miércoles, 4 de febrero de 2026

                                 PATRÍSTICA – PATROLOGÍA
                       Patrólogos y obras principales de la Patrología

  El catálogo de san Jerónimo fue continuado bajo el mismo título por Genadio de Marsella (+ 480); consigna a autores que vivieron a fines del siglo V y añade un total de 97 a 98 noticias, quizá algunas interpoladas. Finalmente, continúan la obra de Genadio, mostrando un interés particular por los escritores españoles, tanto san Isidoro de Sevilla (+ 636) como su discípulo san Ildefonso de Toledo (+ 667). En Bizancio, merece atención el patriarca Focio (+ 891) cuyo Myriobiblion o Biblioteca (PG 103 y 104) archiva 279 notas de obras o autores que él mismo había leído y que únicamente nos son conocidas por dicho documento.

      Se puede afirmar que el Medievo no descuida la historia de la literatura cristiana. Merecen ser citados el Catálogo de Ebedjesu, metropolita de Nísibe (que lo escribe en 1298) y cuya publicación la encontramos en Assemani (Bibliotheca orientalis, III 1) y el De scriptoribus ecclesiasticis (+ 1494 del abad Juan Tritemio (en PL 213,959). En Occidente, tanto Sigberto de Gembloux (+ 1112) con su De viris illustribus (PL 160,547) como Honorio de Autum (+ 1122) con el De luminaribus Ecclesiae (PL 172,197), en lo que respecta al periodo patrístico, tienen su fuente en san Jerónimo y en Genadio. Por tanto, la utilidad e importancia de tales obras se refiere sobre todo a las partes en que tratan a autores de su época.

      En el siglo XVI tiene lugar un gran resurgimiento de los estudios patrísticos. A ello contribuyó el Concilio de Trento, que dio origen a un movimiento teológico encaminado a poner de relieve el carácter tradicional de lo definido en los textos conciliares. Como consecuencia, entre el s. XVI y XVIII aparecen obras de información general sobre los Padres, se inician ediciones y colecciones y se escriben obras de teología positiva patrística.

       Entre las obras sobre literatura cristiana antigua citadas más a menudo conviene resaltar las siguientes:

1) la de L. S. Le Nain de Tillemont, titulada Mémoires pour servir à l´histoire ecclésiastique des six premier siécles. París 1693-1712, 16 vol.;

2) la del benedictino O. R. Ceiller, Histoire générale des auteurs sacrés et eccleciastiques, París 1729-63, obra que fue reeditada de 1858 a 1869;

 3) la de L. E. Du Pin, Nouvelle bibliothèque des auteurs ecclésiastique, París 1686-1714, la cual, quizá por su matiz galicanista y por su irrespetuoso lenguaje, fue incluida en el Indice de libros prohibidos;

 4) la de W. Cavé, Scriptorum ecclesiasicorum historia litteraria. Londres 1688, y que fue completada por H. Wharton en 1689, Oxford 1740.43;

 5) y, finalmente, la de Fabricius, Bibliotheca graeca, seu notitia scriptorum veterum graecorum, reeditada por J. Chr. Harlez en Hamburgo 1790-1800. En toda esta época no faltaron las obras de autores protestantes que se vieron obligados a ocuparse de los PP. con la finalidad de poder defender su posición teológica.

             (Javier Ibáñez Ibáñez, Gran Enciclopedia Rialp/GER, tomo 13, p.73, apartado nº 2      
                                                                                ****************************                                   

No hay comentarios:

Publicar un comentario