PATRÍSTICA – PATROLOGÍA
La doctrina predicada por Jesucristo,
Palabra de Dios dirigida a los hombres, fue consignada por escrito bajo la
inspiración del Espíritu Santo y entregada a la Iglesia. La Sagrada Escritura
es, por eso, un Libro de la Iglesia: sólo en la Iglesia, a la luz de una
Tradición que se remonta al mismo Cristo, puede ser adecuadamente entendida y
transmitida a las generaciones posteriores.
Habitualmente se considera que su época
abarca los siete primeros siglos de la Era Cristiana. Naturalmente, cuanto más
antiguo sea un Padre más autorizado será su testimonio, siempre que su doctrina
resulte concorde con lo que Jesucristo reveló a la Iglesia, y su conducta haya
estado en sintonía con sus enseñanzas.
Ortodoxia de doctrina y santidad de
vida constituyen, pues, notas distintivas de los Padres. Algunos -no muchos
en relación al total- han sido formalmente declarados tales por la Iglesia, al
ser citados con honor por algún Concilio o en otros documentos oficiales del
Magisterio eclesiástico. La mayoría, sin embargo, no han recibido esa
aprobación explícita; el sólo hecho de su antigüedad, unida a la santidad de su
vida y a la rectitud de sus escritos, basta para hacerles merecedores del
título de “Padres” de la Iglesia.
(1) Congregación para la enseñanza católica. Instrucción sobre los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal, 30-XI-1989 (José Antonio Loarte, El tesoro de los Padres, p.15-16, apartado nº 4)
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