miércoles, 13 de mayo de 2026

                            Comentarios al Nuevo Testamento
                           DE JESUS A LOS EVANGELIOS, II
                                      Santiago Guijarro Oporto, nº 4

 Los Evangelios despiertan un gran interés porque sirven para conocer quién era Jesús, qué hizo, qué dijo, cómo fue su vida… Pero, ¿quién nos garantiza que lo que leemos en los evangelios es lo que dijo e hizo Jesús? ¿cómo han llegado hasta nosotros los evangelios? ¿son un buen camino para acceder a Jesús?

 1, El camino hacia Jesús

      De los veinte siglos que nos separan de Jesús, diecinueve pueden recorrerse con seguridad y rapidez con la ayuda la crítica textual, que se encarga de reconstruir el texto más antiguo de los evangelios, a través de una comparación minuciosa de las diversas familias de papiros y códices. Esta reconstrucción del texto original es la que sirve de base para las traducciones a las lenguas modernas. Así pues, las traducciones modernas de los evangelios reproducen con bastante seguridad el texto de los evangelios compuestos en el último tercio del siglo primero.

      Jesús comenzó su actividad pública en torno al año 27 de nuestra era, pero los evangelios no comenzaron a escribirse hasta finales de los años 60 d. C. Entre la predicación de Jesús y la redacción del primer evangelio pasaron al menos cuarenta años. ¿Qué ocurrió en estos cuarenta años? ¿Cómo se transmitieron las palabras y los recuerdos sobre Jesús durante aquel tiempo? ¿Podemos fiarnos de lo que nos cuentan los evangelios? Para responder a estas preguntas es necesario conocer cómo nacieron y se transmitieron los recuerdos sobre Jesús en el grupo de sus discípulos y en las comunidades cristianas.

      En la historia de los orígenes del cristianismo pueden distinguirse tres fases: 
a) la vida de Jesús (6 a. C. – 30 d. C.);
b) la generación apostólica (30-70 d. C.); y
c) la segunda generación cristiana (70-110 d. C.).

      La muerte y resurrección de Jesús marca el paso de la primera a la segunda; con ella termina el ministerio público de Jesús y comienza la andadura de las primeras comunidades cristianas. El paso de la segunda a la tercera viene determinado por dos acontecimientos que afectaron mucho a la vida de las comunidades cristianas: la muerte de los que habían conocido a Jesús, y la destrucción de Jerusalén. Al morir los testigos oculares de los signos y palabras de Jesús, comienza una nueva generación, que tiene gran interés en conservar fielmente la tradición recibida. Por otro lado, la destrucción de Jerusalén produjo cambios muy notables dentro del judaísmo, que afectaron también a la vida de las primeras comunidades cristianas.

      Estas tres fases corresponden a tres etapas en la formación de los evangelios. En los últimos años de la vida de Jesús fue naciendo la tradición evangélica; durante la generación apostólica, esta tradición se fue conservando y transmitiendo de forma oral primero, y por escrito después finalmente, la redacción de los evangelios tuvo lugar durante la segunda generación debido en gran medida a las nuevas circunstancias que vivían las comunidades cristianas.

      En el recorrido por estas tres etapas nos servirá del guía un pasaje del Concilio Vaticano II, que resume magníficamente las características de cada una de ellas.

                          (quedará clarificado en los capítulos siguientes)

             (Varios autores, Comentario al Nuevo Testamento / Casa de la Biblia, séptima edición 1995, p.17-18, nº 4)

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