TIEMPO DE CUARESMA
La Cuaresma es el tiempo
que precede a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de
Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de
reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las “armas
de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna.
Hemos entrado en el
tiempo de Cuaresma: tiempo de penitencia, de purificación, de conversión. No es
tarea fácil. El cristianismo no es un camino cómodo: no basta estar en
la Iglesia y dejar que pasen los años. En la vida nuestra, en la vida de los
cristianos, la conversión primera ese momento único, que cada uno recuerda, en
el que se advierte claramente todo lo que el Señor nos pide- es importante;
pero más importante aún, y más difíciles, son las sucesivas conversiones. Y
para facilitar la labor de la gracia divina con estas conversiones sucesivas,
hace falta mantener el alma joven, invocar al Señor, saber oír, haber descubierto
lo que va mal, pedir perdón. (Josemaría
Escrivá de Balaguer, La Conversión de los hijos de Dios, n. 57)
El que obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerde tras examinar cuidadosamente su conciencia. Sin ser necesaria, de suyo, la confesión de las faltas veniales está recomendada vivamente por la Iglesia. (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1493)
Cuando uno de nosotros reconoce que está triste, debe pensar: es que no estoy suficientemente cerca de Cristo. Cuando uno de nosotros reconoce en su vida, por ejemplo, la inclinación al mal humor, el mal genio, tiene que pensar eso; no echar la culpa a las cosas de alrededor, que es una manera de equivocarnos, es una manera de desorientar la búsqueda. (A.M. García Dorronsoro, Tiempo para creer, p. 118)
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