miércoles, 8 de abril de 2026

                                       LOS EVANGELIOS. Santiago Guijarro Oporto, nº 1

Introducción. Los Evangelio son los libros más leídos de toda la Biblia, porque hablan de Jesús. En ellos encontramos los episodios más significativos de su vida y sus principales enseñanzas. Sin ellos, la memoria de Jesús habría quedado reducida a algunas informaciones esporádicas que recogieron los historiadores de su época, o algunos recuerdos conservados en el resto de la literatura cristiana de los primeros siglos. Los primeros cristianos que acogieron con gozo su mensaje y lo fueron encarnando en sus vidas, transmitieron sus enseñanzas y el recuerdo de sus signos, no como quien transmite una información neutra, sino como quien cuenta el origen y el motivo de la profunda transformación que se había producido en sus vidas. Para ellos, los recuerdos sobro Jesús no eran sólo una noticia, sino una buena noticia. 

Evangelio y Evangelios. Los primeros cristianos, lo mismo que nosotros, distinguieron entre el evangelio y los evangelios: el evangelio era el mensaje de Jesús y sobre Jesús, y los evangelios eran los escritos que contenían dicho mensaje. Cuatro de ellos fueron integrados en el canon o lista de libros sagrados del Nuevo Testamento y se conocen con el nombre de evangelios canónicos; otros muchos, que no fueron recogidos en dicho canon, reciben el nombre de evangelios apócrifos.

 Del evangelio a los evangelios. En la lengua común del Imperio romano (que era el griego) la palabra evangelio significaba buena noticia. Esta palabra no fue inventada por los cristianos, pues mucho antes que ellos, griegos, romanos y judíos la utilizaban para referirse a acontecimientos que eran para ellos una buena noticia.

 El evangelio cristiano. Para los primeros cristianos el evangelio era fundamentalmente el anuncio de la buena noticia de Jesús y sobre Jesús. En los evangelios el verbo evangelizar equivale a predicar. El sustantivo evangelio se refiere al anuncio de la llegada del reino de Dios proclamado por Jesús (Mc 1,15; Mt 4,23; 9,35) y también a los acontecimientos de la vida de Jesús narrados en ellos (Mc 1,1; 14,9. Para Pablo el evangelio era, ante todo, la buena noticia sobre Jesús (Rom 15,19; 1 Cor 9,12; 2 Cor 12,12), que ha sido anunciada por Dios (1 Tes 2,2.8-9), cuyo contenido era la muerte y resurrección de Jesus (1 Cor 15,3-5). Los evangelistas presentan a Jesús anunciando la buena noticia del reino (Mc 1,14), que trae la salvación.

 Los evangelios. Ninguno de los escritos del Nuevo Testamento llama evangelios a los relatos de Jesús que hoy conocemos con este nombre. El único evangelista que les da un nombre es Lucas, y no los llama evangelios, sino relatos (Lc 1,1).

      Los escritores cristianos de finales del siglo primero y comienzos del segundo utilizaban también otros nombres para referirse a los evangelios. Papías, a comienzos del siglo II d. C. describe el evangelio de Marcos como lo que hizo y dijo el Señor y el de Mateo como los dichos del Señor. Un poco más tarde, Justino los llamaba recuerdos de los apóstoles.
      Así pues, hasta la segunda mitad del siglo II d. C. el término evangelio no se utilizaba para designar a los evangelios escritos sino para referirse a la proclamación oral de la buena noticia de Jesús y sobre Jesús. Fue a partir de este momento cuando los evangelios empezaron a adquirir el rango de escritura sagrada para las comunidades cristianas.

       (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p.13-14, nº 1)

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