viernes, 9 de octubre de 2026

Comentarios al Nuevo Testamento
La lectura de los Evangelios
Santiago Guijarro Oporto, capítulo 9

El largo proceso de formación que siguieron los Evangelios ha hecho que las palabras y las acciones de Jesús lleguen hasta nosotros enriquecidas con la experiencia de los primeros cristianos. Su lectura es una fuente inagotable para la vida cristiana, si se tienen en cuenta algunos datos que han aparecido al estudiar el proceso de formación.

Tres claves para leer los Evangelios

En primer lugar, es importante tener en cuenta que los evangelios son relatos. Su carácter narrativo no es casual, sino que tiene la intención de vincular las enseñanzas y el misterio de Jesús a la historia. Por eso, una lectura de pasajes aislados del evangelio que desconecte de la historia, o de su contexto narrativo, las enseñanzas de Jesús, no es una lectura completa.

      A lo largo del proceso de su formación, la tradición evangélica ha sido adaptándose a las diversas circunstancias de las comunidades en que se recordaban las palabras y las acciones de Jesús. Los evangelistas trataron de ser fieles a la tradición recibida y a la situación que vivían sus comunidades. Por tanto, al leer un pasaje del evangelio debemos preguntarnos cómo lo entendieron los primeros cristianos en las diversas circunstancias. Esta continua reinterpretación de la tradición evangélica invita, además, a leer los evangelios desde la situación de nuestras propias comunidades.

Tres preguntas para leer los evangelios

      Para que la lectura de los evangelios nos revele toda su riqueza hemos de hacernos tres preguntas, que corresponden a tres niveles de lectura:

    a)     ¿qué quiso decir el autor a sus discípulos?;
    b)    ¿qué hizo o dijo Jesús?;
    c)     ¿qué nos dice a nosotros hoy la experiencia de fe reflejada en este texto?

      El primer nivel consiste en captar el mensaje que el autor de cada evangelio quería transmitir a sus destinatarios. Es muy frecuente descuidar este nivel de lectura, y olvidar que detrás de cada evangelio está su autor dirigiéndose a una comunidad concreta. Lo más fácil es meterse en el relato y olvidar a quien lo cuenta y a aquellos a quienes se lo cuenta. Para descubrir el mensaje que el evangelista quería transmitir a sus destinatarios tenemos que situarnos en la época en que cada autor redactó su obra, conocer la situación de la comunidad a la que se dirigía, los temas en los que insiste y la estructura que ha dado a su obra. Las introducciones a cada evangelio ofrecen pistas para este primer nivel de lectura.

      El segundo nivel de lectura responde a la pregunta: ¿Qué hizo o dijo Jesús? Nunca debemos olvidar que los relatos y enseñanzas que encontramos en los evangelios se han transmitido de palabra o por escrito durante cuarenta años. El mejor criterio para leer los textos a este segundo nivel es situar las palabras y acciones de Jesús en el contexto cultural, social y religioso de Palestina en la primera mitad del siglo I d. C.

      Finalmente, el tercer nivel trata de descubrir el mensaje que la experiencia contenida en el texto evangélico tiene para nosotros: ¿Qué nos dice hoy esta palabra o este hecho del evangelio? Es una pregunta legítima que ya se hicieron los primeros cristianos, y es también la pregunta con que los creyentes nos acercamos a los evangelios. Sin embargo, es una pregunta que no debe responderse apresuradamente, sin tener en cuenta los otros dos niveles de lectura, pues de otro modo correríamos el riesgo de hacer una lectura demasiado subjetiva, y haríamos decir a los textos del evangelio lo que en realidad no dicen. En este último nivel de lectura es importante tener en cuenta cómo ha sido leído un texto concreto en la tradición viva de la Iglesia.

             (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p. 23-24, cap. 8)

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domingo, 4 de octubre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 4 al 10 octubre 2026
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Entender y vivir la vida cristiana
    Con tu vida de piedad, aprenderás a practicar las virtudes
propias de tu condición de hijo de Dios, de cristiano. 
     Y junto a estas virtudes, adquirirás toda esa gama de valores 
espirituales, que parecen pequeños y son grandes; piedras preciosas 
que brillan, que hemos de recoger por el camino para llevarlas a los 
pies del Trono de Dios, en servicio de los hombres, la sencillez, la 
alegría, la lealtad, la paz, las menudas renuncias, los servicios que 
pasan inadvertidos, el fiel cumplimiento del deber, la amabilidad.
                                (Josemaría Escriváde Balaguer, Forja nº 86, Ediciones Rialp)
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                  Tiempo Ordinario, XXVII semana
Día 04. DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO.
San Francisco de Asís, Fundador de la Orden de los Franciscanos, s. XII
Cat. El respeto de la verdad, n. 2488-2492

Día 05. lunes, Témporas de Acción de Gracias y de Petición.
Cat. El uso de los medios de comunicación social, n. 2493-2499

Día 06. martes de la semana XXVII
San Bruno, Fundador de los Cartujos, siglo XII
Cat. Verdad, belleza y arte sacro, n. 2500-2503

Día 07. miércoles, Bienaventurada Virgen María del Rosario.
Cat. La purificación del corazón, n. 2514-2519

Día 08. jueves de la semana XXVII
Santa Pelagia de Antioquía, virgen y eremita, siglo V
Cat. El combate por la pureza, n. 2520-2527

Día 09. viernes de la semana XXVII
San Dionisio, primer obispo de Paris, siglo III
Cat. El desorden de la concupiscencia, n. 2534-2540

Día 10. sábado, semana XXVII
Santo Tomás de Villanueva, sacerdote Orden de los Agustinos
de Salamanca, siglo XV
Cat. Los deseos del Espíritu, n. 2541-2543
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Comentarios al Nuevo Testamento
Tercera etapa: La redacción de los Evangelios, capítulo 8

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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Comentarios al Nuevo Testamento
Tercera etapa: La redacción de los Evangelios 
 Santiago Guijarro Oporto, capítulo 8

El papel de los evangelistas.  Los evangelios son el último eslabón de este proceso de unificación de las diversas tradiciones que se habían transmitido en diversos grupos cristianos, en diversos ámbitos de la vida de las comunidades.


      El papel de los evangelistas fue integrar estas tradiciones, algunas de las cuales constaban ya por escrito, e integrarlas dentro de un marco narrativo. Todos ellos llevaron a cabo una importante labor redaccional, que consistió en seleccionar los materiales recibidos, y situarlos dentro del marco narrativo de sus obras, abreviándolos o ampliándolos, para iluminar las nuevas circunstancias que vivían sus comunidades. Estos procedimientos se perciben muy bien estudiando el uso que Mateo y Lucas hacen de Marcos.

      Marcos es, pues, el evangelio más antiguo. En la composición de su relato utilizó seguramente tradiciones y colecciones anteriores (parábolas, controversias, milagros, relato de la pasión) Su tarea no consistió simplemente en reunir todas estas tradiciones, sino que las actualizó y las organizó siguiendo un esquema que los misioneros cristianos utilizaban para contar los principales acontecimientos de la vida de Jesús (véase Hechos 10,37-41).

      El evangelio de Juan tiene su propia historia. Sus coincidencias con los sinópticos son muy pocas, porque sus fuentes fueron distintas, y sólo en contadas ocasiones (p. e. en el relato de la pasión) se encuentran relatos procedentes de una tradición común (véase la introducción al evangelio de Juan). 

Fidelidad a la tradición recibida. La preocupación por mantener la fidelidad a las tradiciones recibidas se acrecentó durante la segunda generación cristiana. Hay, sin embargo, un cambio importante con respecto a la generación apostólica: el garante de las tradiciones no es ya el Señor (1 Corintios 7,10; 11-23-26), sino los apóstoles, cuyos recuerdos adquieren un carácter de tradición sagrada.

      La tarea de estos ministros de la palabra se describe en un pasaje de las cartas pastorales así: lo que has oído de mi en presencia de muchos testigos, confíalo a hombres fieles, que a su vez sepan enseñar a otros (2 Timoteo 2,2). Lo que indica que durante el proceso de la formación de los evangelios hubo una preocupación explícita por ser fieles a las tradiciones recibidas, y que dicha transmisión fue confiada a personas de plena garantía encargadas de conservarlas y transmitirlas a otros. 

¿Por qué escribieron los evangelios? Durante cuarenta años las comunidades cristianas vivieron años sin los evangelios. Sin embargo, en los primeros años de la segunda generación cristiana, y en un corto espacio de tiempo se escribieron, al menos, los cuatro evangelios canónicos. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron la redacción de los evangelios?

     Un acontecimiento determinante fue la muerte de los que había acompañado a Jesús. Antes de que su testimonio se olvidara era necesario ponerlo por escrito. La desaparición de los testigos oculares hacia más difícil distinguir entre las diversas interpretaciones que empezaban a circular acerca de Jesús y su mensaje. Algunos sostenían que lo único importante eran sus enseñanzas, no su vida. Los evangelios se escribieron, en parte, para contrarrestar esta opinión y dejar claro que la historia de Jesús, su encarnación, pertenece a la esencia de la fe cristiana. Todos los evangelios tienen detrás una motivación pastoral.

        (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p. 22-23, cap. 8)

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domingo, 27 de septiembre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 27 septiembre al 3 octubre 2026
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Misión de los Santos Ángeles Custodios
     Son los embajadores de Dios con los hombres y los embajadores
de los hombres con Dios. No solamente son los ángeles de Dios, sino
también los ángeles de los hombres. Ángeles, es decir, enviados: son,
pues, los ángeles de Dios porque Él nos los envía para asistirnos,
son los ángeles de los hombres, porque nosotros los volvemos a enviar
para obtener su misericordia. Vienen a nosotros cargados con sus dones,
vuelven cargados con nuestros votos, descienden para conducirnos,
suben para llevar a Dios nuestros deseos y nuestras buenas obras.

                              (Bossuet, Sermón para la fiesta de los santos Ángeles Custodios)
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                Tiempo Ordinario, XXVI semana
Día 27. DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO.
San Vicente de Paúl, presbítero, Fundador de la Congregación
de la Misión (Paules), 1581-1660
Cat. La doctrina social de la Iglesia, n. 2419-2425

Día 28. lunes, semana XXVI
San Wenceslado I Rey de Bohemia, mártir, siglo X
Cat. La actividad económica y la justicia social, n. 2426-2436

Día 29. martes, Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael
Cat. Cristo “con todos sus ángeles”, n. 331-333

Día 30. miércoles, San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, siglo IV
Cat. Justicia y solidaridad entre las naciones, n. 2437-2442

Día 01. jueves, Santa Teresa del Niño Jesús, religiosa carmelita y
doctora de la Iglesia, siglo XIX
Cat. El amor a los pobres, n. 2443-2449

Día 02. Viernes, Santos Ángeles Custodios.
Cat. Vivir en la verdad, n. 2464-2470

Día 03. sábado, semana XXVI
San Francisco de Borja (Duque de Gandía) jesuita, siglo XVI
Cat. Las ofensas a la verdad, n. 2475-2487
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PEQUEÑOS GESTOS PARA PASAR DE SER UN SIMPLE
ESPECTADOR EN LA SANTA MISA A ENCONTRARTE DE
VERDAD CON CRISTO

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miércoles, 23 de septiembre de 2026

PEQUEÑOS GESTOS PARA PASAR DE SER UN SIMPLE ESPECTADOR EN LA
SANTA MISA A ENCONTRARTE DE VERDAD CON CRISTO

A veces nos descubrimos en el banco de la iglesia sintiendo que la Eucaristía transcurre ante nosotros sin tocar verdaderamente nuestro interior. Nos acercamos cada domingo —o incluso a diario— con el deseo sincero de rezar, pero las preocupaciones cotidianas, la inercia del día a día o el peso del cansancio van apagando lentamente nuestro asombro.

Conocemos las respuestas de memoria, nos sabemos los momentos, nos ponemos de pie, nos sentamos... y, sin darnos cuenta, nuestro corazón termina a kilómetros de distancia. El cansancio, las distracciones de la semana o la mera costumbre pueden hacer que vivamos la Santa Misa en "piloto automático".

Sin embargo, la Misa no es un espectáculo al que asistimos como espectadores distantes: es el centro vivo de nuestra fe, el instante sagrado en el que Jesús sale a nuestro encuentro para transformar nuestra vida.

Inspirándonos en las propuestas del apostolado New Fire, te traemos 5 acciones sencillas pero profundas para recuperar la atención, preparar el corazón y vivir cada Eucaristía con auténtica alegría y devoción:

1. No llegues «en frío»
La Misa empieza antes de cruzar la puerta del templo. Tómate cinco minutos en casa para leer las lecturas del día. Llegar conociendo la Palabra te permite escucharla no como un texto ajeno, sino como un mensaje directo de Dios para tu momento presente.

2. Descubre y quédate con tu «perla»
De todo lo que escuchas —las lecturas, el salmo, la homilía—, siempre hay una frase destinada a tu corazón. Identifícala, guárdala y llévatela como un tesoro para que te guíe e ilumine durante el resto de la semana.

3. Pon tu vida sobre el altar
En la presentación del pan y el vino, no te limites a mirar desde lejos. Ofrece en ese momento tus alegrías, tus esfuerzos, tus preocupaciones y a tu familia. Coloca tu día a día en el altar para que el Señor lo santifique

4. Reza también con tu cuerpo
· De pie: Expresa la disponibilidad y la dignidad de quien está listo para seguir al Señor.
· Sentado: Favorece la escucha atenta y la docilidad del discípulo.
· De rodillas: La mayor muestra de adoración, humildad y sobrecogimiento ante la presencia
      Real de Dios

                   (publicado por Comunicaciones de EWTN-España, el 17 septiembre 2026

domingo, 20 de septiembre de 2026

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 20 al 26 septiembre 2026
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El nombre cristiano
       El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus actividades
con la señal de la cruz, “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén”. El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e
invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo
del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las
dificultades
.      (Catecismo de la Iglesia Católica, nº. 2157)
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               Tiempo Ordinario, XXV semana

Día 20. DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO.
Cat. La fecundidad del matrimonio, nº 2366-2372

Día 21. lunes, San Mateo, apóstol y evangelista, fiesta.
Cat. El Espíritu Santo, intérprete de la Escritura, nº 109-114

Día 22. martes, semana XXV
San Mauricio, de la Legión Tebana, mártir, siglo III
Cat. El don del hijo, nº 2373-2379

Día 23. miércoles, San Pío de Pietrelcina, capuchino, 1887-1968
Cat. El adulterio y el divorcio, nº 2380-2386

Día 24. jueves, semana XXV
Bienaventurada Virgen María de la Merced
Cat. Otras ofensas a la dignidad del matrimonio, nº 2387-2391

Día 25. viernes, semana XXV
San Cleofás, discípulo del Señor (Camino de Emaús)
Cat. El respeto de los bienes ajenos, nº 2407-2414

Día 26. sábado, semana XXV
Santos Cosme y Damián, mártires (Augusta Eufratense) siglo III
Cat. El respeto a la integridad de la creación, nº 2415-2418
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---Una propuesta de sociedad y de cada común que humanice
         la globalización, desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
--- Sobre la preciosa e ilustrativa
        Primera Carta de san Pablo a los Corintios

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jueves, 17 de septiembre de 2026

                  Una propuesta de sociedad y de casa común que humanice la
               globalización, desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

Los principios básicos de la Doctrina Social de la Iglesia, se pueden reseñan en tres grandes principios y una derivación de cuatro puntos del principio de solidaridad y bien común.

 a, Dignidad. La afirmación de la persona en su identidad y diferencia sexual. La radical dignidad de cada persona y la reciprocidad que surge de la diferencia expresan la conjunción inseparable de diferencia sexual, don de uno mismo y fecundidad.

 b, Subsidiaridad. La persona pensaba adecuadamente como sujeto se desvela como constituida originariamente por y para la comunión de persona. Desde este sentido, la alianza de los esposos engendra una morada en cada familia que se abre y relaciona en familia a de familias, constituyendo así un pueblo.

 c, Solidaridad, bien común. Estamos ante el reto de la transformación del estado del bienestar, tanto por razones externas -globalización y movimientos migratorios- como externas -envejecimiento y modificación de los sistemas de empleo con las sucesivas reformas laborales-. Este cambio exige el paso de una concepción individualista de la ciudadanía a una visión personal-comunitaria, con las siguientes convicciones par una búsqueda compartida de soluciones. 

Un sujeto relacional que no se cierre a los propios intereses y una antropología adecuada que ayude a reflexionar de nuevo a influya sobre la democracia y el papel del Estado.

§  La concepción del trabajo y del sujeto del trabajo -para y con los demás- desde la prioridad del trabajo sobre el capital, proclamada por Juan Pablo II en Laboren exercens.

§  La familia, abierta a la vida, sujeto central del nuevo sistema del bienestar en el que “los ciudadanos” adquieren una extraordinaria importancia.

§  Incorporar a los dos grandes protagonistas de la vida social: el Estado -que nos quiere votantes y el mercado -que nos quiere consumidores- un tercero: una sociedad que viva la amistad social. El orden justo puede apoyarse también en las tradiciones religiosas para proponer un proyecto de vida buena. Si no se respeta la justicia, ¿qué son los Estados sino grandes bandas de ladrones?, como dice san Agustín en la Ciudad de Dios, citado por Benedicto XVI en Caritas in veritate. 

                        (Conferencia Episcopal Española, El Dios fiel mantiene su alianza, (DT 7,9), p. 20-21)