PATRÍSTICA - PATROLOGÍA
En el blog Buena Pista, se vienen reseñando los episodios de “Tierra Santa”, los capítulos de “Comprender las Escrituras” y ahora se inicia apartados de “Patrística y Patrología”.
El término “patrología” se compone de dos palabras griegas: padre y doctrina. Por consiguiente, traducida al pie de la letra, “patrología” significa la doctrina de los Padres (de la Iglesia).
El concepto de “padre”. En el título honorifico de “Padre” confluye toda una plétora de ideas pertenecientes al acervo humano común, al Antiguo Testamento y al mundo grecorromano: el padre como procreador de la vida y como cabeza de familia al que compete la preocupación por ella y su dirección autorizada; como guardián y transmisor de la experiencia y de la tradición y, con ello, como auténtico maestro; sobre todo de la fe. El pater familias romano era el sacerdote del culto doméstico. En la concepción veterotestamentaria, los padres son los representantes de Dios en la familia; los patriarcas son los depositarios de la promesa y los garantes de la gracia de la alianza con Dios (cf. Eclo 44-50; Lc 1,55). Por eso hay que honrarlos y obedecerlos.
Este concepto natural de padre se extendió a “los Padres” (los antepasados), así el “padre intelectual” y “espiritual” (al maestro, al director de una escuela filosófica, al rabino). Los apóstoles de Cristo y a los obispos de la Iglesia son, en este sentido figurado, los padres de los creyentes, puesto que engendran nueva vida en el bautismo, educan y enseñan al proclamar e interpretar la fe y, como dirigentes de la comunidad, son las autoridades que se desvelan por la “familia”.
De ahí que la Iglesia antigua, hasta el siglo IV, aplicara el título de padre exclusivamente a los obispos. A partir del siglo V, lo confirió también a sacerdotes (por ej. a san Jerónimo y a diáconos a Efrén Siro). Hasta hoy, muchas lenguas llaman “padre” al sacerdote (Pater, father, père, váter).
Padre de la Iglesia – Doctor de la Iglesia – Escritor eclesiástico
El concepto “Padre de la Iglesia” subraya un aspecto de la compleja concepción de padre: Presenta al obispo como auténtico transmisor y garante de la fe verdadera que, en la sucesión ininterrumpida de los apóstoles y en la comunión con la Iglesia, conserva la continuidad y unidad de la fe. Él es el maestro fiable en todo instante. Él debe atenerse a la Sagrada Escritura y a la regula fidei de la Iglesia universal. Y cuando sintoniza plenamente con ellas es testigo auténtico de la fe y de la doctrina de la Iglesia. Por eso, a partir del siglo IV, los obispos que se habían significado de manera especial en la transmisión, explicación y defensa de la fe
-comenzando por los obispos de Concilio de Nicea (a. 325)- recibieron el título de “Padres de la Iglesia”. San Basilio el Grande adjuntó por primera vez, en el sentido de “prueba patrística” (argumentatio patrística), a su obra De spiritu sancto (374-375) una lista de Padres de la Iglesia en apoyo de su opinión doctrinal [capítulo 29]. San Agustín utilizó el argumento patrístico a partir del año 421, sobre todo en la controversia con el pelagianismo. Y durante al Concilio de Éfeso (431), San Cirilo de Alejandría, para demostrar su propia ortodoxia, mandó leer públicamente extractos de obras de Padres. El concilio aceptó oficialmente esos extractos y los recogió en sus actas.
(Hubertus R. Drobner, Manual de Patrología, Editorial Herder 1999, p. 17-18, apartado nº 1)
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