domingo, 11 de octubre de 2026

PATRÍSTICA – PATROLOGÍA
San Clemente Romano, apartado nº. 8

 Santidad, fe y obras (Epístola a los Corintios, 30-34)

      Acerquémonos al Señor en santidad de alma, con las manos puras y limpias levantadas hacia Él, amando al que es nuestro Padre clemente y misericordioso, que nos escogió como porción de su heredad. Porque así está escrito: cuando el Altísimo dividió las naciones, y dispersó a los hijos de Adán, delimitó las gentes según el número de los ángeles de Dios: mas la porción del Señor es el pueblo de Jacob; la porción de su herencia, Israel (Dt 32,8-9). Y en otro lugar, la Escritura dice: he aquí que el Señor toma para sí un pueblo de entre los pueblos, como recoge un hombre las primicias de su era; y de este pueblo surgirá el Santo de los Santos (Dt 4,34). 

      Somos una porción santa: practiquemos obras de santidad. Evitemos la calumnia, la impureza, la embriaguez y el afán de novedades, la abominable codicia, el odioso adulterio, la detestable soberbia: Dios -dice la Escritura- resiste a los soberbios, pero a los humildes da su gracia (Sant 4,6).

      Nuestra alabanza ha de venir de Dios, y no de nosotros mismos, pues Dios detesta a los que a sí mismos se enaltecen. Que los demás den testimonio de nuestras buenas obras, como se ha dado de nuestros padres, varones justos. Dios maldice el descaro, la arrogancia y la temeridad; mientras la modestia, la humildad y la mansedumbre brillan en los bendecidos por el Señor.

      El buen trabajador toma con libertad el pan de su labor, mientras el perezoso y holgazán no se atreve a mirar el rostro de su amo. Por tanto, seamos prontos y diligentes en las buenas obras, ya que del Señor nos viene todo. Él mismo nos lo ha dicho: he aquí el Señor, y su recompensa delante de su faz, para dar a cada uno según su trabajo (Is 40,10). Con ello, nos exhorta a que pongamos en Él nuestra fe, con todo nuestro corazón, y a que no seamos perezosos ni negligente en ningún genero de obras buenas. 

Miembros de un mismo Cuerpo (Epístolas a los Corintios, 37-38, 42, 44, 46-47, 56)

      Así pues, hermanos, marchemos como soldados, con toda constancia en sus inmaculados mandatos. Reflexionemos sobre los que militan bajo nuestros jefes: ¡qué disciplinada, ¡qué dócil, que obedientemente cumplen las órdenes! No todos son perfectos ni tribunos, ni centuriones, ni comandantes al mando de cincuenta hombres, y así sucesivamente, sino que cada uno en su propio orden cumple lo ordenado por el rey y los jefes. Sin los pequeños, los grandes no pueden existir, ni los pequeños sin los grandes. En todo hay una cierta composición, y en ello está la utilidad. Tomemos nuestro cuerpo: la cabeza es nada sin los pies y, de igual manera, los pies sin la cabeza.

      Por tanto, conserve nuestro cuerpo en Cristo Jesús, y sométase cada uno a su prójimo tal como fue establecido por su gracia. El fuerte cuida del débil, y el débil respeta al fuerte; el rico provea al pobre, y el pobre dé gracias a Dios por haber dispuesto que alguien se encargue de suplir su necesidad. El sabio muestre su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras.

      ¿Por qué hay entre vosotros discordias, iras, disensiones, cismas y guerra? ¿Acaso no tenemos un único Dios, un único Cristo, un mismo Espíritu de gracia que ha sido derramado sobre nosotros y una única llamada en Cristo? Recordad las palabras de Jesús Nuestro Señor. Pues dijo: ¡ay de aquel hombre! Mejor sería para él no haber nacido que escandalizar a uno de mis elegidos: Mejor sería para él ceñirse una piedra de molino y hundirse en el mar que extraviar a uno de mis elegidos (cfr. Mt 26,25; Lc 17,1.2). Vuestro cisma extravió a muchos, empujó a muchos al desaliento, a muchos a la duda, a todos nosotros a la tristeza, y vuestra revuelta es tenaz.

(José Antonio Loarte, El tesoro de los Padres / Selección de textos de los Santos Padres para el cristiano del tercer milenio, p.24-27, Ediciones Rialp, Madrid, 1998, apartado nº 8) 

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Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 11 al 17 octubre 2026
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Santo Rosario
     Hay un vínculo muy estrecho entre el Ángelus y el Rosario,
oraciones, una y otra, eminentemente cristológicas y, al mismo
tiempo, marianas: efectivamente, nos hacen contemplar y
profundizar los misterios de la historia de la salvación, en los que
María está íntimamente unida a su Hijo Jesús. Y en este santuario
resuena perennemente el Rosario, la oración mariana sencilla,
humilde -pero no por eso menos rica de contenidos bíblicos y
teológicos- y tan querida, en su larga historia para los fieles de toda
clase y condición, unidos en la profesión de fe en Cristo, muerto y
resucitado por nuestra salvación.

                                          (Juan Pablo II, Homilía en Pompeya, 21, octubre 1979)
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              Tiempo Ordinario, XXVIII semana
Día 11. DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO.
Cat. “Quiero ver a Dios”, n. 2548-2550

Día 12. lunes, Bienaventurada Virgen María del Pilar, fiesta
Cat. María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, n. 963-965

Día 13. martes de la semana XXVIII
San Eduardo III, Rey de Inglaterra, siglo XVI
Cat. “Creo en la santa Iglesia católica”, n. 748-750

Día 14. miércoles de la semana XXVIII
San Calixto I, Papa, siglos II-III
Cat. Los nombres y las imágenes de la Iglesia, n. 751-752

Día 15. jueves, Santa Teresa de Jesús, carmelita y fundadora de quince 
Carmelos y doctora de la Iglesia, fiesta, siglo XVI
Cat. Consecuencias de la fe en el Dios único, n. 222-227

Día 16. viernes de la semana XXVIII
Santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Orden de la
Visitación de la Virgen María, siglo XVII
Cat. Los símbolos de la Iglesia, n. 753-757

Día 17. sábado, semana XXVIII
San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, siglo I
Cat. Origen, fundación y misión de la Iglesia, n. 758-762
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Comentarios al Nuevo Testamento
    La lectura de los Evangelios
, capítulo 9
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viernes, 9 de octubre de 2026

Comentarios al Nuevo Testamento
La lectura de los Evangelios
Santiago Guijarro Oporto, capítulo 9

El largo proceso de formación que siguieron los Evangelios ha hecho que las palabras y las acciones de Jesús lleguen hasta nosotros enriquecidas con la experiencia de los primeros cristianos. Su lectura es una fuente inagotable para la vida cristiana, si se tienen en cuenta algunos datos que han aparecido al estudiar el proceso de formación.

Tres claves para leer los Evangelios

En primer lugar, es importante tener en cuenta que los evangelios son relatos. Su carácter narrativo no es casual, sino que tiene la intención de vincular las enseñanzas y el misterio de Jesús a la historia. Por eso, una lectura de pasajes aislados del evangelio que desconecte de la historia, o de su contexto narrativo, las enseñanzas de Jesús, no es una lectura completa.

      A lo largo del proceso de su formación, la tradición evangélica ha sido adaptándose a las diversas circunstancias de las comunidades en que se recordaban las palabras y las acciones de Jesús. Los evangelistas trataron de ser fieles a la tradición recibida y a la situación que vivían sus comunidades. Por tanto, al leer un pasaje del evangelio debemos preguntarnos cómo lo entendieron los primeros cristianos en las diversas circunstancias. Esta continua reinterpretación de la tradición evangélica invita, además, a leer los evangelios desde la situación de nuestras propias comunidades.

Tres preguntas para leer los evangelios

      Para que la lectura de los evangelios nos revele toda su riqueza hemos de hacernos tres preguntas, que corresponden a tres niveles de lectura:

    a)     ¿qué quiso decir el autor a sus discípulos?;
    b)    ¿qué hizo o dijo Jesús?;
    c)     ¿qué nos dice a nosotros hoy la experiencia de fe reflejada en este texto?

      El primer nivel consiste en captar el mensaje que el autor de cada evangelio quería transmitir a sus destinatarios. Es muy frecuente descuidar este nivel de lectura, y olvidar que detrás de cada evangelio está su autor dirigiéndose a una comunidad concreta. Lo más fácil es meterse en el relato y olvidar a quien lo cuenta y a aquellos a quienes se lo cuenta. Para descubrir el mensaje que el evangelista quería transmitir a sus destinatarios tenemos que situarnos en la época en que cada autor redactó su obra, conocer la situación de la comunidad a la que se dirigía, los temas en los que insiste y la estructura que ha dado a su obra. Las introducciones a cada evangelio ofrecen pistas para este primer nivel de lectura.

      El segundo nivel de lectura responde a la pregunta: ¿Qué hizo o dijo Jesús? Nunca debemos olvidar que los relatos y enseñanzas que encontramos en los evangelios se han transmitido de palabra o por escrito durante cuarenta años. El mejor criterio para leer los textos a este segundo nivel es situar las palabras y acciones de Jesús en el contexto cultural, social y religioso de Palestina en la primera mitad del siglo I d. C.

      Finalmente, el tercer nivel trata de descubrir el mensaje que la experiencia contenida en el texto evangélico tiene para nosotros: ¿Qué nos dice hoy esta palabra o este hecho del evangelio? Es una pregunta legítima que ya se hicieron los primeros cristianos, y es también la pregunta con que los creyentes nos acercamos a los evangelios. Sin embargo, es una pregunta que no debe responderse apresuradamente, sin tener en cuenta los otros dos niveles de lectura, pues de otro modo correríamos el riesgo de hacer una lectura demasiado subjetiva, y haríamos decir a los textos del evangelio lo que en realidad no dicen. En este último nivel de lectura es importante tener en cuenta cómo ha sido leído un texto concreto en la tradición viva de la Iglesia.

             (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p. 23-24, cap. 8)

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domingo, 4 de octubre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 4 al 10 octubre 2026
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Entender y vivir la vida cristiana
    Con tu vida de piedad, aprenderás a practicar las virtudes
propias de tu condición de hijo de Dios, de cristiano. 
     Y junto a estas virtudes, adquirirás toda esa gama de valores 
espirituales, que parecen pequeños y son grandes; piedras preciosas 
que brillan, que hemos de recoger por el camino para llevarlas a los 
pies del Trono de Dios, en servicio de los hombres, la sencillez, la 
alegría, la lealtad, la paz, las menudas renuncias, los servicios que 
pasan inadvertidos, el fiel cumplimiento del deber, la amabilidad.
                                (Josemaría Escriváde Balaguer, Forja nº 86, Ediciones Rialp)
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                  Tiempo Ordinario, XXVII semana
Día 04. DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO.
San Francisco de Asís, Fundador de la Orden de los Franciscanos, s. XII
Cat. El respeto de la verdad, n. 2488-2492

Día 05. lunes, Témporas de Acción de Gracias y de Petición.
Cat. El uso de los medios de comunicación social, n. 2493-2499

Día 06. martes de la semana XXVII
San Bruno, Fundador de los Cartujos, siglo XII
Cat. Verdad, belleza y arte sacro, n. 2500-2503

Día 07. miércoles, Bienaventurada Virgen María del Rosario.
Cat. La purificación del corazón, n. 2514-2519

Día 08. jueves de la semana XXVII
Santa Pelagia de Antioquía, virgen y eremita, siglo V
Cat. El combate por la pureza, n. 2520-2527

Día 09. viernes de la semana XXVII
San Dionisio, primer obispo de Paris, siglo III
Cat. El desorden de la concupiscencia, n. 2534-2540

Día 10. sábado, semana XXVII
Santo Tomás de Villanueva, sacerdote Orden de los Agustinos
de Salamanca, siglo XV
Cat. Los deseos del Espíritu, n. 2541-2543
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Comentarios al Nuevo Testamento
Tercera etapa: La redacción de los Evangelios, capítulo 8

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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Comentarios al Nuevo Testamento
Tercera etapa: La redacción de los Evangelios 
 Santiago Guijarro Oporto, capítulo 8

El papel de los evangelistas.  Los evangelios son el último eslabón de este proceso de unificación de las diversas tradiciones que se habían transmitido en diversos grupos cristianos, en diversos ámbitos de la vida de las comunidades.


      El papel de los evangelistas fue integrar estas tradiciones, algunas de las cuales constaban ya por escrito, e integrarlas dentro de un marco narrativo. Todos ellos llevaron a cabo una importante labor redaccional, que consistió en seleccionar los materiales recibidos, y situarlos dentro del marco narrativo de sus obras, abreviándolos o ampliándolos, para iluminar las nuevas circunstancias que vivían sus comunidades. Estos procedimientos se perciben muy bien estudiando el uso que Mateo y Lucas hacen de Marcos.

      Marcos es, pues, el evangelio más antiguo. En la composición de su relato utilizó seguramente tradiciones y colecciones anteriores (parábolas, controversias, milagros, relato de la pasión) Su tarea no consistió simplemente en reunir todas estas tradiciones, sino que las actualizó y las organizó siguiendo un esquema que los misioneros cristianos utilizaban para contar los principales acontecimientos de la vida de Jesús (véase Hechos 10,37-41).

      El evangelio de Juan tiene su propia historia. Sus coincidencias con los sinópticos son muy pocas, porque sus fuentes fueron distintas, y sólo en contadas ocasiones (p. e. en el relato de la pasión) se encuentran relatos procedentes de una tradición común (véase la introducción al evangelio de Juan). 

Fidelidad a la tradición recibida. La preocupación por mantener la fidelidad a las tradiciones recibidas se acrecentó durante la segunda generación cristiana. Hay, sin embargo, un cambio importante con respecto a la generación apostólica: el garante de las tradiciones no es ya el Señor (1 Corintios 7,10; 11-23-26), sino los apóstoles, cuyos recuerdos adquieren un carácter de tradición sagrada.

      La tarea de estos ministros de la palabra se describe en un pasaje de las cartas pastorales así: lo que has oído de mi en presencia de muchos testigos, confíalo a hombres fieles, que a su vez sepan enseñar a otros (2 Timoteo 2,2). Lo que indica que durante el proceso de la formación de los evangelios hubo una preocupación explícita por ser fieles a las tradiciones recibidas, y que dicha transmisión fue confiada a personas de plena garantía encargadas de conservarlas y transmitirlas a otros. 

¿Por qué escribieron los evangelios? Durante cuarenta años las comunidades cristianas vivieron años sin los evangelios. Sin embargo, en los primeros años de la segunda generación cristiana, y en un corto espacio de tiempo se escribieron, al menos, los cuatro evangelios canónicos. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron la redacción de los evangelios?

     Un acontecimiento determinante fue la muerte de los que había acompañado a Jesús. Antes de que su testimonio se olvidara era necesario ponerlo por escrito. La desaparición de los testigos oculares hacia más difícil distinguir entre las diversas interpretaciones que empezaban a circular acerca de Jesús y su mensaje. Algunos sostenían que lo único importante eran sus enseñanzas, no su vida. Los evangelios se escribieron, en parte, para contrarrestar esta opinión y dejar claro que la historia de Jesús, su encarnación, pertenece a la esencia de la fe cristiana. Todos los evangelios tienen detrás una motivación pastoral.

        (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p. 22-23, cap. 8)

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domingo, 27 de septiembre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 27 septiembre al 3 octubre 2026
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Misión de los Santos Ángeles Custodios
     Son los embajadores de Dios con los hombres y los embajadores
de los hombres con Dios. No solamente son los ángeles de Dios, sino
también los ángeles de los hombres. Ángeles, es decir, enviados: son,
pues, los ángeles de Dios porque Él nos los envía para asistirnos,
son los ángeles de los hombres, porque nosotros los volvemos a enviar
para obtener su misericordia. Vienen a nosotros cargados con sus dones,
vuelven cargados con nuestros votos, descienden para conducirnos,
suben para llevar a Dios nuestros deseos y nuestras buenas obras.

                              (Bossuet, Sermón para la fiesta de los santos Ángeles Custodios)
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                Tiempo Ordinario, XXVI semana
Día 27. DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO.
San Vicente de Paúl, presbítero, Fundador de la Congregación
de la Misión (Paules), 1581-1660
Cat. La doctrina social de la Iglesia, n. 2419-2425

Día 28. lunes, semana XXVI
San Wenceslado I Rey de Bohemia, mártir, siglo X
Cat. La actividad económica y la justicia social, n. 2426-2436

Día 29. martes, Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael
Cat. Cristo “con todos sus ángeles”, n. 331-333

Día 30. miércoles, San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, siglo IV
Cat. Justicia y solidaridad entre las naciones, n. 2437-2442

Día 01. jueves, Santa Teresa del Niño Jesús, religiosa carmelita y
doctora de la Iglesia, siglo XIX
Cat. El amor a los pobres, n. 2443-2449

Día 02. Viernes, Santos Ángeles Custodios.
Cat. Vivir en la verdad, n. 2464-2470

Día 03. sábado, semana XXVI
San Francisco de Borja (Duque de Gandía) jesuita, siglo XVI
Cat. Las ofensas a la verdad, n. 2475-2487
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PEQUEÑOS GESTOS PARA PASAR DE SER UN SIMPLE
ESPECTADOR EN LA SANTA MISA A ENCONTRARTE DE
VERDAD CON CRISTO

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miércoles, 23 de septiembre de 2026

PEQUEÑOS GESTOS PARA PASAR DE SER UN SIMPLE ESPECTADOR EN LA
SANTA MISA A ENCONTRARTE DE VERDAD CON CRISTO

A veces nos descubrimos en el banco de la iglesia sintiendo que la Eucaristía transcurre ante nosotros sin tocar verdaderamente nuestro interior. Nos acercamos cada domingo —o incluso a diario— con el deseo sincero de rezar, pero las preocupaciones cotidianas, la inercia del día a día o el peso del cansancio van apagando lentamente nuestro asombro.

Conocemos las respuestas de memoria, nos sabemos los momentos, nos ponemos de pie, nos sentamos... y, sin darnos cuenta, nuestro corazón termina a kilómetros de distancia. El cansancio, las distracciones de la semana o la mera costumbre pueden hacer que vivamos la Santa Misa en "piloto automático".

Sin embargo, la Misa no es un espectáculo al que asistimos como espectadores distantes: es el centro vivo de nuestra fe, el instante sagrado en el que Jesús sale a nuestro encuentro para transformar nuestra vida.

Inspirándonos en las propuestas del apostolado New Fire, te traemos 5 acciones sencillas pero profundas para recuperar la atención, preparar el corazón y vivir cada Eucaristía con auténtica alegría y devoción:

1. No llegues «en frío»
La Misa empieza antes de cruzar la puerta del templo. Tómate cinco minutos en casa para leer las lecturas del día. Llegar conociendo la Palabra te permite escucharla no como un texto ajeno, sino como un mensaje directo de Dios para tu momento presente.

2. Descubre y quédate con tu «perla»
De todo lo que escuchas —las lecturas, el salmo, la homilía—, siempre hay una frase destinada a tu corazón. Identifícala, guárdala y llévatela como un tesoro para que te guíe e ilumine durante el resto de la semana.

3. Pon tu vida sobre el altar
En la presentación del pan y el vino, no te limites a mirar desde lejos. Ofrece en ese momento tus alegrías, tus esfuerzos, tus preocupaciones y a tu familia. Coloca tu día a día en el altar para que el Señor lo santifique

4. Reza también con tu cuerpo
· De pie: Expresa la disponibilidad y la dignidad de quien está listo para seguir al Señor.
· Sentado: Favorece la escucha atenta y la docilidad del discípulo.
· De rodillas: La mayor muestra de adoración, humildad y sobrecogimiento ante la presencia
      Real de Dios

                   (publicado por Comunicaciones de EWTN-España, el 17 septiembre 2026