Sobre la preciosa e ilustrativa
Primera Carta de san Pablo a los Corintios San Juan Crisóstomo (349-40), en su Homilía 32. Para
él, Pablo rebaja la rivalidad que existía entre quienes poseían distintos
carismas y conduce a todos hacia un don superior: la caridad. Los carismas son
valiosos, pero sin el amor carecen de plena perfección.
El “camino más excelente” como la virtud
que da valor y unidad a todos los dones espirituales. Por eso Pablo pasa
inmediatamente a decir: Si hablara las lenguas de los hombres y de los
ángeles, pero no tengo caridad…
San Agustín de Hipona (354-430) aunque no dejó un comentario a toda la Carta, cita frecuentemente este pasaje al hablar de la caridad como el don supremo del Espíritu Santo. Los carismas extraordinarios pueden darse tanto en los comienzos de la Iglesia como excepcionalmente después, pero lo que identifica siempre al cristiano perfecto es el amor.
San Ambrosio (340-372) señala que Pablo anima a
buscar los dones más útiles para la edificación de la Iglesia, pero
inmediatamente enseña que existe algo todavía mejor: la caridad, fundamento de
todos los demás dones.
Teodoreto de Ciro (393-458) explica que Pablo no desprecia los
carismas, sino que muestra una jerarquía: los dones son buenos, pero la caridad
es superior porque beneficia a todo el cuerpo de la Iglesia y permanece para
siempre.
“Aspirar a los carismas mejores. Pero todavía os voy a mostrar un camino más excelente.
Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tuviera caridad, sería como bronce que resuena o címbalo que retiñe.
Y si tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviera tanta fe como para trasladar montañas, pero no tuviera caridad no sería nada.
Y si repartiera todos los bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, pero no tuviera caridad, de nada me aprovecharía.
La caridad es paciente, la caridad es benigna; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace con la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
La caridad nunca acaba, Las profecías desaparecerán, las lenguas cesarán, la ciencia quedará anulada….
Ahora permanecen la fe, la esperanza, la caridad: las tres virtudes. Pero de ellas la más grande es la caridad.”
Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tuviera caridad, sería como bronce que resuena o címbalo que retiñe.
Y si tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviera tanta fe como para trasladar montañas, pero no tuviera caridad no sería nada.
Y si repartiera todos los bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, pero no tuviera caridad, de nada me aprovecharía.
La caridad es paciente, la caridad es benigna; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace con la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
La caridad nunca acaba, Las profecías desaparecerán, las lenguas cesarán, la ciencia quedará anulada….
Ahora permanecen la fe, la esperanza, la caridad: las tres virtudes. Pero de ellas la más grande es la caridad.”
(San Pablo, 1ª Carta a los Corintios, capitulo 12,31 y capítulo 13,31)
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