lunes, 1 de junio de 2026

                     TRINIDAD: ALEGRÍA POR EL DIOS CERCANO

Queridos amigos:

      La fiesta de la Santísima Trinidad es diferente a todas las otras fiestas del año litúrgico. En las otras fiestas hacemos memoria de los acontecimientos de la historia de Dios con nosotros, repetimos casi el curso de la historia. Comenzamos con los milenios de espera del Señor, del Salvador, después llegamos a la Navidad, al nacimiento del Señor, hasta el Misterio Pascual y Pentecostés, al don del Espíritu Santo, al comienzo de la Iglesia. Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, no celebramos un acontecimiento, un hecho de Dios para con nosotros, sino simplemente la fuente de todo, Dios mismo: es la fiesta de la alegría de Dios.

      El contenido de la fiesta se expresa bien en estas palabras del “Gloria”: Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam”. Te damos gracias por tu belleza, por ti. Alegría porque Dios existe, porque nos conoce, porque nosotros conocemos a Dios, Así como la belleza de las montañas, la majestuosidad del mar, la belleza de un árbol en flor nos dan alegría, sin que queramos tener nada a cambio, porque en la experiencia de la belleza hay siempre una alegría en sí misma; así también Dios es alegría, y es alegría ver que existe, y no queremos nada más que dar gracias por su Belleza, por su Bondad, por su Amor.

      La investigación de la historia de las religiones ha llevado a un resultado -me parece- inesperado: la novedad de la religión bíblica no es el monoteísmo como tal. La investigación ha demostrado que todas las religiones -al menos las arcaicas, que tienen que ver con muchos demonios, divinidades, etc.- saben que todas estas divinidades no son Dios, sino que solo hay un Dios, saben que hay un Dios que el es el Dios único, y que todos los otros no son Dios, son divinidades, son poderes con los que el hombre debe ajustar cuentas.

      Este Dios es conocido y, sin embargo, también desconocido: este Ser divino superior al conocido no es adorado, no hay culto para él. El motivo es simple: este Dios -se piensa- no se interesa por nosotros, es demasiado grande, es Dios, pero no nos gobierna, es demasiado grande para interesarse por nosotros, y no podemos hablar con él; y, sobre todo, este Dios es bueno, por lo que no se le tiene miedo, no es necesario reconciliarle con nosotros y obtener su favor. Por consiguiente, este Dios permanece sin culto y, aunque conocido, sigue siendo un Dios ignorado, demasiado lejano, demasiado grande para nosotros. La vida real, en cambio, tiene que ver con los poderes presentes, con las fuerzas de este y aquel demonio, y así surgen los sistemas de culto, y también de brujería, etc., para intentar defenderse contra esos poderes. La vida está llena de esos seres, que amenazan también la vida del hombre.

      La novedad de la revelación bíblica es que Dios, ese Dios tan distante, tan silencioso, nos conoce, y que el Dios lejano se hace Dios cercano: el Dios verdadero no es un Dios ausente, un ser demasiado grande y superior, sino que tiene un rostro, una voz y habla, se convierte en el Dios cercano (cf. Dr 4,7). Así, todo es diferente, ya no hay necesidad de ajustar cuentas, ni siquiera de adorar a estos poderes del mundo, porque él es el poder y tiene el poder, él, que es el Dios verdadero.

      Pensemos en Abrahán: cuando la Escritura habla de él no encontramos una gran filosofía sobre el monoteísmo o el politeísmo, pero hay algo muy importante; este Dios tan cercano, que habla con Abrahán, le guía, es su amigo (cf. Is 41,8) y es al mismo tiempo el Dios que puede hablar en Mesopotamia, llamarle para ir a Tierra Santa, puede protegerle en Egipto. Es decir, es un Dios que no depende de este o aquel lugar, sino un Dios que es persona, que trabaja con personas, que se hace amigo de personas y así entra en la historia y sigue siendo, no obstante, Dios, que es Dios en todas partes y no solo en un lugar determinado. Dios está cerca: el Dios verdadero se crea amigos, se crea un pueblo para entrar realmente en la vida del mundo, en nuestra vida. (continúa) 

(15.06.2014) Capilla privada, Monasterio Mater Ecclesiae, Santísima Trinidad. Publicado por Ediciones

Encuentro, Benedicto XVI, El Señor nos lleva de la mano. Homilias privadas, Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua. 
Capítulo 1, p. 247-249

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