viernes, 30 de agosto de 2024

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 1 al 7 de septiembre 2024
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              El cristiano, coherente y con principios
    Un cristiano es una persona que ya se ha marchado unas directrices. Sabe que 
el fin de su vida es amar a Dios y servir a los demás. Y tiene, por eso, en la 
inteligencia, los criterios fundamentales para orientar su conducta. No puede dejarse 
llevar por cualquier género de comportamiento que le venga impuesto, sino que tendrá 
que valorar sí aquello es o no coherente con los principios de su fe. Es decir, debe
formarse un juicio moral de cómo tiene que conducirse, a la luz de los principios 
que posee en su inteligencia.  (Juan Luis Lorda, Para ser cristiano, p.111, colección Patmos n. 204)
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                               ciclo B – año par, Tiempo Ordinario
Día 01. DOMINGO de la XXII semana.
San Josué, Patriarca del Antiguo Testamento
Catecismo, Decidir en conciencia. El juicio erróneo, n. 1786-1794

Día 02. lunes de la XXII semana.
San Antolín de Pamiers, mártir, siglo IV
Cat. Carácter comunitario de la vocación humana, n. 1878-1885

Día 03. martes, San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia, siglo VII
Cat. La conversión y la sociedad, n. 1886-1889

Día 04. miércoles de la XXII semana.
Santa Rosalía, ermitaña, siglo XII
Cat. La autoridad, n. 1897-1904

Día 05. jueves de la XXII semana.
Santa Teresa de Calcuta, Fundadora, siglo XX
Cat. El bien común, n. 1905-1912

Día 06, viernes de la XXII semana.
San Bertrán de Garrigue, presbítero dominico, siglo XII
Cat. Responsabilidad y participación, n. 1913-1917

Día 07. sábado de la XXII semana.
Santa Regina, mártir, siglo II
Cat. El respeto de la persona humana, n. 1929-1933
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   Acabo de publicar en el blog, la nueva versión de:
DOS MIL AÑOS DE CRISTIANISMO, siglo XV. Comprende 135 p. se
puede ver e imprimir en Los enlaces de mi blog, PDF, como así también,
los siglos anteriores. (y hacer el uso que se considere)

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domingo, 25 de agosto de 2024

 Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 25 al 31 de agosto 2024
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Sólo el conocimiento de Dios nos hace felices
     ¿Acaso, Señor Dios de verdad (Salmo 30,6), todo el que sabe esas cosas ya te 
agrada a ti? Desgraciado, en verdad, el hombre que sabetodas estas cosas, 
pero no te conoce a ti; dichoso, en cambio, aquel que te conoce, aunque las ignore. 
En cuanto al que conoce las cosas y también te conoce a ti, no es más feliz por 
ellas, sino solamente es feliz por ti, si conociéndote, te glorifica como a Dios y 
te da gracias y no se envanece en sus pensamientos. (cf. Rom 1,21)
                   (Agustín de Hipona, Confesiones, Biblioteca Patrística, p. 157)
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                ciclo B – año par, Tiempo Ordinario
Día 25. DOMINGO de la XXI semana.
San José de Calasanz, presbítero y fundador, siglo XVII
Catecismo, La doxología final, n. 2855-2856
                      
Día 26. lunes, Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars
Fundadora de las Religiosas Hermanitas de los Ancianos
Desamparados, siglo XIX
Cat. La vida de Cristo, n. 1691-1698
 
Día 27. martes, Santa Mónica, madre de san Agustín, siglo IV
Cat. Libertad del hombre, n. 1730-1738
 
Día 28. miércoles, San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
Cat. La libertad en la Economía de la salvación, n. 1739-1742
 
Día 29. jueves, Martirio de san Juan Bautista, siglo I
Cat. La moralidad de los actos humanos, n. 1749-1756
 
Día 30, viernes de la XXI semana.
San Pedro de Trevi, eremita, siglo XI
Cat. La conciencia moral: el dictamen de la conciencia, n. 1776-1782
 
Día 31. sábado de la XXI semana.
San Ramón Nonato, cardenal, siglo XIII
Cat. La formación de la conciencia, n. 1783-1785
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-Preparación santa Misa:
       La palabra suplicante, capítulo 17 (páginas: formación)
-Por qué leer y releer a los clásicos, relato 3, final (páginas: divulgación)
-La Biblia: El profeta Isaías (páginas: libros de interés)
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viernes, 23 de agosto de 2024

SAGRADA BIBLIA – LIBROS PROFÉTICOS
ISAÍAS (YESHAYAHU: “EL SEÑOR SALVA”)

      En la Biblia cristiana el libro de Isaías es el primero de los cuatro profetas mayores, no solo porque Isaías vivió antes que los otros tres, sino también porque el libro que contiene sus oráculos es, tal vez, el más importante de los escritos proféticos. De este se dice en el libro del Eclesiástico que vivió en tiempos de Ezequías, rey de Judá (716-687 a.C.), vio el fin de los tiempos y consoló a los “afligidos de Sión”, es decir, a los desterrados a Babilonia (cf. Si 48,26-28). También la Biblia hebrea es el primero de los profetas “posteriores”, es decir, precede a Jeremías y a Ezequiel y a los doce profetas menores.
      Isaías es el libro del Antiguo Testamento más citado en el Nuevo, después de los Salmos. Es, asimismo el que anuncia con más claridad a Jesucristo y la economía cristiana: “Tan es así, que algunos dicen que es más evangelista que profeta (S. Agustín, De civitate Dei 18,29,1)

                              “Mirad, la virgen está en cinta y dará a luz un hijo,
                                a quien pondrán por nombre Enmanuel” (Is 7,14)

1, Estructura y síntesis del contenido. Al comienzo del libro se señala que las visiones y oráculos del profeta tuvieron lugar en tiempo de los reyes de Judá, desde el reinado de Ozías hasta el de Ezequías (1,1). En otros lugares el libro expone sucintamente las relaciones del profeta con los reyes Ajaz y Ezequías, y da cuenta de los acontecimientos históricos en los que se encuadran los oráculos que pronunció (7,1-17; 36,1)

2, Composición y marco histórico. Por los contextos históricos aludidos que refleja la redacción actual del libro, es lógico pensar que su composición se desarrolla en un marco histórico de más de dos siglos, desde el año 733 a.C. (año de la muerte del rey Uzías y comienzo del ministerio profético de Isaías) hasta los tiempos que siguieron a la vuelta de los exiliados de Babilonia, esto es, hacia el 225 a.C.

3, Enseñanz
a. De entre los libros del Antiguo Testamento, el de Isaías es uno d ellos más importantes por su enseñanza y su doctrina sobre Dios, sobre el hombre y sobre la salvación.
      El libro refleja la paradoja de la historia dramática y venturosa del pueblo de Dios durante algo más de dos siglos. Además, con palabras de san Jerónimo en su Prólogo a Isaías, este “libro es como un compendio de todas las Escrituras”. Podrían añadirse textos de Isaías prácticamente para cada punto de la doctrina cristiana. A la vez, Isaías abre amplios horizontes hacia la plenitud de la Revelación en el Nuevo.
      Sin embargo, a la hora de elegir las cuestiones más significativas, habría que acudir a los motivos que recorren todo el libro: la trascendencia de Dios – la ofensa que supone contra Él el pecado del hombre – el mesías futuro – la universalidad de la salvación y la esperanza escatológica.

4, El libro de Isaías a la luz del Nuevo Testamento. El libro de Isaías es citado explícitamente en noventa ocasiones en el Nuevo Testamento, siendo las citas implícitas más de cuatrocientas. En el origen de este uso tan frecuente está probablemente la aplicación que hizo Jesús de las palabras del profeta a los acontecimientos de su vida.

> En la sinagoga de Nazaret, se aplicó a sí mismo las palabras de Is 61,1-2:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido…” (Lc 4,16-18).

> Otras veces el Señor vio cumplidas en las vicisitudes de su actividad las palabras del profeta: así ocurre, por ejemplo, con la incomprensión de su enseñanza en parábolas por parte de las autoridades 
(Mt 13,14ss).

> Pero es especialmente en los acontecimientos de la Pasión donde Jesús se presentó a sí mismo como el Hijo del Hombre que “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos” (Mt 20,28); como el siervo sufriente del que se decía, cargó sobre ´´el las rebeldía del pueblo elegido y de todos los hombres (Is 53,4-5); a partir de su muerte en la cruz y de su resurrección, los Apóstoles entendieron que en Jesús se habían cumplido aquellos oráculos sobre el Sirvo del Señor. Así, al narrar la pasión del Señor los evangelistas parece que tienen delante los poemas del Siervo sufriente par amostrar el valor expiatorio de la muerte de Cristo. (Mt 26,63; 27,13-14; Is 53,7; Mt 27,38; Is 5312).

      El libro de Isaías es -también en este caso después de los Salmos- el texto del Antiguo Testamento con más presencia en la Liturgia. En algunos momentos del ciclo litúrgico -como Adviento o Navidad-Isaías ocupa casi tres cuartas partes del anuncio profético del Antiguo Testamento.

        (Publicación, LIBROS PROFÉTICOS, autor Fernando Milán, Ediciones Universidad de Navarra, p. 55-72)

jueves, 22 de agosto de 2024

 

PREPARACIÓN PARA LA CELEBLACIÓN
DE LA
 SANTA MISA: La palabra suplicante
Romano Guardiani, capítulo 17 

        En sentido estricto, la oración de alabanza se opone a la oración de súplica. Encontramos esta última ante todo en tres momentos: en la llamada oración colecta después del Gloria, en la oración secreta después del ofertorio y en la oración de Postcomunión después de la antífona de comunión.

      También en la plegaria eucarística, justamente en las diferentes peticiones que se hacen antes y después de la consagración y en el epilogo del Padrenuestro. Aquí debemos ocuparnos en particular de la oración que aparece en los tres momentos mencionados en primer término y que es designada con el expresivo término de “Oraciones”.

      Estamos tratando de algo importante, lo prueba la introducción que precede a estas oraciones: El sacerdote besa el altar -lo cual expresa un contacto muy íntimo con el lugar en el que Dios está junto a nosotros-, luego se dirige al pueblo y, separando solemnemente las manos dice: “El Señor esté con vosotros”, a lo que el pueblo responde: “Y con tu espíritu”. Son las mismas palabras de recogimiento y de fortalecimiento que ya encontramos antes del Prefacio. Luego el sacerdote dice: “Oremos”, y continúa la oración. La introducción es aun más solemne en la Oración sobre las ofrendas. En ésta, el sacerdote dice primero: “Orar hermanos”, y luego prosigue: para que este sacrificio mío y vuestros sea agradable a Dios, Padre todopoderoso”, y se responde: “El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia”. Tras esta preparación, continúa la oración sobre las ofrendas que han sido puestas en el altar.

      En principio, la forma de estas oraciones nos causa una impresión extraña. Nuestras oraciones suelen ser más ricas en palabras, contienen más sentimiento, y el estado personal del orante se expresa en ellas muy directamente. Es verdad que las oraciones de la Misa no son todas tan austeras como las mencionadas, que provienen de épocas muy tempranas, pero su carácter es más o menos el mismo. Estas oraciones de la misa, no provienen del sentimiento personal del individuo, sino de la conciencia de la comunidad, mejor dicho, de la Iglesia. Ellas son oficiales, del deber, de la responsabilidad.

      Esa piedad tiene una profunda relación con nosotros; es una piedad objetiva y constituye para nosotros, que caemos fan fácilmente en el individualismo y en el intimismo exacerbado, una confirmación y un complemento importante.

      ¿Hay un orden que guía? Cualquiera sea su contenido, todas las oraciones concluyen con una frase particular, la llamada cláusula, que está concebida en estos términos: “…por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos”. Aquí aparece claramente el orden por el cual tiene su fundamento en la relación que existe entre la meta, el camino y la fuerza con la cual se recorre este último. La meta del Padre, a él se dirige la oración que busca su rostro, el camino es Cristo y la fuerza es el Espíritu Santo.

      Todo esto es muy importante, porque en ello se expresa el orden de la existencia cristiana. Este orden es tan verdadero y esencial, que realmente no somos consciente de él. Es el orden de la verdad y del amor en el que Dios mismo vive y según el cual ha creado y redimido al mundo. Él nos llama nuevamente a insertarnos en este orden, y según ese orden también debe perfeccionarse nuestra oración.     

           (Romano Guardini, Celebración de la Santa Misa / La palabra alabanza, capítulo 17 p. 65-69)

martes, 20 de agosto de 2024

 Por qué leer y releer a los clásicos
por Luis Daniel González / Aceprensa

      El “lector que procure encontrar en la vida de Shakespeare el origen de sus obras está condenado al fracaso”, advierte Carlos Gamero en Borges y los clásicos: su talento estuvo en transmutar las “triviales cosas terribles que todo hombre conoce (…) en fábulas, en personajes mucho más vividos que el hombre gris que los soñó”. Se podría decir, como hace Borges, que la infinita variedad de la obra de Shakespeare no nació de la plenitud o la abundancia, sino de la carencia. En cambio, observa Gamero, “Cervantes tuvo una vida llena de incidentes y aventura: fue soldado en Italia, peleó en la batalla de Lepanto, fue capturado por los piratas y pasó cinco años cautivo en Argel, donde encabezó cuatro fallidos intentos de fuga y sobrevivió a todos, todavía no sabemos cómo (…) Y, sin embargo, cuando se decide a escribir, ¿sobre qué escribe? Sobre un viejo hidalgo que nunca salió de la aldea, y que pasó toda la vida en su biblioteca leyendo libros de aventuras: una figura inversa a la de su autor”. Por eso puede decir Andrés Trapiello que a nadie le conviene más que a Cervantes algo que Thomas Mann “aplicaba a la literatura en general (…): La tarea del novelista no es narrar grandes acontecimientos, sino hacer interesantes los pequeños” (Las vidas de Miguel de Cervantes)
 
      Otro pensamiento de interés es de que si Dante había construido una epopeya para terminar con las epopeyas -pues la epopeya exige un tiempo mítico, escenarios grandiosos, un héroe sin fisuras psicológicas, lo que resulta irreconciliable con la introspección que propicia el cristianismo-, Cervantes construye una novela de caballerías. Sin embargo, asombrosamente, anota Borges, “si hoy se recuerdan nombres tales como Palmerín de Inglaterra, Tirant lo Blanc, Amadís de Gaula y otros, es porque Cervantes se burló de ellos” y gracias a él “de algún modo esos nombres ahora son inmortales”. En fin, conjetura y propone Dostoievski, “no sé lo que enseñan ahora en las clases de literatura, pero el conocimiento del Quijote, el libro más grande y más triste de cuantos ha creado el genio humano, elevaría sin duda el alma de los jóvenes merced a la grandeza de su pensamiento, despertaría en su corazón profundos interrogantes y contribuiría a apartar su espíritu de la adoración de eterno y estúpido ídolo de la mediocridad, la fatuidad autosatisfecha y la insulsa sensatez” (Diario de un escritor).

Leer para comprender
      Para terminar, viene bien recordar, con palabras de Roland Barthes en Variaciones sobre la literatura, que para leer a “clásicos” como estos “todos los móviles son buenos, pues no engañan, no abusan y no decepcionan; por lo tanto, incluso podemos recomendar su lectura por vanidad. Luego, hay que leerlos con un propósito muy personal”: el de ir a buscar, “bajo la generalidad de su arte, la flecha que me dispararon a través de los siglos”. Se suele afirmar, dice también Barthes, “que los clásicos son eternos. Lo son, pero (…) no tanto por haber encontrado la verdad, como sobre todo por haberla dicho bien, es decir, incompletamente; pues este es un hábil medio de respetarla. Un clásico no lo dice todo, ni mucho menos (…); dice un poco más de lo evidente, e incluso el suplemento de desconocimiento lo dice como si fuese evidente (…). Pero eso hace pensar, pensar indefinidamente”. Además, los clásicos “enseñan sobre todo que escribir bien es inseparable de pensar bien”.

      Podemos añadir que, aunque todos los motivos para leer un “clásico” sean buenos o, más bien, válidos, quizá debemos leerlos y difundirlos para cubrir una necesidad muy propia de nuestro tiempo: la de que dice Nicolás Gómez Dávila, “sólo las letras antiguas curan la sarna moderna”, o, de otro modo, la de que quien “no confronta su vida a través de los grandes textos, la confronta a través de los tópicos de su tiempo (Escolios a un texto implícito). También Kafka dice algo parecido a Gustav Janouch “Se lastra usted demasiado con cosas efímeras. La mayoría de estos libros modernos no son más que trémulos reflejos del hoy que se apagarán enseguida. Debería leer libros más antiguos. A los clásicos (…) Lo antiguo vuelve hacia el exterior su valor más íntimo: perdura. Lo únicamente nuevo es la caducidad misma, que hoy se presente hermosa para mañana parecer ridícula. Es el camino de la literatura” (Conversaciones con Kafka). Con todo, si tuviera que dar un motivo para leer y releer a los grandes clásicos, sin duda el mejor motivo, siempre apostaría por el que da Hannah Arendt cuando explica qué la movía en su trabajo: el deseo de comprender.

                 El mejor motivo para leer a los grandes clásicos es el deseo de comprender

(ACEPRENSA, julio-agosto 2024, nº 31-32, p. 9-10) relato n. 3, último

domingo, 18 de agosto de 2024

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 18 al 24 de agosto 2024
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EL ATRACTIVO DE LA VERDAD
     “En muchas ocasiones, la difusión de falsedades encuentra en el silencio 
cómplice de muchos su principal aliado. No es igual decir la verdad que mentir, 
y no es más inteligente el que engaña. Nuca la obtención de un fin bueno justifica 
una mentira, nunca es licito manipular la realidad. Todos tenemos la obligación 
moral de custodiar y proteger la verdad en cualquier situación y circunstancia.
La verdad es un bien decisivo e imprescindible a la hora de formar una sociedad 
sana y ética”.                          (Ignacio Danvila. La Tercera de ABC, 9 agosto 2024
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                ciclo B – año par, Tiempo Ordinario
Día 18. DOMINGO de la XX semana.
Santa Elena de Constantinopla, Reina, siglo IV
Catecismo, “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” n. 2822-2827
                      
Día 19. lunes de la XX semana.
San Juan Eudes, Fundador Congregación de Jesús y María, siglo XVII
Cat. “Danos hoy nuestro pan de cada día”, 2828-2837
 
Día 20. martes, San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, siglo XII
Cat. “Perdona nuestras ofensas como también…, n. 2838-2841
 
Día 21. miércoles, San Pío X, Papa, siglo XIX
Cat. “Como también nosotros perdonamos…, n. 2842-2845
 
Día 22. jueves, BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA REINA.
Cat. “No nos dejes caer en la tentación”, n. 2846-2849
 
Día 23, viernes de la XX semana.
Santa Rosa de Lima, primera santa de América, siglo XVII
Cat. “Y líbranos del mal”, n. 2850-2854
 
Día 24. sábado, San Bartolomé, apóstol, fiesta, siglo I
Cat. La misión de los Apóstoles, n, 858-860
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-Historia de Palestina, capítulo 33 (páginas: divulgación)
-Por qué leer y releer a los clásicos, relato 2, continúa (páginas: divulgación)
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jueves, 15 de agosto de 2024

HISTORIA DE PALESTINA

Pentápolis Filistea

El episodio de las puertas de Gaza. Fue Sansón a Gaza, donde había una meretriz, a la cual entró. Se dijo a los de Gaza: Ha venido aquí Sansón, y le cercaron, estando toda la noche al acecho junto a la puerta de la ciudad, y se mantuvieron callados toda la noche con esta consigna al despuntar la mañana le mataremos. Sansón estuvo acostado hasta media noche. A media noche se levantó. Y tomando las dos hojas de la puerta de la ciudad con las jambas y el cerrojo, se las echó al hombro y las llevó a la cima del monte que mira hacia Hebrón…     Sansón fue sacado de la cárcel y tuvo que bailar con ellos. Habiánle puesto entre las columnas y Sansón dijo al mozo que a hacía de lazarillo: Déjame tocar la columna que sostienen la casa para apoyarme.

      Estaba la casa llena de hombres y mujeres. Allí estaban los príncipes de los filisteos y había sobre el techo más de tres mil personas… Entonces invocó Sansón a Yavé, diciendo: Señor Yavé, acuérdate de mí; devuélveme la fuerza sólo por esta vez, para que ahora me vengue de los filisteos… Sansón se agarró a las dos columnas y haciendo fuerzas sobre ellas dijo: ¡Muera yo con los filisteos! Tan fuertemente sacudió las columnas, que la casa de hundió sobre los príncipes de los filisteos y sobre todo el pueblo que allí estaba (Jc 16).

 Ascalón. Antigua ciudad comercial cananea, citada por los más famosos documentos egipcios, de los siglos XVIII y XV, a.C., fue importante ciudad filistea, en plena Vía Maris.

      Los asirios se la arrebataron a los egipcios en el s. VII a.C. y se convierte en activo puerto durante el dominio persa. En 332 la conquista Alejandro Magno. Fue ciudad nabatea donde nace Herodes el Grande, que la fortificará y embellecerá con baños y un teatro. Su mayor importancia radicó en su comercio de vinos. Durante el período bizantino conviven en ella comunidades judías, cristianas y paganas, y la historia ha hecho constar que su obispo asistió al Concilio de Nicea. Fortificada por los musulmanes el 665, Balduino II se la arrebató el año 1135. Bibars la destruiría con tal empeño, que quedaría olvidada hasta el s. XIX, en que el Pachá de Jafa la excavó en busca de tesoros.
      Grandes industrias modifican la fisonomía de la nueva Ascalón, con sus 80.000 hab. En ella termina el oleoducto Eilat.Ascalón. la costa es lugar propicio para los hoteles que la jalonan, playas y campings. La calle principal está dedicada al profeta Sofonías, por su cita (Sof 2, 4-7)
      El antiguo Ascalón está convertido en parque nacional. Y aunque posee hallazgos prehistóricos, de la Edad de Bronce y Hierro, de los persas y griegos, la mayor parte pertenece al período romano, como el “Boulauterion” o casa-consejo (de 110 m), adornado con las victorias (Nike) puestas sobre globos y llevadas a hombros por atlantes. Es semicircular con patio de 20 columnas a lo largo y 6 de ancho y lo adornan destacados relieves de Isis y su hijo Orus, estatuas de Afrodita y Hermes.
      Entre los hallazgos más sobresalientes figura una cueva pintada del período romano. Y del período bizantino, los fundamentos de la muralla semicircular de la ciudad, restos de una iglesia y de una sinagoga. Del período cruzado se conservan grandes paños de la muralla.

 Relatos Bíblicos. No pudo tomarla Josué (Jos 13,3; Jc 1,18); Sansón se venga (Jc 14,19. El arca en Azoto (IS 5,6); elegía de David (2S 1, 19-20); juicio sobre Filistea (Jr 47, 6-7; Am 1, 6-8).

          (Teodoro López, Carlos Sáez, Ángel Martín, Peregrinación a Tierra Santa, relato 33 p.80.81)
(Nota. estadística y datos del año 2001)