor cada uno de sus días.

Seguro que viéndonos y escuchándonos ahora desde el cielo con su mirada atenta y comprensiva piensa que no es para tanto, que prefiere pasar desapercibido. Nosotros sabemos que no importa porque lo que sí que le gustará oír es que el mérito no estuvo en lo que hizo sino en lo que dejó hacer a Dios con su propia vida. Poniendo su vida al servicio de su misión fue feliz, hizo feliz y logró traslucir el brillo de Dios siendo y estando.

Youth – Opus Dei, jueves 19 de marzo 2026

Por qué el aborto no puede ser un derecho

En ningún caso se trata de un debate entre católicos y agnósticos, creyentes y ateos, sino entre defensores o no de la vida humana y su dignidad Ignacio Sánchez Cámara, El Debate, 01.03.2026

El Consejo de Estado ha emitido un dictamen favorable a la pretensión del Gobierno de incluir en la Constitución el derecho al aborto. Se trataría de añadir al actual artículo 43 el siguiente párrafo: «Se reconoce el derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo. El ejercicio de este derecho, en todo caso, será garantizado por los poderes públicos asegurando su prestación en condiciones de igualdad efectiva, así como la protección de los derechos fundamentales de las mujeres». Traducido al lenguaje natural, no eufemístico, significa que las mujeres tienen derecho al aborto, es decir, a que eliminen la vida del embrión que vive en su seno. No puede faltar el socorrido gerundio ni la sutil distinción entre igualdad efectiva y no efectiva. Esto significa el reconocimiento de unas extrañas igualdades no efectivas.

El artículo 43 se encuentra en el capítulo tercero del título I de la Constitución, «De los principios rectores de la política social y económica», y no en el capítulo segundo «Derechos y libertades». ¿Por qué si se trata de reconocer un «nuevo derecho»? El párrafo incorporado debería estar en el capítulo segundo. El problema es que, de hacerlo así, como es debido, sería necesario para su aprobación, además de la mayoría de dos tercios de las Cámaras, la disolución de las Cortes. Para el Gobierno, la muerte del embrión por decisión de la madre es un principio rector de la política social y económica. Por lo tanto, no es un genuino derecho. El Ejecutivo, en su extravío jurídico, podría estar dando lugar al curioso caso de una reforma inconstitucional de la Constitución. Los derechos reconocidos en el capítulo tercero no lo son en sentido estricto.

Lo fundamental es que el aborto no puede ser considerado como un derecho. ¿Es el embrión un ser vivo perteneciente a la especie humana? Sí. ¿Es entonces un ser humano? Sí. ¿Mediante el aborto voluntario se le quita intencionadamente la vida? Sí. ¿Quitar la vida es matar? Sí. ¿Con independencia del grado de desarrollo, maduración o estado de la víctima? Sí. Matar se convierte así en un derecho constitucional. Pero no puede existir un derecho a matar. Puede ser lícito en ocasiones, pero no un derecho.

El Gobierno habla de «avance». No sé hacia dónde. Quizá hacia la degradación jurídica y moral. Suelo repetirlo: según Julián Marías, los dos mayores errores morales de nuestro tiempo son la aceptación social del aborto y la generalización del consumo de drogas. Y pienso que aún mayor es el primero. El hambre y la miseria, la violación y, en general, la violencia contra las mujeres, el terrorismo, la guerra injusta, el maltrato y la explotación infantil, la corrupción y el robo y tantos otros crímenes no son peores porque se perciben, en general, como errores morales, mientras que el aborto se considera como algo correcto, incluso debido, un derecho. Alrededor de uno de cada cuatro embarazos en España terminan en aborto voluntario.

En solo cuatro décadas, el aborto ha pasado de ser un delito a ser un derecho. No cabe más radical transformación. La legislación socialista de Felipe González, como se recordará, mantuvo el aborto como un delito y la pena no se imponía en unos supuestos concretos. Pero en esos casos no era un derecho, sino un delito al que no se le aplicaba la pena. Incluso, cabría considerarlo (aunque no es lo mejor) como una conducta lícita, permitida. Ahora, si se configura como derecho se trata de algo que va más allá de lo lícito y que compromete a toda la sociedad y que toda mujer puede reclamar incluso apelando a la fuerza del Estado. Pero ¿saben nuestros gobernantes lo que es realmente tener un derecho?

En cualquier caso, la configuración como derecho entrañaría la total desprotección jurídica de la vida embrionaria y, por lo tanto, la vulneración de la doctrina del Tribunal Constitucional. Pero ya sabemos cómo anda el órgano garante de la constitucionalidad. Por lo demás, el Gobierno no consigue una mayor «protección» del aborto, ya que se podría modificar en el futuro por el mismo procedimiento. Cabe quizá confiar en la costumbre del Ejecutivo de perder votaciones en las Cortes.

En ningún caso, se trata de un debate entre católicos y agnósticos, creyentes y ateos, sino entre defensores o no de la vida humana y su dignidad.

 

domingo, 15 de marzo de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 15 al 21 de marzo 2026
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El Sacramento del Bautismo
    El Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios… lo llamamos 
don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de generación, 
sello y todo lo más precioso que hay. Don porque es conferido a los que no aportan 
nada, gracia, porque, es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es
sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real (tales son los que son ungidos); 
iluminación, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; 
baño, porque lava; sello porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios.
                                                         (San Gregorio Nacianceno, Or. 40, 3-4)
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                Tiempo de Cuaresma
Día 15. DOMINGO IV de Cuaresma.
Cat. Jesús, el Señor, n. 446-451

Día.16. lunes de la cuarta semana.
Cat. Es necesario que Cristo padeciera, n. 571-573

Día 17. martes de la cuarta semana.
Cat. Jesús e Israel, n. 574-576

Día 18. miércoles de la cuarta semana.
Cat. Jesús y la Ley, n. 577-582

Día 19. jueves, San José, Esposo de la Bienaventurada
Virgen María, solemnidad.
Cat. Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo, n. 496-501

Día 20. viernes de la cuarta semana.
Abstinencia
Cat. Jesús y el Templo (I), n. 583-584

Día 21. sábado de la cuarta semana.
Cat. Jesús y el Templo (II), n. 585-586

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Interesante, divertido y agradecidas “pistas” para la formación y la
vida cristiana, es el vídeo Médico de almas,para ver y también sugerir:
https://share.google/GswbRYGhZHuczT4z4   en móvil o tableta

domingo, 8 de marzo de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 8 al 14 de marzo 2026
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   La virtud es una fuerza dinámica, como sugiere la palabra latina de la que procede, 
virtus, que significa “fuerza o “poder”. Cada virtud, cuando se practica habitualmente, 
mejor progresivamente nuestra capacidad de actuar:
-Prudencia: tomar buenas decisiones.
-Fortaleza: mantener el rumbo, y resistir a cualquier tipo de presiones.
-Dominio de sí: sujetas las pasiones al espíritu y dirigirlas hacia la  realización de 
nuestra misión.
-Justicia: dar a cada uno lo suyo y entrar en el corazón de los demás.
-Magnanimidad: responder a la propia vocación, realiza la propia misión, fijar 
objetivos personales elevados para uno mismo y para los demás.
-Humildad: superar el propio ego y servir a los demás de manera habitual.
                                     (Alexandre Havard, Liderazgo virtuoso, p. 25, Ediciones Palabra)
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            Tiempo de Cuaresma
Día 08. DOMINGO III de Cuaresma.
Cat. Los signos del Reino de Dios, n. 547-550

Día. 09.lunes de la tercera semana.
Cat. La justificación (I), n. 1987-1991

Día 10. martes de la tercera semana.
Cat. La justificación (II), n. 1992-1995

Día 11. miércoles de la tercera semana.
Cat. La gracia (I), n. 1996-2000

Día 12. jueves de la tercera semana.
Cat. La gracia (II), n. 2001-2003

Día 13. viernes de la tercera semana.
Abstinencia
Cat. La gracia (III), n. 2004-2005

Día 14. sábado de la tercera semana.
Cat. La santidad cristiana, n. 2012-2016
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PATRÍSTICA – PATROLOGÍA, apartado 4
-Por qué conocer a los Padres
-Testigos privilegiados de la Tradición
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         https://ramonbertand.blogspot.com

jueves, 5 de marzo de 2026

                          PATRÍSTICA – PATROLOGÍA

Por qué conocer a los Padres
     ¿Por qué es tan importante, en el momento actual, el conocimiento de los escritos de los Padres? Hace pocos años, un documento de la Santa Sede intentaba responder a esta cuestión. Se dan en esas páginas tres razones: 1) Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición de la Iglesia. 2) Los Padres nos han transmitido un método teológico que es a la vez luminoso y seguro. 3) Los escritos de los Padre ofrecen una riqueza cultural y apostólica, que hace de ellos los grandes maestros de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre (1). El análisis de estas afirmaciones puede servirnos para ilustrar cómo los escritos de estos autores constituyen un verdadero tesoro de la Iglesia; un tesoro cuyo conocimiento y disfrute no debería quedar reservado a unos pocos, ya que es patrimonio de todos los cristianos.

       La doctrina predicada por Jesucristo, Palabra de Dios dirigida a los hombres, fue consignada por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo y entregada a la Iglesia. La Sagrada Escritura es, por eso, un Libro de la Iglesia: sólo en la Iglesia, a la luz de una Tradición que se remonta al mismo Cristo, puede ser adecuadamente entendida y transmitida a las generaciones posteriores.

 Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición

      Los Santos Padres nos transmiten, con sus comentarios y escritos, la doctrina viva que predicó Jesucristo, transmitida sin interrupción por los Apóstoles a sus sucesores, los obispos. Por su cercanía a aquel tiempo, el testimonio de los Padres goza de especial valor.

      Habitualmente se considera que su época abarca los siete primeros siglos de la Era Cristiana. Naturalmente, cuanto más antiguo sea un Padre más autorizado será su testimonio, siempre que su doctrina resulte concorde con lo que Jesucristo reveló a la Iglesia, y su conducta haya estado en sintonía con sus enseñanzas.

      Ortodoxia de doctrina y santidad de vida constituyen, pues, notas distintivas de los Padres. Algunos -no muchos en relación al total- han sido formalmente declarados tales por la Iglesia, al ser citados con honor por algún Concilio o en otros documentos oficiales del Magisterio eclesiástico. La mayoría, sin embargo, no han recibido esa aprobación explícita; el sólo hecho de su antigüedad, unida a la santidad de su vida y a la rectitud de sus escritos, basta para hacerles merecedores del título de “Padres” de la Iglesia.

 (1) Congregación para la enseñanza católica. Instrucción sobre los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal, 30-XI-1989                               (José Antonio Loarte, El tesoro de los Padres, p.15-16, apartado nº 4)

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domingo, 1 de marzo de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 1 al 7 de marzo 2026
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La aportación personal
     El mundo, que es como el teatro de la historia del género humano, 
lleva las marcas de su habilidad, de sus derrotas y victorias. Aunque 
mancillado por el pecado del hombre, ha sido liberado por Cristo 
crucificado y resucitado, y espera llegar, contando también con el 
compromiso humano a su pleno cumplimiento.
                                     (Mariano Fazio, Transformar el mundo desde dentro, p. 30)
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                  Tiempo de Cuaresma
Día 01. DOMINGO II de Cuaresma.
Cat. La Transfiguración en la montaña, n. 554-556

Día. 02.lunes de la segunda semana.
Cat. La diversidad de pecados, n. 1852-1853

Día 03. martes de la segunda semana.
Cat. La gravedad del pecado (I), n. 1854-1860

Día 04. miércoles de la segunda semana.
Cat. La gravedad del pecado (II), n. 1861-1864

Día 05. jueves de la segunda semana.
Cat. La proliferación del pecado, n. 1865-1869

Día 06. viernes de la segunda semana.
Abstinencia
Cat. “El Reino de Dios está cerca”, n. 541-542
 
Día 07. sábado de la segunda semana.
Cat. El anuncio del Reino de Dios, n. 543-546
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9 IDEAS SOBRE LA PENITENCIA
     Una guía para confesarse mejor,
libro 2ª edición
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https://ramonbertand.blogspot.com

 

viernes, 27 de febrero de 2026

9 IDEAS SOBRE LA PENITENCIA
UNA GUÍA PARA CONFESARSE MEJOR

 Autores: Vicente Huerta Solá y Pedro Luis Narváez del Castaño

Prólogo de Mons. Don José Ignacio Munilla, 2ª edición.
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Cuestiones previas. La Penitencia es ante todo un acto de Dios, que lleva siempre la iniciativa en el amor, poniendo en nuestro corazón un deseo de perdón y de una conversión cada vezmás auténtica.

      La Penitencia es también un acto de la Iglesia, que tiene la misión de guiar nuestros pasos hacia Dios y que facilita nuestra reconciliación con el Padre Misericordioso, mediante la acción de Cristo, siempre presente en la Iglesia.

      La Penitencia es un acto personal del cristiano, que acoge el don de Dios entrando así por caminos de fe, esperanza y caridad, rechazando el mal cometido y decidiendo cambiar con la ayuda de la gracia.

      La Penitencia es un encuentro personal con Dios. Sólo Dios puede salvarnos del pecado. Jesucristo nos invita a compartir su vida llamándonos a la santidad. Esta es la grandeza de nuestra vocación.                           Desarrollo de las 9 Ideas

1, Acerca de la Penitencia / 2, La Parábola del hijo pródigo /

3, Motivos para confesarse / 4, Pecado y dolor /
5, Examen de conciencia / 6, La conversión /
7, Sinceridad / 8, Alegría / 9 Rito de la penitencia

 “Miguel Ángel veía ya en el bloque de piedra que tenía delante la imagen que ocultamente esperaba ser liberada y salir a la luz. El cometido del artista era, según él, quitar lo que sobra. Todos necesitamos del nuevo escultor que elimine lo que “sobra”, todos necesitamos el perdón de los pecados”. (Cardenal Ratzinger)

 “Cuando la gente me pregunta ¿Por qué te uniste a la Iglesia de Roma?, la primera respuesta esencial, aunque sea en parte incompleta es: “para librarme de mis pecados”. Porque no hay ningún otro sistema religioso que declare verdaderamente que libre a la gente de los pecados. El sacramento de la penitencia da una vida nueva y reconcilia al hombre con todo lo que vive: pero no como lo hacen los optimistas y los predicadores paganos de la felicidad. El don viene dado a un precio y condicionado a la confesión. He encontrado una religión que osa descender conmigo a las profundidades de mí mismo”. (Chesterton)

 ISBN 978-84-612-1763-2     tamaño 17 x 9 cm. cosillo, 83 p.