El papel de los evangelistas. Los evangelios son el último eslabón de este proceso de unificación de las diversas tradiciones que se habían transmitido en diversos grupos cristianos, en diversos ámbitos de la vida de las comunidades.
Fidelidad a la
tradición recibida.
La preocupación por mantener la fidelidad a las tradiciones recibidas se
acrecentó durante la segunda generación cristiana. Hay, sin embargo, un cambio
importante con respecto a la generación apostólica: el garante de las
tradiciones no es ya el Señor (1 Corintios 7,10; 11-23-26), sino los apóstoles,
cuyos recuerdos adquieren un carácter de tradición sagrada.
La tarea de estos ministros de la palabra se describe en un pasaje de las cartas pastorales así: lo que has oído de mi en presencia de muchos testigos, confíalo a hombres fieles, que a su vez sepan enseñar a otros (2 Timoteo 2,2). Lo que indica que durante el proceso de la formación de los evangelios hubo una preocupación explícita por ser fieles a las tradiciones recibidas, y que dicha transmisión fue confiada a personas de plena garantía encargadas de conservarlas y transmitirlas a otros.
¿Por qué
escribieron los evangelios?
Durante cuarenta años las comunidades cristianas vivieron años sin los
evangelios. Sin embargo, en los primeros años de la segunda generación
cristiana, y en un corto espacio de tiempo se escribieron, al menos, los cuatro
evangelios canónicos. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron la
redacción de los evangelios?
Un acontecimiento determinante fue la muerte de los que había acompañado a Jesús. Antes de que su testimonio se olvidara era necesario ponerlo por escrito. La desaparición de los testigos oculares hacia más difícil distinguir entre las diversas interpretaciones que empezaban a circular acerca de Jesús y su mensaje. Algunos sostenían que lo único importante eran sus enseñanzas, no su vida. Los evangelios se escribieron, en parte, para contrarrestar esta opinión y dejar claro que la historia de Jesús, su encarnación, pertenece a la esencia de la fe cristiana. Todos los evangelios tienen detrás una motivación pastoral.
(Varios
autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia,
séptima edición 1995, p. 22-23, cap. 8)
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