jueves, 5 de marzo de 2026

                          PATRÍSTICA – PATROLOGÍA

Por qué conocer a los Padres
     ¿Por qué es tan importante, en el momento actual, el conocimiento de los escritos de los Padres? Hace pocos años, un documento de la Santa Sede intentaba responder a esta cuestión. Se dan en esas páginas tres razones: 1) Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición de la Iglesia. 2) Los Padres nos han transmitido un método teológico que es a la vez luminoso y seguro. 3) Los escritos de los Padre ofrecen una riqueza cultural y apostólica, que hace de ellos los grandes maestros de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre (1). El análisis de estas afirmaciones puede servirnos para ilustrar cómo los escritos de estos autores constituyen un verdadero tesoro de la Iglesia; un tesoro cuyo conocimiento y disfrute no debería quedar reservado a unos pocos, ya que es patrimonio de todos los cristianos.

       La doctrina predicada por Jesucristo, Palabra de Dios dirigida a los hombres, fue consignada por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo y entregada a la Iglesia. La Sagrada Escritura es, por eso, un Libro de la Iglesia: sólo en la Iglesia, a la luz de una Tradición que se remonta al mismo Cristo, puede ser adecuadamente entendida y transmitida a las generaciones posteriores.

 Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición

      Los Santos Padres nos transmiten, con sus comentarios y escritos, la doctrina viva que predicó Jesucristo, transmitida sin interrupción por los Apóstoles a sus sucesores, los obispos. Por su cercanía a aquel tiempo, el testimonio de los Padres goza de especial valor.

      Habitualmente se considera que su época abarca los siete primeros siglos de la Era Cristiana. Naturalmente, cuanto más antiguo sea un Padre más autorizado será su testimonio, siempre que su doctrina resulte concorde con lo que Jesucristo reveló a la Iglesia, y su conducta haya estado en sintonía con sus enseñanzas.

      Ortodoxia de doctrina y santidad de vida constituyen, pues, notas distintivas de los Padres. Algunos -no muchos en relación al total- han sido formalmente declarados tales por la Iglesia, al ser citados con honor por algún Concilio o en otros documentos oficiales del Magisterio eclesiástico. La mayoría, sin embargo, no han recibido esa aprobación explícita; el sólo hecho de su antigüedad, unida a la santidad de su vida y a la rectitud de sus escritos, basta para hacerles merecedores del título de “Padres” de la Iglesia.

 (1) Congregación para la enseñanza católica. Instrucción sobre los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal, 30-XI-1989                               (José Antonio Loarte, El tesoro de los Padres, p.15-16, apartado nº 4)

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