Comentarios al Nuevo Testamento
La transmisión de los recuerdos sobreJesús en las comunidades cristianasSantiago Guijarro Oporto, capítulo 6
Después de este día (de día de la Ascensión), los apóstoles comunicaron a sus oyentes esos dichos y hechos con la mayor comprensión que les daban la resurrección gloriosa de Cristo y la enseñanza del Espíritu de la verdad. (Constitución Dei Verbum, nº 19)
La
generación apostólica (30-70 d.C.)
La vida de Jesús terminó trágicamente. La
cruz parecía el final, pero no fue así. Sus discípulos lo vieron después de
morir. Había resucitado. Fue una experiencia que les hizo recordar con una luz
nueva todo el camino que habían hecho junto a él. Sus palabras y sus signos
fueron adquiriendo poco a poco un sentido más profundo, más auténtico. Eran las
palabras y los signos del resucitado, el Hijo de Dios.
Esta etapa de la historia del
cristianismo se caracteriza por la rápida expansión del mensaje cristiano, que
dio lugar al nacimiento de las comunidades cristianas. El libro de los Hechos
describe las principales etapas de este proceso de expansión: Samaria (Hch
8,4-28), la región costera de Palestina (Hch 11,19-30). Asia Menor y Grecia
(Hch 13-20) y finalmente Roma (Hch 28,11-31). En el año 60 d.C., a sólo veinte
años de la muerte de Jesús, el cristianismo se había extendido por toda la
parte oriental de Imperio.
Las
tradiciones evangélicas
En
el periodo apostólico se fue consolidando la tradición de los dichos de Jesús
nacida antes de la pascua. Algunos de estos dichos se fueron agrupando por su
semejanza en la forma o en contenido (por ej. Lc 6,20-22. 24-26). A otros se les
añadió un escueto marco narrativo y adquirieron la forma de anécdotas
ejemplares (por ej. Lc 9,57-62). Estas palabras de Jesús eran ya para las
comunidades cristianas una tradición sagrada, y por eso las comentaron y las
adaptaron a las situaciones que ellos vivían, utilizando técnicas que en el
judaísmo se usaban para comentar las Escrituras. Así, por ej. las palabras con
que Jesús llamó a sus discípulos (Mc 1,17) dieron lugar a los primeros relatos
de vocación (Mc 1,16-20; Mt 4,18-22) y más tarde a un amplio relato (Lc
5,1-11), que es, en realidad un comentario narrativo de dichas palabras (Lc
5,10).
En esta época comenzó también la
tradición de los hechos de Jesús. Los que le habían conocido y habían sido
testigos de ellos, se los contaban a los que no le habían conocido. Así
nacieron los relatos de milagros, el núcleo de los relatos de la pasión, etc.
Las diversas circunstancias en que vivían las comunidades cristianas hacían que
algunos ambientes fueran más propicios para recordar uno u otro tipo de
relatos. Así por ej. en las comunidades helenísticas se recordaron más los relatos
de milagros, porque estos signos eran muy valorados en el ambiente en que ellos
vivían.
Otro recurso importantísimo utilizado
para comentar las tradiciones evangélicas en esta época fueron las citas y
referencias al Antiguo Testamento. No debemos olvidar que la mayor parte de los
primeros destinatarios del evangelio conocían las Escrituras, y que la
expansión y consolidación del cristianismo se desarrolló en un clima polémico
con el judaísmo. La mayor parte de las cartas de Pablo reflejan este ambiente.
Una transmisión fiel
Hubo
Durante la época apostólica la autoridad que garantizada la fidelidad de las
tradiciones era el Señor (1 Cor 7,10; 11,23). La autenticidad de las palabras
de Jesús y de sus signos era algo que preocupaba a los primeros cristianos,
porque eran conscientes de transmitir una tradición sagrada, que no podía
alterarse a capricho.
Un ejemplo de esta preocupación se
encuentra en la forma en que Pablo transmite la tradición de la Última Cena: Yo
recibí del Señor la tradición que os he transmitido (1 Cor 11,23). Pablo
utiliza aquí dos verbos (recibir y transmitir), que se usaban en
las escuelas rabínicas para referirse a una tradición fiel y contrastada. Este
hecho revela dos cosas: que los primeros cristianos consideraban los recuerdos
sobre Jesús una tradición sagrada, y que se esforzaban en transmitirlos con fidelidad.
Esta misma terminología se encuentra en 1 Cor 15,2, introduciendo la tradición
sobre la muerte y resurrección de Jesús.
(Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento /
Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p.19-21, nº 6)
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