TRINIDAD: ALEGRÍA POR EL DIOS CERCANO
Queridos amigos:
La fiesta de la Santísima Trinidad es
diferente a todas las otras fiestas del año litúrgico. En las otras fiestas
hacemos memoria de los acontecimientos de la historia de Dios con nosotros,
repetimos casi el curso de la historia. Comenzamos con los milenios de espera
del Señor, del Salvador, después llegamos a la Navidad, al nacimiento del
Señor, hasta el Misterio Pascual y Pentecostés, al don del Espíritu Santo, al
comienzo de la Iglesia. Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, no celebramos un
acontecimiento, un hecho de Dios para con nosotros, sino simplemente la fuente
de todo, Dios mismo: es la fiesta de la alegría de Dios.
El contenido de la fiesta se expresa bien
en estas palabras del “Gloria”: Gratias agimus tibi propter magnam gloriam
tuam”. Te damos gracias por tu belleza, por ti. Alegría porque Dios existe,
porque nos conoce, porque nosotros conocemos a Dios, Así como la belleza de las
montañas, la majestuosidad del mar, la belleza de un árbol en flor nos dan alegría,
sin que queramos tener nada a cambio, porque en la experiencia de la belleza
hay siempre una alegría en sí misma; así también Dios es alegría, y es alegría
ver que existe, y no queremos nada más que dar gracias por su Belleza, por su Bondad,
por su Amor.
La investigación de la historia de las
religiones ha llevado a un resultado -me parece- inesperado: la novedad de la
religión bíblica no es el monoteísmo como tal. La investigación ha demostrado
que todas las religiones -al menos las arcaicas, que tienen que ver con muchos
demonios, divinidades, etc.- saben que todas estas divinidades no son Dios,
sino que solo hay un Dios, saben que hay un Dios que el es el Dios único, y que
todos los otros no son Dios, son divinidades, son poderes con los que el hombre
debe ajustar cuentas.
Este Dios es conocido y, sin embargo,
también desconocido: este Ser divino superior al conocido no es adorado, no hay
culto para él. El motivo es simple: este Dios -se piensa- no se interesa por nosotros,
es demasiado grande, es Dios, pero no nos gobierna, es demasiado grande
para interesarse por nosotros, y no podemos hablar con él; y, sobre todo, este
Dios es bueno, por lo que no se le tiene miedo, no es necesario reconciliarle
con nosotros y obtener su favor. Por consiguiente, este Dios permanece sin
culto y, aunque conocido, sigue siendo un Dios ignorado, demasiado lejano,
demasiado grande para nosotros. La vida real, en cambio, tiene que ver con los
poderes presentes, con las fuerzas de este y aquel demonio, y así surgen los
sistemas de culto, y también de brujería, etc., para intentar defenderse contra
esos poderes. La vida está llena de esos seres, que amenazan también la vida
del hombre.
La novedad de la revelación bíblica es
que Dios, ese Dios tan distante, tan silencioso, nos conoce, y que el Dios
lejano se hace Dios cercano: el Dios verdadero no es un Dios ausente, un ser
demasiado grande y superior, sino que tiene un rostro, una voz y habla, se
convierte en el Dios cercano (cf. Dr 4,7). Así, todo es diferente, ya no hay
necesidad de ajustar cuentas, ni siquiera de adorar a estos poderes del mundo,
porque él es el poder y tiene el poder, él, que es el Dios verdadero.
Pensemos en Abrahán: cuando la Escritura habla de él no encontramos una gran filosofía sobre el monoteísmo o el politeísmo, pero hay algo muy importante; este Dios tan cercano, que habla con Abrahán, le guía, es su amigo (cf. Is 41,8) y es al mismo tiempo el Dios que puede hablar en Mesopotamia, llamarle para ir a Tierra Santa, puede protegerle en Egipto. Es decir, es un Dios que no depende de este o aquel lugar, sino un Dios que es persona, que trabaja con personas, que se hace amigo de personas y así entra en la historia y sigue siendo, no obstante, Dios, que es Dios en todas partes y no solo en un lugar determinado. Dios está cerca: el Dios verdadero se crea amigos, se crea un pueblo para entrar realmente en la vida del mundo, en nuestra vida. (continúa)
(15.06.2014) Capilla
privada, Monasterio Mater Ecclesiae, Santísima Trinidad. Publicado por
Ediciones