lunes, 19 de junio de 2023

                                        Las tristezas del Domingo

Me lo han comentado ya en distintos lugares, en diferentes ambientes, y personas de las más variadas condiciones sociales, culturales, espirituales. Y en su grandísima mayoría, hombres y mujeres que viven en ciudades.

Después, he leído que algunos estudiosos afirman que el fenómeno ha tomado dimensiones que hacen pensar, sin llegar a ser, de otro lado y todavía, motivo de particular alarma ni encerrar ningún peligro para la salud pública.

¿De qué fenómeno se trata? Síntomas de una tristeza profunda, las mañanas y las tardes de un Domingo cualquiera, de un día de fiesta. Una tristeza no muy definida; algo así como un malestar vital que afecta al hombre y a la mujer, en los diferentes niveles del vivir: físico, psíquico, espiritual; y que nada tiene que ver, en cualquier caso, con ningún tipo de enfermedad psíquica.

Los síntomas son muy variados. No se trata de la tristeza provocada por la cercanía de la propia muerte o la de un ser querido, o por el temor a padecer una enfermedad, a sufrir una desgracia o a tener que soportar una injusticia; ni siquiera ese hondo pesar ante tantas cosas anheladas y no conseguidas, al considerar tantos intentos de llegar y verse obligado a abandonar la empresa a mitad de camino, sin esperanzas de conseguir el triunfo anhelado.

Quizá todos hemos pasado por altibajos semejan­tes, quien más quien menos, y nos ha dado una cierta pena entristecernos de esa forma precisamente el día vinculado al recuerdo de la Resurrección de Cristo. Si el Domingo siguiente nos encontramos de nuevo en plena forma, y con capacidad de distraernos y de alegrarnos con familiares y amigos, el altibajo habrá pasado sin pena ni gloria, como uno de tantos detalles a los que no prestamos particular atención.

Ante situaciones semejantes más duraderas, con síntomas que se repiten casi sin excepción una larga serie de domingos, los psiquiatras no tienen ningún empacho en afirmar que son motivadas por un cierto "vacío existencial". Para combatirlo, suelen insistir a los afectados, para que traten de llenar de algún "contenido", al menos la mayor parte de las horas de esos días. ¿Cómo? Entreteniéndose, haciendo cosas que les gusten: cultivar una afición -desde coleccio­nar sellos hasta contemplar el universo-; hacer un rato de deporte; sacar a pasear al perro, buscar cualquier otro modo honesto de pasar el tiempo del Domingo, y en esa gama variada y amplia de cosas que se pueden hacer para el provecho humano, se incluyen lógicamente desde jugar al dominó hasta asistir al cine, participar en una representación de teatro, sin excluir la lectura de algunas de las obras de literatura, clásicas o menos clásicas.

Pienso que esta tristeza, ese malestar de contornos tan imprecisos, tampoco se puede calificar como uno más entre los distintos estados de humor, de incertidumbre, por los que de vez en cuando pasamos los mortales, y que abarcan desde un estado "ansioso", más o menos generalizado, hasta el aburrimiento más completo, porque ninguna cosa, actividad, es capaz de despertar tanto nuestro interés, como para removernos de nuestra inmovili­dad, para sacarnos de nuestro egoísmo.

Algunos consideran que la tristeza dominical no es más que una profunda reacción de hastío ante la repetición continua de los mismos gestos y de idénticas labores a lo largo de la semana. Esos autores piensan que el hombre está tan acostum­brado a marchar de alguna manera programa­do durante el resto de la semana, que se desorienta al encontrar delante de sí un tiempo que no sabe cómo llenarlo. Y es bien sabido que cuando un hombre maduro se desorienta, se pone triste.

Yo tengo la impresión de que la tristeza dominical no es nada de todo esto, y a la vez, lo es quizá todo de otra manera.

Me explico. Pienso que no es el producto de la suma de los diversos síntomas, engarza­dos en el alma de la persona que los sufre; es un estado nuevo del alma, fruto de todos ellos y que pone de manifiesto la necesidad del hombre, de la mujer, de reaccionar contra la soledad.

Quizá en muchos casos las relaciones de trabajo y de convivencia social entre hombres y mujeres se han reducido actualmente a dos tipos: la de la búsqueda de placer inmediato y útil, y la de simples colaboradores en un trabajo. O sea, dos horizontes en los que solamente se contemplan "acciones", cosas que un ser humano puede hacer limitándose a utilizar a otro ser humano; sin parar nunca la atención en "el otro", en "cada persona en cuanto tal"; y sin necesidad de amarla.

Esa tristeza, entonces, vendría a ser como una llamada de socorro del espíritu, para superar la soledad y rencontrar la amistad y el amor, el sacrificio, con otros seres humanos, con Dios.

Así se explica que algunos traten de vencer esa tristeza con la lec­tura, buscando en los libros una amistad menos comprometi­da que la vivida con personas de carne y hueso. Otros se esfuerzan en superar la tristeza hablando con parientes y amigos, visitando enfermos, ayudando a curar personas minusválidas, en esas maravillosas obras de misericordia de cada día; y así se sienten vivos y necesarios en la sociedad de los hombres.

Y queda la más honda tristeza del Domingo; la que proviene de vislumbrar en el fondo del espíritu la "añoranza de Dios", la “añoranza de Cristo”, que lleva al hombre a saberse en soledad, cuando no está con Dios, cuando no adora a Dios, cuando no reza a Cristo.

Quizá algún psiquiatra se haya hecho la pregunta que yo me hago ahora: ¿Y si la tristeza dominical tuviera también alguna relación con la menor solemnidad, con el menor relieve, con que hoy se celebra tantas veces, y por desgracia, la Eucaristía, ¿la Santa Misa?

            Autor ERNESTO JULIÁ, publicado en Religión Confidencial lunes 19 de junio 2023

domingo, 18 de junio de 2023

 Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 18 al 24 de junio 2023
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Derecho universal a la educación
      Todo hombre -de cualquier raza, condición y edad-, en cuanto que
está dotado de la dignidad de persona, tiene derecho inalienable a una
educación adecuada a su propio fin, y al propio carácter, a la diferencia
de sexo, adaptada a la cultura y tradiciones patrias y abierta al mismo
tiempo a la relación fraternal con los otros pueblos, con el fin de fomentar
la verdadera unidad y la paz en el mundo.
   (Vaticano II,  “Gravissimum educationis”, sobre la educación cristiana, n.1)
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Día 18. DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO.
El nombre de la Eucaristía, n. 1328-1332
 
Día 19. lunes de la XI semana del Tiempo Ordinario.
San Romualdo, benedictino, fundador, siglo X
Los signos de pan y de vino, n. 1333-1336
 
Día 20. martes de la XI semana del Tiempo Ordinario.
Nuestra Señora de la Consolación,
Advocación mariana, siglo XI
“Haced esto en memoria mía” n. 1341-1344
 
Día 21. miércoles. San Luis Gonzaga, religioso, siglo XVI
La misa de todos los siglos, n. 1345-1347
 
Día. 22. jueves de la XI semana del Tiempo Ordinario.
Santos Juan Fisher, obispo y Tomás Moro, mártires, siglo XVI
El desarrollo de la celebración, n. 1348-1355
                   
Día. 23. viernes de la XI semana del Tiempo Ordinario.
Beata María Rafaela Cimatti, religiosa, siglos XIX-XX
Acción de gracias y alabanza al Padre, n. 1356-1361
 
Día 24. sábado. Natividad de San Juan Bautista, solemnidad
Juan, Precursor, Profeta y Bautista, n. 717-720
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LA VIDA ETERNA, Artículo 12 del Símbolo de los Apóstoles, final.
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miércoles, 14 de junio de 2023

 ESCRITOS DE CATEQUESIS
LA VIDA ETERNA
El Símbolo de los Apóstoles. Artículo 12
 
“C, En tercer lugar, la vida eterna consiste en una seguridad total. En este mundo no se da la perfecta seguridad, pues cuanto más tiene uno y más sobresale, tanto más recela y más necesita; pero en la vida eterna no existirá la tristeza, ni pasarán trabajos, ni miedo alguno. “Se disfrutará de abundancia sin temor a los males” (Prv 1, 33).
 
 D, En cuarto lugar, consiste en la feliz compañía de todos los bienaventurados, compañía que será de lo más agradable, porque serán de cada uno los bienes de todos. Efectivamente, cada uno amará a los otros como a sí mismo, y por ello disfrutará con el bien de los demás como con el suyo propio. De lo que resultará que se acrecentará la alegría y el goce de cada uno en la misma medida en que gozan todos. “Vivir en ti es júbilo compartido” (Ps 86, 7).
 
      Cuando llevamos dicho, y otras muchas cosas inefables poseerán los santos cuando estén en la Patria. En cambio, los malos, en la muerte eterna, tendrán no menos dolor y pena que alegría y gloria los buenos.
 
      Esa pena será inmensa en primer lugar por la separación de Dios y de los buenos todos. En esto consiste la pena de daño, en la separación, y es mayor que la pena de sentido. “Arrojad al siervo inútil a las tinieblas exteriores” (Mt 25, 30). En la vida actual los malos tienen tinieblas por dentro, las del pecado, pero en la futura las tendrán también fuera.
 
      Será inmensa en segundo lugar por los remordimientos de su conciencia. “Te argüiré, y te pondré ante su misma vista” (Ps 49, 21). “Gimiendo por la angustia de su espíritu” (Sap 5, 3). Sin embargo, tal arrepentimiento y lamentaciones serán inútiles, pues provendrán no del odio de la maldad, sino del dolor del castigo.
 
      En tercer lugar, por la enormidad de la pena sensible, la del fuego del infierno, que atormentará alma y cuerpo. Es ese tormento del fuego el más atroz, al decir de los santos. Se encontrarán como quien se está muriendo siempre y nunca muere ni ha de morir; por eso se le llama a esta situación muerte eterna, porque, como el moribundo se halla en el filo de la agonía, así estarán los condenados. “Como ovejas han sido puestos en el infierno; la muerte los devorará” (Ps 48, 15).
 
      En cuarto lugar, por no tener esperanza alguna de salvación. Si se les diera alguna esperanza de verse libres de sus tormentos, su pena se mitigaría; pero perdida aquélla por completo, su estado se torna insoportable. “Su gusano no morirá, y su fuego no se extinguirá” (Is 66, 24).
 
      Queda así clara la diferencia que existe entre obrar bien y mal; las buenas obras conducen a la vida, las malas arrastran a la muerte; por ello, los hombres deberían recordar todo esto con frecuencia; que los apartaría del mal y los incitaría al bien. Con singular acierto, pues, se dice al fin: “La vida eterna”, para que así se grave en la memoria cada vez mejor. Quien llevarnos a ella el Señor; Jesucristo, Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.
 
                         (S. Tomás de Aquino, Escritos de Catequesis, Artículo 12, segunda y última parte, p. 112-114)

domingo, 11 de junio de 2023

 Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 11 al 17 de junio 2023
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La dignidad de la conciencia moral   
      En lo hondo de la conciencia, el hombre descubre una ley que
él no se da a sí mismo, a la que debe obedecer, y cuya voz le llama
siempre a amar el bien y hacerlo y a evitar el mal, dejando percibir,
cuando hace falta, en los oídos del corazón: haz esto, evita aquello.
Pues el hombre tiene una ley que Dios le ha escrito en su corazón,
su propia dignidad consiste en obedecerla, y según ella será juzgado”.
        (Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral “Gaudium et spes” n. 16)
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Día 11. DOMINGO. SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE
DE CRISTO, solemnidad.
El sacramento de la Eucaristía, n. 1322-1327
 
Día 12. Lunes de la X semana del Tiempo Ordinario.
San Juan de Sahagún, predicador agustino, siglo XV
Las etapas de la Revelación (II) n. 59-64
 
Día 13. martes. San Antonio de Padua, presbítero y doctor de
la Iglesia, siglo XIII
Dios ha dicho todo en su Verbo, n. 65-67
 
Día 14. miércoles de la X semana del Tiempo Ordinario.
San Eliseo, profeta, siglo IX, a.C.
“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” n. 232-237
 
Día. 15. jueves de la X semana del Tiempo Ordinario.
Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, fundadora, siglo XIX
El Padre revelado por el Hijo, n. 238-242
                   
Día. 16. viernes. SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, solemnidad.
Los rasgos humanos del Verbo encarnado, n. 476-478
 
Día 17. sábado. INMACULADO CORAZÓN DE LA
BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA.
El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu Santo, n. 243-248
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LA VIDA ETERNA, Artículo 12 del Símbolo de los Apóstoles, primera parte
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lunes, 5 de junio de 2023

ESCRITOS DE CATEQUESIS
LA VIDA ETERNA
El Símbolo de los Apóstoles. Artículo 12
 
      “De manera harto apropiada concluye el Símbolo las verdades que hay que creer, con la que es corona de todos nuestros deseos, a saber, como la vida eterna. Y así, termina: “La vida eterna. Amén”. Esto, contra los que aseguran que al alma fenece con el cuerpo. Si así fuera, el hombre sería de la misma condición que los brutos. A éstos les cuadra bien lo del Salmo: “El hombre, hallándose en situación de honor, no lo comprendió; se comparó con las bestias estúpidas, y se hizo semejante a ellas” (Ps 48, 21).
      En efecto, el alma humana se asemeja a Dios en la inmortalidad, y a los animales por su faceta sensitiva; por tanto, cuando uno piensa que el alma muere con el cuerpo, se aparte de la semejanza con Dios, y ser sitúa a sí mismo en la línea de los brutos. Contra los de esta opinión leemos: “No esperaron la recompensa de la justicia, ni creyeron en el galardón de las almas santas: porque Dios creó al hombre inmortal, y lo hizo a imagen de su semejanza” (Sap 2, 22.23).
      Vamos ahora a considerar en qué consiste la vida eterna.
 
     A) En primer lugar, consiste en la unión con Dios. Dios mismo es el premio y fin de todos nuestros trabajos: “Yo soy tu protector, y tu galardón grande sobre manera” (Gen 15, 1).
      A su vez, esta unión consiste en visión perfecta: “Ahora vemos en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara” (1 Cor 13, 12).
      Consiste también en excelsa alabanza. Agustín en su libro 22 De Civit. Dei: “Veremos, amaremos, y alabaremos”. “Gozo y alegría se hallarán en ella; acción de gracias y voz de alabanza” (Is 51, 3).
 
      B) En segundo lugar, la vida eterna consiste en una perfecta saciedad de los deseos, porque en ella todos los bienaventurados tendrán más de lo que anhelan y esperan.
      En esta vida nadie puede ver colmados sus deseos, ni existe cosa creada capaz de dar satisfacción completa a los anhelos del hombre, pues sólo Dios sacia, y aun excede infinitamente; por eso el hombre no descansa sino en Dios: “Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está intranquilo hasta que descanse en ti” (san Agustín, en el libro 1 de las Confesiones). Pero, como en la patria los santos poseerán a Dios de una manera perfecta, es evidente que sus anhelos quedarán satisfechos, y aún sobrará gloria. Por ello, el Señor dice: “Entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25, 21). Y san Agustín comenta: “El gozo entero no entrará en los gozantes, sino que los gozantes enteros entrarán en gozo”. “Cuando aparezca tu gloria quedaré saciado” (Ps 16, 15). “El colma de bienes tus deseos” (Ps 102, 5). Todo lo apetecible sobreabundará allí.
      Si se ansían deleites, allí se hallará el deleite más grande y más perfecto, pues tendrá por objeto al sumo bien, es decir, a Dios: “Entonces en el Todopoderoso abundarás de delicias” (Iob 22, 26); “A tu derecho, deleites para siempre” (Ps 15, 11).
      Si se ambicionan honores, en la vida eterna se conseguirá todo honor. Los hombres desean mayormente, ser reyes los seglares, y obispos los clérigos. Ambas cosas se abstendrán allí: “Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino y sacerdotes” (Ap 5, 10); “Mira cómo se los ha contado entre los hijos de Dios” (Sap 5, 5)
      Si se anhela ciencia, perfectísima la alcanzaremos en el cielo: conoceremos la naturaleza de todas las cosas, toda la verdad, todo lo que queramos, y poseeremos allí, junto con la vida eterna misma, cuanto deseemos poseer: “Todos los bienes acudieron a mí justamente con ella (con la Sabiduría)” (Sap 7, 11); “A los justos se les concederá su deseo” (Prv 10, 24).
  
                                    (S. Tomás de Aquino, Escritos de Catequesis, Artículo 12, primera parte, p. 109-112)

domingo, 4 de junio de 2023

 Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 4 al 10 de junio 2023
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Santísima Trinidad       
       Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo, en el que
cuanto más busco más encuentro, y cuanto más encuentro más te
busco. Tú sacias al alma de una manera en cierto modo insaciable,
ya que siempre queda con hambre y apetito, deseando con avidez
que tu luz nos haga ver la luz, que eres tú misma.
    (Santa Catalina de Siena, Diálogo sobre la Divina Providencia, cap. 167)
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Día 04. DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, solemnidad.
Las obras divinas y las misiones trinitarias, n. 257-260
 
Día 05. lunes. San Bonifacio, obispo y mártir, siglo VIII
El deseo de Dios, n. 27-30
 
Día 06. martes de la IX semana del Tiempo Ordinario.
San Norberto, obispo, siglo XII
Las vías de acceso al conocimiento de Dios, n. 31-35
 
Día 07. miércoles de la IX semana del Tiempo Ordinario.
San Antonio María Gianelli, obispo y fundador, siglo XIX
El conocimiento de Dios según la Iglesia, n. 36-38
 
Día. 08. jueves de la IX semana del Tiempo Ordinario.
San Guillermo de York, obispo, siglo XII
¿Cómo hablar de Dios?, n. 39-43
                   
Día. 09. viernes de la IX semana del Tiempo Ordinario.
San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia, siglo IV
Dios al encuentro del hombre, n. 50-53
 
Día 10. sábado de la semana IX del Tiempo Ordinario.
Santa Olivia de Palermo, virgen y mártir, siglo IX
Las etapas de la Revelación (I) n. 54-58
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-QUIEN ES EL ESPÍRITU SANTO, selección
el nuevo libro de Joaquín Navarro-Valls  
-MIS AÑOS CON JUAN PABLO II – notas personales
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jueves, 1 de junio de 2023

 QUIEN ES EL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo es el Amor mutuo del Padre y del Hijo

      “Desde toda la eternidad el Padre engendra al Hijo y lo ama con un amor infinito e inmutable; y en Él a cada uno de nosotros, a quienes el Padre nos llama a participar en su propia vida divina en el Hijo.
      Desde toda la eternidad también el Hijo procede del Padre y lo ama con un amor igualmente infinito e inmutable.
      Ese amor mutuo del Padre por el Hijo y del Hijo por el Padre es precisamente el Espíritu Santo”.                                                (Alexis Riaud, La acción del Espíritu Santo en las almas, p. 14)

Creer en el Espíritu Santo es, por tanto, profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad Santa, consubstancial al Padre y al Hijo “que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”  (Catecismo de la Iglesia Católica, Símbolo de Nicea-Constantinopla, n. 685)  

Nadie puede decir: Jesús es Señor, sino por influjo del Espíritu Santo” (1 Cor 12, 3).
Cada vez que en la oración nos dirigimos a Jesús, es el Espíritu Santo quien, con su gracia preveniente, nos atrae al camino de la oración. Pues que él nos enseña a orar recordándonos a Cristo. (Catecismo n. 2670)
 
La primera “profesión de fe” se hace en el Bautismo. El “símbolo de la fe” es ante todo el símbolo bautismal. Puesto que el Bautismo es dado “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 29), las verdades de fe profesadas en el Bautismo son articuladas según su referencia a las tres personas de la Santísima Trinidad.   (Catecismo n. 189)
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Qué son los “dones” del Espíritu Santo
      “Los dones del Espíritu Santo son disposiciones sobrenaturales que hacen que el alma, elevada a la vida sobrenatural, sea susceptible de recibir esas divinas inspiraciones y esos divinos impulsos del Espíritu Santo que son las gracias actuales. Esa es la razón en todo sobrenatural” (Alexis Riaud, p. 44-45)
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“¿Qué es el don de temor de Dios? Por medio de este don el Espíritu Santo nos hace conscientes de la grandeza de Dios y de su bondad. Al mismo tiempo nos infunde un vivo horror por todo lo que podría, aun mínimamente ofender a un Padre tan bueno, tan digno de ser amado, tan misericordioso.
 
¿Qué es el don de fortaleza? Es el don, que da el Espíritu Santo, para robustecer el alma y practicar las virtudes heroicas con la confianza de superar los obstáculos que se puedan presentar, por grandes que aparezcan.
 
¿Qué es el don de piedad? Por medio de este don el Espíritu Santo nos hace saber que somos hijos de Dios. Da a nuestra relación con Dios y con el prójimo un sentimiento vivo de filiación y de fraternidad. Nos comunica el espíritu de la familia de Dios.
 
¿Qué es el don de consejo? Es el don que nos da el Espíritu Santo para saber, en los casos particulares, lo que conviene hacer en orden al fin último sobrenatural.
 
¿Qué es el don de ciencia? Por medio de este don el Espíritu Santo nos hace ver las cosas creadas en orden a la santidad; fin para el que hemos sido creados.
 
¿Qué es don de entendimiento? Por medio de este don el Espíritu Santo perfecciona la virtud de la fe. Con su ayuda la inteligencia del hombre se hace apta para una penetrante intuición de las cosas reveladas y aun de las naturales en orden al fin último sobrenatural.
 
¿Qué es el don de sabiduría? Para llevar a su perfección la virtud de la caridad. Siendo la caridad la virtud más excelente, el don de sabiduría es el más perfecto de todos los dones. Por medio de este don juzgamos rectamente de Dios y de las cosas divinas que el Espíritu Santo nos hace saborear.
 
¿Qué son los frutos del Espíritu Santo? Son perfecciones plasmadas en nosotros como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: Caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad”.  (Jesús Javier Massa Gutiérrez del Álamo, 9 Ideas para conocer y amar al Espíritu Santo)