jueves, 2 de enero de 2025

TIERRA SANTA. Altiplano Occidental
LAGO DE TIBERIADES Y ALREDEDORES. Relato 39

 En el tiempo de Jesús, el lago y la región circundante ofrecían una vista maravillosa de campos de olivos, viñas y frutales. La pesca era abundante en sus aguas.

      Ciudades bien pobladas lo rodeaban. Tiberiades, Magdala, Cafarnaún, Corozaín, estas en la ribera noroccidental; Betsaida Julias, Gérgesa, Gamala, Hippos, en la oriental.

      La Biblia lo conoce como Mar de Kinneret (Nm 34,11; Jos 11,2) de la ciudad antigua cananea Tel Kinneret, donde actualmente se bombea el agua para el riego de Israel; lago de Genesaret o Genosar (1M 11,67; Lc 5,1), por el nombre de la llanura contigua en el noroeste (Mt 14,34; Mc 6,35); Mar de Galilea (Mt 4,18; Mc 1,16), tomado del distrito; lago de Tiberiades, por la ciudad dedicada a Tiberio (Jn 6,1).

      El lago nos hace revivir las más hermosas páginas del Evangelio del Reino, tomando la ciudad de Cafarnaún como centro de su apostolado (Mt 4,13). A medida que se recorre el lago a lo largo de sus márgenes brotan en el alma nuevos recuerdos que parecen hacer flotar sobre aquellas aguas de manera misteriosa la ideal figura de Cristo.

      En ninguna otra parte pronunció el Salvador más discursos que aquí, ni en ninguna región manifestó tan alto grado de omnipotencia, ni dio a conocer tanto a los hombres su bondad y cariño hacia ellos.

 Llamamiento de los primeros discípulos (Mt 4,18-22).

Pasando Jesús junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón al que llaman Pedro, y Andrés su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.

 La pesca milagrosa (Lc 5,1-11; Mt 4,18-22; Mc 1,16-20)

Cuando acabó de hablar dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó; Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogida nada; pero por tu palabra, echaré las redes.

 La tempestad calmada (Mt 8,23, 23-27; Mc 4,35-41; Lc 8, 22-25)

Subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; Él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron gritándole: ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!

 Jesús camina sobre las aguas y Pedro con él (Mt 14,22-23, 22-23; Mc 6,45-52; Jn 6, 16-21)

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

 Aquí comienza el Evangelio de Jesús, desde la elección de sus primeros apóstoles con autoritaria y gozosa llamada, sin preguntar siquiera.

Junto a la instrucción directa, Jesús emplea también, en línea con una antiquísima tradición profética que enlaza con la enseñanza rabínica, el recurso comparativo de la parábola, más indirecta, pero más plástico y comprensible cuando se habla a un público multitudinario, predominantemente popular. 

               (Teodoro López, Carlos Sáez, Ángel Martín, Peregrinación a Tierra Santa, relato 39, p.98-99)

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