jueves, 14 de mayo de 2026

                            ANÁLISIS TEOLÓGICO DEL CONCEPTO DE SANTIDAD

El uso bíblico de la palabra santidad muestra la interacción de diversos planos. Por una parte, se habla de un proceso de salvación que afecta al ser mismo del hombre y que, en cuanto tal, trasciende lo experimentable. Por otra, se hace referencia a un comportamiento humano, y por tanto a algo exterior y observable. En otras palabras: a) la santidad es, en primer lugar, una santidad ontológica, en cuanto que, con la justificación, el hombre es transformado de pecador en justo y amigo de Dios; b) pero esa nueva relación con Dios impone al hombre el deber, y le otorga la posibilidad de manifestar en su existencia cotidiana la realidad de las promesas y dones divinos; de esa forma, la santidad es, también, una santidad ética o moral.

a)  Santidad ontológica

     La santidad, en su aspecto ontológico, nos habla de los bienes divinos recibidos de Dios con la gracia santificante: la filiación divina (cfr. Rm 8, 14-17; 1 Jn 3, 1-2); el ser nueva creatura en Cristo (cfr. 2 Co 5,17; Ga 6, 15; Ef 2,15); el don del Espíritu Santo (cfr. Rm 8, 9-11; 1 C 6,19). Es la santidad como don, en definitiva, la justificación, que comprende la transformación y regeneración interior del hombre que ha llegado a ser partícipe de la naturaleza divina.

      En los Padres griegos, la santidad es descrita con términos audaces, como “deificación” y “divinización”. Así Clemente de Alejandría enseña: “Cristo deifica al hombre por medio de una doctrina celestial”. Y Orígenes: “Es deificado en lo que contempla”. Pero quien se puede llamar indiscutiblemente “el doctor de la deificación” es san Atanasio, cuyo argumento principal contra los arrianos es que Jesús, teniendo que deificarnos por gracia, debe ser necesariamente Dios por naturaleza.

      Parece haber sido san Gregorio Nacianceno el primer en utilizar el término “divinización” con este mismo sentido: “Si el Espíritu no debe ser adorado, ¿de qué modo me diviniza por medio del Bautismo? Y Pseudo-Dioniso Areopagita afirma que “la divinización es la asimilación y la unión con Dios en la medida que se permite a la creatura”. En san Cirilo de Alejandría, “esta perspectiva encuentra su elaboración definitiva y completa con la referencia a la dimensión sacramental de la divinización, mediante el Bautismo y la Eucaristía”.

   (Manuel Belda, Guiados por el Espíritu de Dios, Colección Pelícano, p. 43-44, Ediciones Palabra 2006)

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