domingo, 28 de noviembre de 2021

 Repasar y difundir el Catecismo de la Doctrina Cristiana,
siguiendo el Año litúrgico. Del 28 noviembre al 4 diciembre 2021
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La vida espiritual, coherencia en el vivir
     La vida espiritual no es una vida anterior, posterior o exterior a nuestra existencia cotidiana. No, la vida espiritual sólo es real cuando se vive en medio de nuestras penas y alegrías de aquí y ahora. Por tanto, tenemos que comenzar con una mirada atenta a cómo pensamos, hablamos, sentimos y actuamos en cada momento, de hora en hora de día a día, para hacernos plenamente conscientes de nuestra necesidad del Espíritu.
                                     (Henri J. M. Nouwen, Cambiar desde el corazón, escuchar al Espíritu, p. 23)
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Día 28. DOMINGO I DE ADVIENTO.  ciclo C, año Par
Santa Catalina Labouré, religiosa Hijas de la caridad. siglo XIX
La espera de los cielos nuevos y de la tierra nueva (I) nº 1042-1047
 
Día 29. lunes de la I semana de Adviento.
San Saturnino de Tolosa, obispo y mártir. siglo III
La espera de los cielos nuevos y de la tierra nueva (II) nº 1048-1050
 
Día 30. martes. San Andrés, apóstol, fiesta. siglo I
La tradición apostólica, nº 75-79
El hombre, imagen de Dios, nº 1701-1709
 
Día 1. miércoles de la I semana de Adviento
San Eloy, obispo y orfebre. 558-660
Las Bienaventuranzas, nº 1716-1717
 
Día 2. jueves de la I semana de Adviento.
Santa Bibiana, mártir. siglo III
El deseo de felicidad, nº 1718-1719
 
Día 3. viernes. San Francisco Javier, sacerdote misionero jesuita. siglo XVI
La bienaventuranza cristiana, nº 1720-1724
 
Día 4. sábado de la I semana de Adviento.
San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia. 675-749
Las virtudes, nº 1803-1804
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viernes, 26 de noviembre de 2021

 

 LA RUTA DEL ORGULLO, 2ª y última parte 

“El alma que sigue esta ruta, por el elevado concepto que se ha forjado de sí misma, nunca pide consejo a nadie y de nadie acepta nunca consejos. Se basta a sí misma. Vive aferrada al propio juicio y a la propia voluntad hasta la tozudez, e ignora voluntariamente, hasta el desprecio, cualquier opinión o convicción que no sea la suya.

El desprecio por el prójimo es, por tanto, una actitud frecuente, y a menudo habitual, en las personas que siguen esta ruta. Se han convertido íntimamente en fariseos y consideran a los demás como publicanos, reproduciendo continuamente en sus vidas la escena y las actitudes de la parábola evangélica: Gratias ago Tibi, quia non sum sicut ceteri hominum, gratias te doy porque no soy como los demás hombres. Los demás existen sólo como término de parangón, para que el orgulloso puede exaltarse mientras los desprecia.

Las personas que van por este camino no soportan que hay nadie superior a ellas. Esta es una posibilidad que no puede verificarse, ni siquiera en el mundo de las hipótesis. Los demás no pueden tener más función que la de exaltar a estas personas: deben estar por debajo de ellas. Los defectos de los demás deben servir para poner en evidencia y para subrayar sus propias virtudes. Los errores de los demás deben servir para poner de relieve su sabiduría y destreza; y la escasa inteligencia ajena, para hacer resplandecer su gran valía. Y aquí está la raíz de las envidias, de los celos y ansiedades que acompañan la vida de todos aquellos que siguen la ruta del orgullo.

Pero este desgraciado camino no acaba aquí. De la envidia se pasa a la enemistad. ¡Y cuántas no son las enemistades que tienen su origen - ¡extraño origen! - en la envidia! Personas hay que se ven despreciadas, odiadas y combatidas sólo porque son mejores o más inteligentes que sus perseguidores. Se han hecho culpables del gran delito de ser buenas e inteligentes, o de haber trabajado mucho. Y este delito se combate y se castiga -en la ruta del orgullo- con la frialdad, la enemistad, el silencio y la calumnia.

No perder el puesto, no ceder las armas: quien se encamina por esta dirección suele recurrir a la ficción y a la hipocresía. Simula lo que no es, exagera lo que posee. Todo es lícito, todo es bueno, en este maldito camino, a condición de que uno sea el primero y el mejor ante uno mismo y en la estimación de los demás.

Para mantenernos siempre lejanos de este camino, y para salir fuera de él si por el nos hubiéramos adentrado, pidamos a la Virgen -Maestra de humildad- que nos haga comprender que initium omnis peccati est superbia, el principio de todo pecado es el orgullo”.                

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(Salvador Canals, Ascética meditada, p.87-89, Colección Patmos, nº 110, Ediciones Rialp)

 

 

miércoles, 24 de noviembre de 2021

                                                        Perdón, perdón y gracias

“Con el fin de adaptarme anímicamente a la Ley de Memoria Democrática de Sánchez, Bolaños, Marlaska, Podemos, ERC y la ETA, necesito pedir perdón. Y lo hago, en hinojos y humillado desde una petición de misericordia iluminada por la gratitud histórica. Quiero agradecer desde aquí a socialistas y comunistas su entereza y coraje por fusilar sin dudas a cinco mil peligrosos elementos de la Reacción conservadora en Paracuellos del Jarama, entre ellos, a 267 menores de edad. Obviamente, esos asesinatos, ya perdonados por la Ley de Amnistía, no pueden calificarse como tales. Cuando la izquierda fusila, ejecuta a fascistas. Cuando lo hace la derecha, asesina. Perdón por haberme confundido.

Como nieto de un ejecutado en Paracuellos, el escritor y comediógrafo Pedro Muñoz-Seca, quiero pedir perdón a socialistas y comunistas por haberlos responsabilizado de su muerte. El culpable fue él, escribiendo lo que no gustaba a socialistas ni comunistas. Y les agradezco, con muchos años transcurridos después de su valiente gesta, de haberse mofado de Muñoz-Seca, cuando herido de muerte sobre la tierra de Paracuellos, tuvo que esperar más de cuatro minutos de agonía mientras los milicianos, con gran sentido del humor, se reían de sus últimos estertores, para recibir el tiro de gracia. Y deseo agradecerles la eficacia de su tiro de pistola en la sien, tardío pero definitivo, prueba de la caridad y humanidad de quienes se vieron obligados, por culpa de sus comedias, a terminar con su vida.

Pido perdón en nombre de la familia Ceñal. Ocho hermanos asturianos. Ramón y Rafael y el mayor de todos no se hallaban aquella noche en su casa. Los primeros estaban en el Seminario, y el tercero se había incorporado al Ejército Nacional, el que ganó la guerra y hoy, afortunadamente, la ha perdido con más de 80 años de retraso. Pido perdón en nombre de su madre, que vio cómo, con justicia revolucionaria, se llevaron a sus cinco hijos para fusilarlos por el terrible delito de creer en Dios, y entre los cinco, al más pequeño, que había cumplido diez años de edad. Pido perdón a los que se vieron inducidos a fusilar a esos cinco jóvenes y peligrosos cristianos, y lo hago también en nombre de su madre, que no supo interpretar la situación, perdió la cabeza, y se fue apagando poco a poco en un hospital con un rosario entre las manos hasta que su merecido sufrimiento terminó con su vida.

Pido perdón y agradezco a socialistas y comunistas el fusilamiento de los cinco hermanos De la Quadra Salcedo y Arrieta Mascarúa. De los obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas, monjas y hermanas de la Caridad que murieron torturados y fusilados, ellas previamente violadas, por su empecinamiento antidemocrático de creer en Dios y no dar su brazo a torcer, prueba inequívoca de su soberbia, renegando de su fe. Pido perdón a socialistas y comunistas y al presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, por las muchas decenas de miles de militares y paisanos ejecutados, por no tener cabida, lugar ni sitio en la España roja y separada, paraíso de la igualdad, de Largo Caballero, Negrín, Prieto y Stalin. Y como la nueva Ley de Memoria Democrática alcanza hasta 1982, ruego encarecidamente a la ETA, hoy gobernante con sus votos, que me perdone por no saber aceptar las ejecuciones –jamás asesinatos–, de los vascos y demás españoles que no perdieron ni un segundo en intentar ser comprensivos con la valentía de sus comandos. Especialmente, los comandos que asesinaron niños, futuros fascistas.

Pido perdón y agradezco que, al fin, gracias a la Ley de Memoria Democrática de Sánchez, Bolaños, Marlaska, Podemos, ERC y la ETA, haya alcanzado la luz de la verdad, y aprendido la diferencia que se establece entre el asesinato derechista y la ejecución obligada por motivos de progreso, sostenibilidad, empoderamiento y futuro.
Perdón, perdón, y gracias mil, Sánchez, Bolaños, Marlaska, ERC, Podemos y la ETA”.
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         (Publicado, periódico El Debate, COSAS QUE PASAN ALFONSO USSÍA, 20,11,2021)
 
Mucho se viene hablando y escribiendo sobre nuestro pasado sobre la nuestra última guerra civil, en ocasiones, con falta de objetividad y rigor histórico. En ella, en Paracuellos, muchos asesinatos, hoy muchos santos canonizados, todos mártires. Hoy nos debemos al perdón y a no pretender sacar rédito desfigurando los hechos.

domingo, 21 de noviembre de 2021

 



Repasar y difundir el Catecismo de la Doctrina Cristiana,
siguiendo el Año litúrgico. Del 21 al 27 de noviembre 2021
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Cristo Rey
    El reino de Cristo no es un modo de decir, ni una imagen retórica.
Cristo vive, también como hombre, con aquel mismo cuerpo que asumió  en la 
Encarnación, que resucitó después de la Cruz y subsiste glorificado en la
Persona del Verbo juntamente con su alma humana. Cristo, Dios y Hombre
verdadero, vive y reina y es el Señor del mundo. Sólo por Él se mantiene en
vida todo lo que vive.        (Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, p. 376)
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Día 21. DOMINGO. NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,
REY DEL UNIVERSO, solemnidad.
Cristo reina ya mediante la Iglesia, nº 668-670

Día 22. lunes. Santa Cecilia, virgen y mártir. siglo III
esperando que todo le sea sometido, nº 671-672

Día 23. martes de la semana XXXIV del Tiempo Ordinario.
San Clemente I, papa y mártir. siglo I
El glorioso advenimiento de Cristo, esperanza de Israel, nº 673-674

Día 24. miércoles. Santos Andrés Dung-Lac presbítero y
compañeros mártires. siglos XVIII y XIX
La última prueba de la Iglesia, nº 675-677

Día 25. jueves de la semana XXXIV del Tiempo Ordinario.
Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir. siglo IV
Para juzgar a vivos y muertos, nº 678-679

Día 26. viernes de la semana XXXIV del Tiempo Ordinario.
San Leonardo de Porto Maurizio, predicador. 1676-1751
La Iglesia, consumada en la gloria, nº 769

Día 27. sábado de la semana XXXIV del Tiempo Ordinario.
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.
"Amen” nº 1061-1065
                    Termina el Tiempo Ordinario
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viernes, 19 de noviembre de 2021

 

VI (y última) NUEVA EVANGELIZACIÓN

“Ya parecía que no había más sugerencias para la Nueva Evangelización querida por los últimos Papas. Uno se limitó a subrayar que, en definitiva, la Evangelización siempre será la misma, la eterna; la que ha nacido con los primeros cristianos, y que terminará con los últimos cristianos al final del tiempo.

            Cristo dijo de Sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre sino por Mí”. Los cristianos -siguió- hemos anunciado a Cristo en todos los continentes, en todas las civilizaciones, a hombres y mujeres de todas las culturas. No hemos acomodado el Camino, la Verdad y la Vida, a las diversas culturas. Hemos transmitido la misma Verdad de Jesús, Dios y Hombre verdadero, y hemos enriquecido y convertido las culturas con la Luz de Dios. Como hizo san Pablo en Atenas les anuncio al Dios desconocido, que se ha revelado personalmente en Cristo Jesús, su Hijo, y que nos envía el Espíritu Santo para que no dejemos de asombrarnos ante el Misterio, la Grandeza, la Misericordia de Dios, que ha querido vivir, morir y Resucitar por nosotros, redimirnos del pecado y darnos la esperanza de, arrepentidos y pidiéndole perdón, podamos resucitar con Él”.                    Hizo una pausa y continuó:

            “Si tenemos esto claro, nos haremos cargo del gran servicio que la Iglesia Católica, en la que subsiste la Iglesia fundado por Cristo, tenemos que hacer a todo el mundo.

            Todos los hombres están obligados y anhelan, buscar y conocer la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y una vez conocida, a abrazarla y practicarla, pero ¿Cómo la van a conocer, y abrazarla y practicarla, si los cristianos no anunciamos la Verdad de la Fe, y de la Moral?

            Eso es lo que esperan de nosotros. Y de nada servirá hablar mucho de “felicidad”, de cambio climático, de la igualdad de todas las religiones, del cuidado de la casa común, de fraternidad general, de emigraciones, etc.: los hombres seguirán con sus “dioses” fabricados por ellos mismos, como hicieron los atenienses; o bien tratarán de imponerse los unos a los otros, y querrán unos ser adorados por los otros, como hicieron los romanos, y antes los babilónicos, de imponer a los súbditos, la adoración de sus jefes.

 Y ya a punto de concluir el coloquio, una profesora de Filosofía en el bachillerato, alzó el brazo y dijo:

            “Me parece que se nos ha quedado en el tintero un detalle que pienso vale la pena recordar. Juan Pablo II comentó en alguna ocasión que la fe regresaría a los habitantes de Europa se reconstruían las ermitas a la Virgen que nuestros antepasados han levantado en tantos cruces de camino, en montes y en laderas, etc.

            Por eso me gustaría que se nos anime a venerar y amar de todo corazón a la Virgen Santísima Madre de Dios y Madre nuestra. Ella nos enseñará a amar a Dios Padre; a recibir con amor de Dios Hijo, y abrirá nuestro corazón para dar morada a Dios Espíritu Santo.

            El Papa nos ha pedido rezar el Rosario por el buen resultado del próximo sínodo. Yo lo voy a rezar, también para que salga una nueva reafirmación de la Fe y de la Moral que se han vivido en la Iglesia desde los primeros pasos en Jerusalén, Judea, Samaría, etc. y nos olvidemos para siempre de las propuestas del reciente “sínodo” de Alemania. Y pongo “sínodo” entre comillas, porque yo sabía que Pablo VI habló del Sínodo de Obispos, como se había vivido en la Iglesia a lo largo de los siglos. ¿Qué es eso del “sínodo del pueblo de Dios?

Un rato de silencio, una Salve a la Virgen María, y oraciones por la Nueva Evangelización dieron fin a la reunión”. 

               (publicado en el boletín diario Religión Confidencial, el 25 octubre 2021, 
                siendo su autor; Ernesto Juliá Diaz)

 

 

EL TRANSHUMANISMO “es un sueño infantil”
Rémi Brague: nuestra época solo usa la razón para el cálculo,
“todo lo demás se deja a la emoción”
 
Recientemente, Rémi Brague (París 1947), uno de los más importantes intelectuales católicos europeos, dio una serie de conferencias en Italia. Con este motivo, Rodolfo Casadei le entrevistó para Tempi sobre las consecuencias que implica para la sociedad y la cultura su profunda descristianización.
                      Ante las preguntas, algunas de las respuestas (selección):
“El perdón no es una noción filosófica. Lo que existe en la filosofía antigua es la noción de sungnomé, algo que tiene que ver con la noción de falibilidad humana, con el hecho de que los dioses pueden engañarnos adoptando la forma de otros seres; al hacerlo, nos inducen a error. El perdón es algo que entra en el horizonte cultural del mundo con la Biblia y las religiones bíblicas. Primero con el judaísmo de Israel y, más tarde, con las
 dos religiones que surgieron de él: el judaísmo rabínico y el cristianismo.
 
“Esta idea del perdón presupone un pecado contra una persona. Cuando se rompe una regla, no puede haber perdón. Si me salto un semáforo rojo, me multan: no hay perdón posible. Lo único que se parece al perdón es la amnistía: con ella se olvida el pasado y ya no se te pide que pagues la multa… El cristianismo dice que Dios nos ha perdonado en Cristo y que debemos aceptar este perdón. Podemos rechazarlo: somos plenamente libres es nuestra relación con Dios, Él nos quiere así.
 
“Si falta esta figura de un Dios personal, entonces nos queda nuestro sentimiento de culpa: no es el cristianismo el que inventó la culpa, en contra de lo que piensan algunos imbéciles. Entonces la gente empezará a decir que el delincuente actúa de determinada manera debido a una enfermedad física o mental, o a una disfunción del mecanismo social. Buscarán a los responsables de todo lo que va mal, pero que nunca es culpa nuestra, sino de las estructuras sociales, las condiciones históricas, el complejo de Edipo y otros traumas psicológicos de la infancia. En ninguna de estas hipótesis es necesario pedir perdón. Así que estoy de acuerdo con usted: sin el cristianismo, la noción de perdón desaparece.
 
“Pero también hay otro peligro, que es el humanitarismo. René Girard decía que el humanitarismo es un humanismo árido, que ya no se nutre de su fuente. La religión del bienestar y el humanitarismo tienen en común la idea de que no debemos intentar mejorarnos a nosotros mismos. El supuesto básico del humanitarismo es que no hay pecado original que no hay en nosotros una tendencia al mal contra la que Dios debe ayudarnos a resistir: las personas son buenas, basta con un poco de diálogo y todo se resuelve. Lo que más me perturba es que muchos cristianos también razonan de esta manera, o, mejor dicho, sienten de esta manera, porque esto no es razonar. Esto es un aplanamiento del ser humano.
 
“El cristianismo debería ofrecer una conciencia de los abismos del mal que hay en nuestro interior, como hay también alturas inconcebibles de santidad que se pueden experimentar. El cristianismo tiene una visión del hombre en relieve, mientras que la visión del bienestar, la visión terapéutica, el hombre psicológico, humanitarista, es una visión aplanadora. Nos describe como carentes de profundidad y altura; es una visión que no hace justicia a todas las dimensiones del hombre, como hace el cristianismo. Y por eso algunos le acusan de pesimista: pero no es pesimista, ¡es realista! Por el contrario, decir y pensar que todo en el hombre es bello y amable es signo de ceguera” ….
 
                          (Publicado por ReligiónenLibertad, el 20 de octubre 2021)

domingo, 14 de noviembre de 2021

 

LA RUTA DEL ORGULLO, 1ª parte

“Existe un camino que no es, ciertamente, el de la salvación, ni de la felicidad, y por el cual -ello, no obstante- solemos adentrarnos los hombres con gran facilidad. Es la ruta del orgullo. Déjame pues, amigo mío, que a propósito de ella, te confíe algún pensamiento y alguna reflexión, de modo que aprendamos juntos a reconocerla desde el prime instante y a evitarla siempre.

La ruta del orgullo tiene un principio bastante triste, porque comienza con la negación de Dios en nuestras almas y en nuestras vidas. Alguien ha hecho notar, a este respecto, con gran agudeza, que el ateo y el orgullo tienen muchos puntos en común. El ateo, en efecto, se niega a admitir la existencia de Dios al través de la prueba de la creación y de las criaturas; no ve a Dios nuestro Señor en el creado. Y el orgulloso se niega a reconocer a Dios en su alma y en su vida: no vislumbra a Dios nuestro Señor en los dones de la naturaleza y de gracia que enriquecen su personalidad y fructifican en su vida.

El orgullo, en realidad, no es más que una estimación desordenada de las cualidades propias y de los propios talentos. No es más que la idea desmesurada y desordenada que nos hemos formado de nosotros mismos. Cultivamos voluntariamente y con una especie de interior circunspección este alto concepto de nuestro propio ser, y no admitimos ninguna sombra, por pequeña que sea, ni referencia alguna a otras personas y no soportamos ningún reproche o corrección. Atribuimos a nosotros mismos -olvidándonos por completo de Dios nuestro Señor- todo lo que somos y todo lo que valemos. Y al obrar así, excluimos a Dios y a los demás de nuestra vida: tan sólo yo importo, dice obstinadamente el orgulloso, contemplándose complacido y meciéndose con presunción a sí mismo.

En las almas que siguen la ruta del orgullo, no encuentran eco alguno aquellas palabras de San Pablo: Quid habes, ¿quod non accepisti?, ¿qué tienes de tuyo que no hayas recibido? Y ni siquiera se rinden estas almas antes aquellas otras palabras, que completan el razonamiento del Apóstol: ¿Quid gloriaris quasi non acceperis?, ¿por qué te jactas, como si no hubieses recibido todo lo que posees?

Si existe un camino que haga complicadas a las almas, éste es la ruta del orgullo. La ruta del orgullo es un laberinto en el que las almas se desorientan y se pierden. El orgullo destruye la simplicidad de las almas, aquel ser y aparecer sin pliegues -sine plicis- que es una encantadora característica de las personas humildes.

¡Cuántos pliegues se forman, por el contrario, en el alma contaminada por el orgullo! Este pecado capital, en efecto, induce -cada vez avasalladoramente- a replegarse de continuo sobre sí mismo: a volver infinitas veces a demorarse con el pensamiento sobre los propios talentos, sobre las propias virtudes, ocasión o circunstancia en la que se triunfó. Y esto es el mundo, vacío y mezquino de la vana complacencia.

Del mundo interior se pasa al mundo exterior: la ruta del orgullo continúa su progresión implacable. Todo aquello que estas personas han construido dentro de sí, desean ahora edificarlo a su alrededor. Y aunque el Señor dijo: Gloria mea alteri non dabo, no daré mi gloria a otros, el alma orgullosa responde a ese mandato divino apropiándose, posesionándose, de dicha gloria.

Esta desgraciada ruta jamás puede pasar por el Señor. Nada ni nadie podrá hacer decir a las almas que han tomado este camino: Gratia Dei sum id quod sum, sólo por la gracia divina soy lo que soy. Su mirada y su pensamiento jamás se levantarán, por encima de sus propias cualidades y de sus propios éxitos, hasta Dios nuestro Señor, para darle gracias por su bondad. La mirada y el pensamiento de estas alma s se demora siempre a ras de tierra. La ruta del orgullo empieza con la exclusión de Dios y con el repliegue sobre uno mismo.

El horizonte del orgulloso es terriblemente limitado: se agota en él mismo. El orgulloso no lograr mirar más allá de su persona, de sus cualidades, de sus virtudes, de su talento. El suyo es un horizonte sin Dios. Y en este panorama tan mezquino ni siquiera aparecen los demás: no hay sitio para ellos”.

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(Salvador Canals, Ascética meditada, p.84-87, Colección Patmos, nº 110, Ediciones Rialp)