martes, 6 de enero de 2026

                              LO ESPECÍFICO DEL MENSAJE CRISTIANO

Pero la religión cristiana no afirma tal cosa. Sostiene desde luego, que Dios es Uno y Trino, pero no bajo el mismo punto de vista. Los cristianos creemos que Dios es uno en su esencia (solo hay un Dios) y que es trino en personas (hay tres personas divinas con la misma y única esencia en las tres).

      De acuerdo con este punto central de la fe cristiana revelada, el Credo de la Iglesia tiene una estructura ternaria, es decir, está dividido en tres partes o artículos, dedicados respectivamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. (Catecismo de la Iglesia Católica n. 185 al 300)

      El Padre es denominado Primera Persona de la Trinidad. Es fuente y el origen de la Trinidad porque de Él proceden el Hijo y el Espíritu Santo.

      La Primera Persona divina es Padre de Jesucristo, al que engendra desde toda la eternidad, y es, también, a través de Jesucristo, Padre de todos los hombres. Esta es precisamente una de las verdades más impresionantes y consoladoras enseñadas por Jesús en el Evangelio: los hombres somos hijos de Dios. Lo cual significa que Él piensa en nosotros, cuida de nosotros y se ocupa intensamente de que alcancemos la felicidad en esta vida y, sobre todo, en la venidera. El Padrenuestro es la oración cristiana por excelencia y resume admirablemente las ideas y sentimientos que un cristiano debe tener y alimentar acerca de lo que Dios Padre significa para su vida.

      El artículo segundo del Credo comienza así: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos”. Confesamos que Jesucristo es Señor, es decir, Dios como el Padre y que no ha sido creado -como el mundo-, sino engendrado desde siempre en la intimidad de la vida trinitaria. Confesamos también “que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”.

      El tercer artículo del Credo se refiere al Espíritu Santo, Persona divina en la que se expresa el amor recíproco del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo es llamado “Señor y dador de Vida” porque la vida verdadera, la que comienza en la tierra mediante la gracia y culmina en la eternidad, se nos comunica interior y personalmente por el mismo Espíritu a través del ministerio de la Iglesia. El Espíritu Santo actúa por lo tanto en los corazones de los fieles, para que se conozcan, oigan la llamada divina, la acepten y sean capaces de vivir la vida nueva que trae el Evangelio.

 

La Encarnación

      Aunque solemos afirmar que Dios Padre crea el mundo, Dios Hijo redime a los hombres y Dios Espíritu Santo los santifica, conviene no olvidar que estas operaciones, creadora, redentora y vivificadora, son comunes a las Tres Personas divinas. Es decir, toda la Trinidad crea, redime y santifica al hombre.

      La Segunda Persona de la Trinidad tomó realmente carne humana, es decir tomó de su Madre la Virgen María un cuerpo tangible y verdadero. Se hizo hombre como los demás. Jesús no era una apariencia de hombre o un fantasma que andaba por la tierra. Hubo al principio algunos que no entendieron correctamente la Encarnación y afirmaban que la humanidad de Jesús no era auténtica.

      En realidad, Jesús era -además de Dios- hombre de carne y hueso, venido al mundo como vienen a él todos los seres humanos y semejante en todo a nosotros, excepto en no haber cometido pecado alguno.

     La Encarnación supone que la Virgen María, Madre de Jesús, es parte esencial del Evangelio. Cuando decimos que Dios ha tenido una Madre estamos afirmando con absoluto realismo y sin metáfora alguna la verdad de la Encarnación en su sentido más inequívoco y completo. (segunda y última parte)

       (José Morales, Cuestiones controvertidas del cristianismo, 7ª edic., octubre 2002, p. 8-13, Ediciones Palabra)

 

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