domingo, 12 de julio de 2026

 Comprender las Escrituras
                                La creación del ser humano a imagen de Dios
                                                                                 Capítulo 3/ 3
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Como último acto de la creación, Dios creó a los seres humanos. 

Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza. Que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, sobre todos los animales salvajes y todos los reptiles que se mueven por la tierra. Y creó Dios al hombre a nuestra imagen, a imagen de Dios lo creó: varón y mujer los creó.

 

             ¿Qué significa decir que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios?

1, Dios es nuestro Padre. La siguiente vez que en el Génesis aparecen juntos los términos “imagen” y “semejanza” es para hablar de Adán como padre de Set. “Tenia Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su imagen, según su semejanza y le puso por nombre Set” (Génesis 5,3). Fuimos creados con la capacidad de tener una relación de amor con Dios nuestro padre. Nos fue dada “la armonía interior de la persona humana, la armonía entre el hombre y la mujer” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.376) desde el inicio de nuestra existencia.

 

2, Somos semejantes a Dios. Tenemos inteligencia, voluntad libre y capacidad de amar: Además, Dios creó nuestra naturaleza distinta de todas las demás. Como seres humanos, estamos entre las bestias y los ángeles, con cuerpos físicos y almas racionales. El amor en el seno de nuestras familias es una imagen del amor en el seno de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

3, La vida humana tiene una dignidad sagrada. Muchas veces cometemos el error de valorar a las personas por lo que aportan a la sociedad. Los nazis cometieron este error y hoy también está en la raíz de la tragedia del aborto y la eutanasia. Viejo o joven, sano o enfermo, cada persona es sagrada porque ha sido creada a imagen de Dos. Incluso la persona que haya cometido el más horrible de los crímenes ha sido creada a imagen de Dios.Ningún ser humano queda fuera de la redención.

 

4, Nuestro trabajo tiene un valor especial. Nuestra dignidad no viene de lo que hacemos. Nuestro trabajo tiene dignidad porque llevamos la imagen de Dios El trabajo en sí mismo no es una maldición, aunque fue maldecido con el esfuerzo por culpa del pecado de Adán. Dios mismo “trabajó” para crear el mundo. Estamos llamados a trabajar para imitar a nuestro padre Dios.

 

Por haber sido hecho a imagen de Dios el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas y es llamado por la gracia, a una alianza con su Creados; a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otros ser puede dar en su lugar. (Catecismo de la Iglesia Católica 357)

 

La Alianza del matrimonio

“Creced y multiplicaos” significa algo más que reproducirse. Dios creó al hombre y a la mujer como personas iguales pero complementarias, destinadas a unirse en una relación familiar sellada con la alianza matrimonial. El matrimonio no es obra de los hombres.

 

El Mateo 19, cuando los fariseos ponen a prueba a Jesús preguntándole sobre el divorcio, él contesta aludiendo directamente al Génesis. En ese momento establece claramente la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

En cierto sentido, en el matrimonio somos co-creadores con Dios. El amor conyugal en la alianza matrimonial es transmisor de vida, no sólo accidental o incidentalmente, sino intrínsecamente. Esto es lo que Dios quiere: que los dos sean uno y luego tres, cuatro, cinco…

                                   (Scott Hahn, Ph. D. MEDWEST THEOLOGICAL FORUM/Editorial Edibesa,
                                                 Curso para el estudio de la Biblia, capitulo 3/3, p. 52-53)

 

martes, 7 de julio de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 05 al 11 de julio 2026
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                  Tiempo Ordinario, XIV semana
Día 05. DOMINGO XIV TIEMPO ORDINARIO.
Cat. Moisés y la oración del mediador, n. 2574-2577

Día 06. lunes XIV semana.
Cat. David y la oración del rey, n. 2578-2580

Día 07. martes XIV semana.
Cat. Elías, los profetas y la conversión del corazón, n. 2581-2584

Día 08. miércoles XIV semana.
Cat. Los Salmos, oración de la Asamblea, n. 2585-2589

Día 09. jueves XIV semana.
Cat. Jesús ora (I) n. 2598-2601

Día 10. viernes XIV semana.
Cat. Jesús ora (II), n. 2602-2006

Día 11. sábado, san Benito, abad, patrono de Europa, fiesta.
Cat. Nada se anteponga a la dedicación a Dios, n. 345-349

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Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 12 al 18 de julio 2026
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               Tiempo Ordinario, XV semana
Día 12. DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO.
Cat. Jesús enseñar a orar (I), n. 2607-2612

Día 13. lunes XV semana.
Cat. Jesús enseñar a orar (II), n. 2613-2615

Día 14. martes XV semana.
Cat. Jesús escucha la oración, n. 2616

Día 15. miércoles, San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia,
Cat. En el tiempo de la Iglesia, n. 2623-2625

Día 16. jueves, Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.
Cat. La bendición y la adoración, n. 2626-2628

Día 17. viernes XV semana.
Cat. La oración de petición, n. 2629-2633

Día 18. sábado XV semana.
Cat. La oración de intercesión, n. 2634-2636

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domingo, 28 de junio de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 28 junio al 4 julio 2026
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Vivir la Fe en lo Ordinario
    La vida de fe del cristiano le lleva, por tanto, a ser un hombre con 
virtudes humanas, porque hace realidad su fe en sus actuaciones 
corrientes. No solo se sentirá movido a realizar un acto de fe al 
divisar los muros de una iglesia, sino que se dirigirá a su Señor para 
pedirle luz y ayuda ante un problema laboral o doméstico, a la hora 
de aceptar una contradicción, ante el dolor o la enfermedad, al 
ofrecer una alegría, al continuar por amor un trabajo que estaba a 
punto de abandonar por cansancio.
  (Francisco Fernández-Carvajal, Hablar con Dios, tomo II, 2003, p. 104, Edic.Palabra)
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                             Tiempo Ordinario, XII semana

Día 28. DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO.
San Ireneo de Lyon, obispo y mártir, siglo II
Cat. “Tomad y comed todos de Él”: la comunión, 1384-1390

Día 29. lunes.
Santos Pedro y Pablo, Apóstoles, siglo I, solemnidad.
Cat. Hijo único de Dios, n. 441-443

Día 30. martes.
Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana,
Cat. Los frutos de la Comunión, n. 1391-1397

Día 01. miércoles, San Aarón, hermano de Moisés, 1471 a.C.
Cat. La oración en la vida cristiana, n. 2558-2561

Día 02. jueves.
San Bernardino, sacerdote, 1530-1616
Cat. La oración como Alianza y Comunión, n. 2562-2565

Día 03. viernes.
Santo Tomás, apóstol, siglo I, fiesta
Cat. Las características de la fe, n. 153-155

Día 04. sábado.
Santa Isabel, reina de Portugal, 1271-1336
Cat. La revelación de la oración, n. 2566-2569
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PATRÍSTICA – PATROLOGÍA
    Testigos de los comienzos (siglos I-II) apartado nº 5
CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO
    De los deberes y derechos de todos los fieles
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viernes, 26 de junio de 2026

                                              CODIGO DE DERECHO CANONICO
                                                                    Del pueblo de Dios
                                               De los deberes y derechos de todos los fieles

219.  En la elección del estado de vida, todos los fieles tienen derecho a ser inmunes de cualquier coacción.

220.  A nadie le es lícito lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza, ni violar el derecho de cada persona a proteger su propia intimidad.

221. 1, Compete a los fieles reclamar legítimamente los derechos que tienen en la Iglesia, y defenderlos en el fuero eclesiástico competente conforme a la norma del derecho. 

2, Si son llamados a juicio por la autoridad competente, los fieles tienen también derecho a ser juzgados según las normas jurídicas, que deben ser aplicadas con equidad.

3, Los fieles tienen derecho a no ser sancionados con penas canónicas, si no es conforme a la norma legal.

222. 1, Los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras apostólicas y de caridad y el conveniente sustento de los ministros.

2, Tienen también el deber de promover la justicia social, así como, recordando el precepto del Señor, ayudar a los pobres con sus propios bienes.

223.  1, En el ejercicio de sus derechos, tanto individualmente como unidos en asociaciones, los fieles han de tener en cuenta el bien común de la Iglesia, así como también los derechos ajenos y sus deberes respecto a otros.

2, Compete a la autoridad eclesiástica regular, en atención al bien común, el ejercicio de los derechos propios de los fieles.

    (Ediciones Universidad de Navarra, S.A., Código de Derecho Canónico, nº 219-223, publicado 1983, p. 179-180)

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jueves, 25 de junio de 2026

PATRÍSTICA – PATROLOGÍA
Testigos de los comienzos (siglos I-II) apartado nº 5

      Después de la Ascensión del Señor al Cielo y de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles, cumpliendo el mandato de Cristo, se dispersaron por todo el mundo entonces conocido para llevar a cabo la misión que el Señor mismo les había confiado: id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. (Mt 28, 29-20)

      Muy pronto, comenzando por Jerusalén y por Judea, el Cristianismo se extendió por toda Palestina y llegó a Siria y Asia Menor, al norte de África, a Roma y hasta los confines de Occidente. En todas partes, los Apóstoles y los discípulos de la primera ahora transmitieron a otros lo que ellos habían recibido, dando así origen a la Tradición viva de la Iglesia. Los primeros eslabones de esta larga cadena que llega hasta nuestros días son los Apóstoles; de los penden, como eslabones inmediatos, los Padres y escritores de finales del siglo I y primera mitad del segundo, a los que habitualmente se denominan apostólicos por haber conocido personalmente a aquellos primeros. El nombre proviene del patólogo Cotelier que, en el siglo XVI, hizo la edición príncipe de las obras de cinco de esos Padres, que según el “florecieron en los tiempos apostólicos”. En esa primera edición, figuran la Epístola de Bernabé (que entonces supuso equivocadamente que había silo escrita por el compañero de San Pablo en sus viajes apostólicos), Clemente Romano (que efectivamente, según el testimonio de San Ireneo, conoció y trató a los Apóstoles Pedro y Pablo), Hermas (a quien erróneamente se identificó con el persona de ese nombre citado por San Pablo en la Epístola a los Romanos); Ignacio de Antioquía (que muy bien pudo conocer a los Apóstoles) y Policarpo (a quien San Ireneo testimonia explícitamente que había conocido al Apóstol San Juan.

      Como escribe el antiguo historiador de la Iglesia, Hegesipo, sólo “cuando el sagrado coro de los Apóstoles hubo terminado su vida y había pasado la generación de los que había tenido la suerte de escuchar con sus propios oídos a la Sabiduría divina, entonces fue cuando empezó el ataque de errores impíos, por obra del extravío de los maestros de doctrinas extrañas”.

     Estos testigos de los comienzos, como los hemos llamado, no se proponen defender la fe frente a los paganos, judíos o herejes (aunque algún eco de tal defensa se encuentra de vez en cuando), ni pretenden desarrollar científicamente la doctrina, sino que tratan de transmitirla como la han recibido, con recuerdos e impresiones a veces muy personales. Su estilo es, por eso, directo y sencillo; hablan de lo que viven y de lo que han visto vivir a los primeros discípulos: aquéllos que conocieron a Cristo cuando vivía entre los hombres y tocaron -como afirma San Juan- al mismo Verbo de la vida (cfr. Jn 1,1).    

      La datación de estos escritos va desde el año 70 (en vida, por tanto, de algunos de los Apóstoles) hasta mediados del siglo II, cuando muerte Policarpo de Esmirna, que había conocido al Apóstol San Juan. Un lago arco de tiempo, cuya parte final se superpone a los comienzos de la segunda etapa, la de los apologista y defensores de la fe, que podrán los fundamentos de la teología y pasarán al relevo de la Tradición -superando numerosas persecuciones, de dentro y de fuera- a los que serían las luminarias de los grandes Concilios ecuménicos de la antigüedad.                              

(José Antonio Loarte, El tesoro de los Padres / Selección de textos de los Santos Padres para el cristiano del tercer milenio, p.19-20,Ediciones Rialp, Madrid, 1998, apartado nº 5)

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domingo, 21 de junio de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 21 al 27 de junio 2026
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Oraciones vocales
     La oración vocal es muy agradable a Dios, pero ha de ser verdadera 
oración: las palabras han de expresar el sentir del corazón. No basta 
recitar meras fórmulas, pues Dios no quiere un culto solo externo, 
quiere nuestra intimidad.   (San Cipriano, Tratado sobre el Padrenuestro)
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                 Tiempo Ordinario, XII semana
Día 21. DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO.
San Luis Gonzaga, religioso jesuita, siglo XVI
Cat. El memorial sacrificial de Cristo y la Iglesia (I), n. 1362-1366

Día 22. lunes.
San Paulino de Nola, obispo, siglo IV
Cat. El memorial sacrificial de Cristo y la Iglesia (II), n. 1367-1372

Día 23. martes.
Beata María Rafaela Cimati. Hnas. Hospitalarias, siglos XIX-XX
Cat. La presencia de Cristo (I), n. 1373-1375

Día 24. miércoles, Natividad de San Juan Bautista, solemnidad.
Cat. Juan, Precursor, Profeta, n. 717-720

Día 25. jueves.
San Guillermo de Vercelli, abad, siglo XI
Cat. La presencia de Cristo (II), n. 1376-1379

Día 26. viernes.
San Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei, siglo XX
Cat. La presencia de Cristo (III), n. 1380-1381

Día 27. sábado. Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, siglos XIII-XIV
Cat. El Banquete Pascual, n. 1382-1383
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-Escuela de Salamanca, siglos XVI y XVII
-La transmisión de los recuerdos sobre Jesús en las comunidades
   cristianas.
Santiago Guijarro Oporto, capítulo 6
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jueves, 18 de junio de 2026

                              Comentarios al Nuevo Testamento
                              La transmisión de los recuerdos sobre
                               Jesús en las comunidades cristianas
                                Santiago Guijarro Oporto, capítulo 6

Después de este día (de día de la Ascensión), los apóstoles comunicaron a sus oyentes esos dichos y hechos con la mayor comprensión que les daban la resurrección gloriosa de Cristo y la enseñanza del Espíritu de la verdad. (Constitución Dei Verbum, nº 19)

La generación apostólica (30-70 d.C.)

      La vida de Jesús terminó trágicamente. La cruz parecía el final, pero no fue así. Sus discípulos lo vieron después de morir. Había resucitado. Fue una experiencia que les hizo recordar con una luz nueva todo el camino que habían hecho junto a él. Sus palabras y sus signos fueron adquiriendo poco a poco un sentido más profundo, más auténtico. Eran las palabras y los signos del resucitado, el Hijo de Dios.

      Esta etapa de la historia del cristianismo se caracteriza por la rápida expansión del mensaje cristiano, que dio lugar al nacimiento de las comunidades cristianas. El libro de los Hechos describe las principales etapas de este proceso de expansión: Samaria (Hch 8,4-28), la región costera de Palestina (Hch 11,19-30). Asia Menor y Grecia (Hch 13-20) y finalmente Roma (Hch 28,11-31). En el año 60 d.C., a sólo veinte años de la muerte de Jesús, el cristianismo se había extendido por toda la parte oriental de Imperio.

Las tradiciones evangélicas

      En el periodo apostólico se fue consolidando la tradición de los dichos de Jesús nacida antes de la pascua. Algunos de estos dichos se fueron agrupando por su semejanza en la forma o en contenido (por ej. Lc 6,20-22. 24-26). A otros se les añadió un escueto marco narrativo y adquirieron la forma de anécdotas ejemplares (por ej. Lc 9,57-62). Estas palabras de Jesús eran ya para las comunidades cristianas una tradición sagrada, y por eso las comentaron y las adaptaron a las situaciones que ellos vivían, utilizando técnicas que en el judaísmo se usaban para comentar las Escrituras. Así, por ej. las palabras con que Jesús llamó a sus discípulos (Mc 1,17) dieron lugar a los primeros relatos de vocación (Mc 1,16-20; Mt 4,18-22) y más tarde a un amplio relato (Lc 5,1-11), que es, en realidad un comentario narrativo de dichas palabras (Lc 5,10).

      En esta época comenzó también la tradición de los hechos de Jesús. Los que le habían conocido y habían sido testigos de ellos, se los contaban a los que no le habían conocido. Así nacieron los relatos de milagros, el núcleo de los relatos de la pasión, etc. Las diversas circunstancias en que vivían las comunidades cristianas hacían que algunos ambientes fueran más propicios para recordar uno u otro tipo de relatos. Así por ej. en las comunidades helenísticas se recordaron más los relatos de milagros, porque estos signos eran muy valorados en el ambiente en que ellos vivían.

      Otro recurso importantísimo utilizado para comentar las tradiciones evangélicas en esta época fueron las citas y referencias al Antiguo Testamento. No debemos olvidar que la mayor parte de los primeros destinatarios del evangelio conocían las Escrituras, y que la expansión y consolidación del cristianismo se desarrolló en un clima polémico con el judaísmo. La mayor parte de las cartas de Pablo reflejan este ambiente.

 Una transmisión fiel

      Hubo Durante la época apostólica la autoridad que garantizada la fidelidad de las tradiciones era el Señor (1 Cor 7,10; 11,23). La autenticidad de las palabras de Jesús y de sus signos era algo que preocupaba a los primeros cristianos, porque eran conscientes de transmitir una tradición sagrada, que no podía alterarse a capricho.

     Un ejemplo de esta preocupación se encuentra en la forma en que Pablo transmite la tradición de la Última Cena: Yo recibí del Señor la tradición que os he transmitido (1 Cor 11,23). Pablo utiliza aquí dos verbos (recibir y transmitir), que se usaban en las escuelas rabínicas para referirse a una tradición fiel y contrastada. Este hecho revela dos cosas: que los primeros cristianos consideraban los recuerdos sobre Jesús una tradición sagrada, y que se esforzaban en transmitirlos con fidelidad. Esta misma terminología se encuentra en 1 Cor 15,2, introduciendo la tradición sobre la muerte y resurrección de Jesús.

                   (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p.19-21, nº 6)

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