domingo, 13 de octubre de 2024

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 13 al 19 de octubre 2024
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Santo Rosario
   El Rosario es mi oración predilecta. Con el trasfondo de las Avemarías pasan ante 
los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario en su 
conjunto consta de misterios gozosos [luminosos], dolorosos y gloriosos, y nos 
ponen en comunión vital con Jesucristo a través -se puede decir- del Corazón de su 
Madre. Al mismo tiempo, nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario 
todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la nación, la Iglesia y 
la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más 
cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo, la sencilla plegaria del Rosario
sintoniza con el ritmo de la vida humana.
     (Papa Juan Pablo II, Alocución, 29 de octubre 1978)
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                        ciclo B – año par, Tiempo Ordinario
Día 13. DOMINGO de la XXVIII semana.
San Eduardo III, Rey de Inglaterra, siglo XI
Catecismo. “Quiero ver a Dios”, 2548-2550

Día 14. lunes de la XVIII semana.
San Calixto I, papa y mártir, siglos II-III
Cat. “Creo en la santa Iglesia Católica”, n. 748-750

Día 15. martes, Santa Teresa de Jesús, Carmelita, Fundadora y
doctora de la Iglesia, siglo XVI
Cat. Consecuencias de la fe en el Dios Único, n. 222-227

Día 16. miércoles de la XXVIII semana.
Santa Margarita María de Alacoque, mística, siglo XVII
Cat. Los símbolos de la Iglesia, n. 753-757

Día 17. jueves, San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, siglo I
Cat. Origen, función y misión de la Iglesia, n. 758-762

Día 18. viernes, San Lucas, evangelista, fiesta, siglo I
Cat. El Nuevo Testamento, n. 124-127
.
Día 19. sábado de la XXVIII semana.
San Pablo de la Cruz, Fundador Congregación Clérigos Regulares
de la Cruz y de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, 1694-1775
Cat. La Iglesia, instituida por Cristo Jesús, n. 763-766
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--El valor de la Verdad (I)
--Preparación santa Misa / La comunidad y la Iglesia, capítulo 19/2
--Historia de Palestina / Altiplano Occidental, relato 36/2
              blog, Buena Pista, htpps://ramonbertrand.blogspot.com
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viernes, 11 de octubre de 2024

                          EL VALOR DE LA VERDAD (I)

Si se desea tener una conciencia bien formada; si se desea encontrar la buena y segura doctrina; si se desea localizar el mejor y completo manual, la mejor biblioteca de orientación humana y moral, etc., todo ello en el:

                            CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA,

                            publicado por la Asociación de Editores del Catecismo, ISBN 84-288-111-3

      Algunas referencias sobre “La Verdad”, reseñadas en la citada publicación:

Vivir la Verdad. El Antiguo Testamento lo proclama: Dios es fuente de toda verdad. Su Palabra es verdad (Proverbios 8,7). Su les es verdad (Salmos 119.142) “Tu verdad, de edad en edad” (Salmos 119,90). Puesto que Dios es el “Veraz” (Romanos 3,4), los miembros de su pueblo son llamados a vivir en la verdad. (Salmos 119,30). Catecismo n. 2465

 En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. “Lleno de gracia y de verdad” (Juan 1,14), él es la “luz del mundo” (Juan 8,12), la Verdad (Juan 14,6) El que cree en él, no permanece en las tinieblas (Juan 12,46). El discípulo de Jesús “permanece en su palabra”, para conocer “la verdad que hace libres” (Juan 8,31-32) y que santifica (Juan 17,17). Seguir a Jesús es vivir del “Espíritu de verdad” (Juan 14,17) que el Padre envía en su nombre y que conduce “a la verdad completa” (Juan 16,13). Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad: “Sea vuestro lenguaje: “sí, sí”; “no, no” (Mateo 5,7). Catecismo n. 2466

 Buscar la verdad y el bien. La conciencia como juicio de un acto, no está exenta de la posibilidad del error. “Sin embargo, muchas veces ocurre que la conciencia yerra por ignorancia invencible, sin que por ello pierda su dignidad. Pero no se puede decir esto cuando el hombre no se preocupa de buscar la verdad y el bien y, poco a poco por el hábito del pecado, la conciencia se queda casi ciega” (Gaudium et spes, 16). Con estas breves palabras, el Concilio ofrece una síntesis de la doctrina que la Iglesia ha elaborado a lo largo de los siglos sobre la conciencia errónea.  (Juan Pablo II, Encíclica, Veritatis splendor 62ª)

Rectificar cuando sea necesario. Acostúmbrate a no mentir jamás a sabiendas, ni por excusarte, ni de otro modo alguno, y para esto ten presente que Dios es el Dios de la verdad. Si acaso faltas a ella por equivocación, enmiéndalo al instante, si puedes, con alguna explicación o reparación; hazlo así, que una verdadera excusa tiene más gracia y fuerza para disculpar que la mentira.     (San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, III, 30)

jueves, 10 de octubre de 2024

HISTORIA DE PALESTINA
Altiplano Occidental: Las montañas de Judea, El Négueb central

Las montañas de Judea. La división de montañas de Efraín y de Judea es más bien histórico-política que geográfica, dada la continuidad de las mismas. En sus cimas se asientan las principales ciudades: Jerusalén, Belén, Betsur, Hebrón, a lo largo de una importante vía de comunicación con las ciudades de Samaría.

      Su suelo, en terrazas, es rico en variedad de frutales y viñedos. El sur, menos lluvioso, es excelente para el pastoreo.
      En la vertiente este, se inicia el desierto de Judea. Sus áridas montañas descienden hacia el valle del Jordán más de 1.000 m. en unos 20 km., formando wadis, lechos de torrentes, y grandes cañones que configuran su geología. Cerca del Mar Muerto forman acantilados verticales.
      Aparte del oasis de Engadí, el desierto de Judea no ha tenido moradores permanentes. En la parte central se desarrolló el pastoreo menor y en ella están los desiertos de Tekoa, Zif y Maón, con abundancia de cuevas que sirvieron de alojamiento a pastores, fugitivos y ermitaños. El desierto de Judea fue impedimento para la comunicación entre el este y oeste de Palestina. Esto explica la importancia estratégica de Jerusalén en la comunicación de la llanura costera con la Transjordania.
      La línea de comunicación ascendente a Jerusalén desde Jafa, estuvo poblada de importantes ciudades en la antigüedad (Gezer, Ayalón, Betorón…). Hebrón se encuentra en el punto más alto de las montañas de Judea (1.020 m), y fue su más antigua capital.

 El Négueb central. Es una continuación de las montañas de Judea, que a 24 km. de Hebrón, descienden bruscamente, y comienza el clima semiárido para ir ascendiendo de nuevo hasta 914 m. en Ras Ramón, a 88 km. de Berseba. Las posibilidades de la agricultura y el pastoreo hicieron que esta parte del Négueb gozara de mayor continuidad de asentamiento que la región situada al oeste de Berseba. La división la hace el clima. Sus ciudades principales fueron Arad, Hormak y Aroer en el Wadi Berseba. En la actualidad posee populosas ciudades. Más al sur ya no es reconocido como Négueb, hasta el punto de llamársele indistintamente en la Biblia desierto de Zin, Parán y Sinaí. Por él pasaban las principales rutas entre Egipto, Sinaí y Edom, defendidas por una serie de fortalezas.

      La parte este de las montañas sureñas queda quebrada por grandes depresiones, como el Wadi Hathireh y el Wadi Ramón, que marcan el límite de los asentamientos agropecuarios. Más al sur queda el desierto de Zin, en el límite de la tierra de Canaán con el Sinaí.
          (Teodoro López, Carlos Sáez, Ángel Martín, Peregrinación a Tierra Santa, relato 36/2, p.86-87)
Nota. estadística y datos del año 2001)

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miércoles, 9 de octubre de 2024

PREPARACIÓN PARA LA CELEBLACIÓN
DE LA SANTA MISA
La comunidad y la Iglesia. Romano Guardiani, capítulo 19 / 2

      En el Yo confieso, el celebrante y los fieles reconocen su pecado. Su confesión se dirige a Dios y a la vez a los demás que están ante Dios, pero también se dirige a María, la Madre del Salvador, al arcángel Miguel a Juan Bautista, a los apóstoles Pedro y Pablo y a todos los santos. Después del arcángel, quien aparece aquí como el conductor de las milicias celestiales, se encuentra el mundo de los ángeles. Pero los santos, de quienes se habla aquí, no son solamente esos grandes personajes individuales a quien casi siempre designamos con este término, sino todos los hombres redimidos y vueltos a la casa del Padre celestial. También en otros lugares son mencionados los que ha sido llamados a entrar en la vida eterna. 

      Significa que la comunidad no se extiende sólo sobre toda la tierra, sino que, además, sobrepasa también los límites de la muerte. A partir de los congregados en torno al altar, se extiende hacia todos lados, y como comunidad verdaderamente sustentadora aparece la totalidad de la humanidad redimida.

      La Iglesia en esta comunidad universal. La conciencia de ser ella la que sustenta la acción sagrada se pone de manifiesto una y otra vez. Es evidente que la misa es algo totalmente diferente del acto religioso privado de un individuo. Pero tampoco es el culto de una comunidad reunida en una forma particular, como es el caso de una secta. La comunidad es “Iglesia” en toda la extensión de la palabra. Que tan grande es esta extensión, se torna evidente cuando leemos lo que san Pablo y san Juan dicen sobre ella. Ella es ilimitada, ya que se hace una sola cosa con la creación redimida. “El nuevo hombre”, “el nuevo cielo y la nueva tierra” son los nombres con los que se expresa su total compenetración. Esta Iglesia no es simplemente la totalidad de los redimidos, ligados a la totalidad de las cosas, sino que es, más bien, una unidad viviente. Ella está configurada y conformada, lleva en sí una imagen esencial dominante: el Cuerpo Místico de Cristo. Tiene poder para proclamar la doctrina de Cristo, administrar sus sacramentos y ser una autoridad cuyo respeto o desconsideración se dirigen hacia Dios mismo. En consecuencia, en la base de la acción litúrgica de la misa, no se halla solamente el número infinito de almas y corazones, la fe y el amor de la creación, sino también una unidad conformada, ordenada, respetable y dotada con pleno poder.

     De todo esto surge la obligación de adaptarse a esta totalidad. Existe en el hombre la inclinación a la intimidad y al aislamiento religioso, a los cuales se opone la grandeza y la amplitud de lo que estamos considerando aquí. Pero hay también una hostilidad, más pronunciada que aquéllas: la del sentimiento religioso moderno, contra lo auténticamente eclesial, es decir, contra el ministerio y la institución, contra la autoridad y la estructura. Tenemos tendencias a ver lo religioso únicamente en lo inmediato y en lo que fluye libremente a raudales, en tanto la autoridad y la institución tienen escasas influencias sobre nosotros. Es por eso que se necesita aquí una autodeterminación todavía más importante. En el texto de la misa, se impone continuamente esa actitud que ha sido llamada “romana”, la cual justamente reposa en esta conciencia de la unidad constituida, de la autoridad dada por Dios, de loa instituido y de lo legítimo. Sus exteriorizaciones apenas dicen algo, ya que nos resultan algo extraño, incluso muchas veces nos parecen algo irreligioso.

                    (Romano Guardini, Celebración de la Santa Misa / La comunidad y la Iglesia, 19/2, p. 74-76)

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domingo, 6 de octubre de 2024

Repasar y difundir el Catecismo de la Iglesia Católica,
siguiendo el Año litúrgico, del 6 al 12 de octubre 2024
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Un buen proyecto: El rezo del santo Rosario
      El principio del camino, que tiene por final la completa
locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.
¿Quieres amar a la Virgen? Pues, ¡trátala! ¿Cómo? Rezando
bien el Santo Rosario
.
            (Josemaría Escrivá de Balaguer, Santo Rosario, 35º edición, p. 11)
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              ciclo B – año par, Tiempo Ordinario
Día 06. DOMINGO de la XXVII semana.
San Bruno, Fundador de los Cartujos, siglo XII
Catecismo. El respeto de la verdad, n. 2488-2492

Día 07. lunes, Bienaventurada Virgen María del Rosario.
Cat. El uso de los medios de comunicación social, n. 2493-2499

Día 08. martes de la XXVII semana.
Santas Pelagia de Antioquía y Faustina Kowalska
Cat. El 9º mandamiento: la purificación del corazón, 2514-2519

Día 09. miércoles de la XXVII semana.
San Dionisio, primer obispo de París, siglo III
Cat. El combate por la pureza, n. 2520-2527

Día 10. jueves de la XXVII semana.
Santo Tomás de Villanueva, arzobispo agustino, siglo XVI
Cat. El desorden de la concupiscencia, n. 2534-2540

Día 11. viernes de la XXVII semana.
Santa Soledad Torres Acosta, Fundadora Siervas de María, siglo XIX
Cat. Los deseos del espíritu, 2541-2543

Día 12. sábado, Bienaventurada Virgen María del Pilar, fiesta
Cat. María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, n. 963-965
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--Preparación santa Misa / La comunidad y la Iglesia, capítulo 19/1
--Historia de Palestina / Altiplano Occidental, relato 36/1
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viernes, 4 de octubre de 2024

PREPARACIÓN PARA LA CELEBLACIÓN DE LA SANTA MISA
La comunidad y la Iglesia
Romano Guardiani, capítulo 19 / 1

      Cuando los que concurren a la iglesia se introducen en el espacio sagrado, lo hacen como personas individuales, con sus cualidades y circunstancias particulares, sus preocupaciones y anhelos. Cada uno está en sí y frente a los otros, cada uno está cerrado herméticamente en si mismo, imbuido de todas esas sensaciones basadas en las palabras: “yo… no tú”, con sentimientos de extrañeza, de indiferencia, de desconfianza, de arrogancia, de aversión y de enemistad; mediante los endurecimientos que trae consigo la lucha de la existencia cotidiana y los desengaños que ha experimentado la buena voluntad. Así ingresan en el templo, así se paran, se arrodillan y se sientan dentro de él. Pero esto no constituye todavía una comunidad.

       Consideremos lo que es incorrecto o cuestionable en esta actitud, como ser la dureza de corazón, el orgullo, el rencor, etc. En su interior, se encuentran hombres con sus pensamientos, sentimientos, aspiraciones, etc. Cada uno de los asistentes con toda su actitud: “yo”. Pero esto también adquiere, por lo general, la forma de un amor propio ampliado. En lugar de un yo individual, se presenta el yo como grupo natural, el cual no tiene nada que ver con lo que efectivamente significa la “comunidad”. En realidad, la comunidad es la asamblea de los que pertenecen a Cristo, el pueblo santo de Dios unido en la fe y el amor. Lo específico en ella es la obra de Dios, la nueva creación realizada por él. Pero eso específico se expresa en la actitud de los hombres mismos.

      Si alguna vez consideramos atentamente las oraciones de la santa Misa, notaremos que en ellas la palabra “yo” se usa en muy contadas ocasiones. Cuando aparece es porque tiene una razón precisa. Por ejemplo, en la oración inicial, ante todo en el “yo confieso…”; en el Credo, donde el individuo hace una profesión de fe personal ante la revelación de Dios; en las oraciones inmediatamente antes de la comunión, porque justamente proceden de lo más íntimo del individuo. Pero, por lo general, se dice “nosotros”: te alabamos, te adoramos, te bendecimos, te damos gracias, te glorificamos, perdónanos, socórrenos, ilumínanos… Este “nosotros” es la comunidad, es algo reconocido, querido y perfeccionado en forma acorde a lo que significa. Con esto decimos también que no estamos haciendo referencia específicamente a la “vivencia comunitaria”, a la experiencia gozosa, grande o impactante, de la unidad íntima de muchos frente a Dios, la cual a veces sobrepasa a los individuos, los satisface y sostiene. Como toda vivencia auténtica, esa experiencia es un don que o bien se prolonga por horas o bien no es concedido, sin que se puede hacer algo respecto a eso. Aquí no estamos hablando de la “vivencia”, sino de la “realización efectiva” de la comunidad. No se trata de lo que se nos ofrece, sino de loque queremos y debemos hacer.

      Para avanzar, tendremos que tener en claro, ante todo, cuán profundamente estamos encerrados en nosotros mismos y qué egoístas somos, a pesar de todo lo que decimos sobre la comunidad. Cuando hablamos de comunidad, solemos referirnos sólo a una vivencia de autoexpresión, en la que sentimos la vida colectiva a nuestro alrededor, y apoyados en ella nos elevamos por encima de nuestra pequeñez, con lo cual nos sentimos más fuertes o más entusiasmados que de costumbre. Pero, en realidad, los hombres están siempre solos consigo mismos, aun cuando están durante mucho tiempo junto a los demás. Lo que se opone verdaderamente a la comunidad no es el individualismo, sino el egoísmo. Éste es el que debe ser derrotado, lo cual no se consigue por un frecuente y extenso trato social, sino por la superación interior del propio parecer, se asumen sus deseos como propios y uno se humilla a sí mismo a causa de ellos.

      Quizá en alguna ocasión, particular nos daremos cuenta de cuáles son los muros de indiferencia, de falta de respeto y de enemistad que se levantan entre nosotros y el otro, por lo cual antes de la misa o durante la oración inicial, buscaremos derribar esos muros. (continúa)                     (Romano Guardini, Celebración de la Santa Misa / La comunidad y la Iglesia, 19/1, p. 72-74)

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jueves, 3 de octubre de 2024

HISTORIA DE PALESTINA
Altiplano Occidental

  Introducción geográfica. Para formar parte central de Palestina, consiste en un macizo montañoso que la recorre de norte a sur, arrancando de la llanura costera y la Sefela, y cayendo por el este a la depresión del Jordán. Se sabe que en la antigüedad estuvo poblado de abundante vegetación, venida a menos por las sucesivas invasiones, el abandono la erosión, y actualmente en proceso de regeneración. Por su configuración orográfica, destacan en ella cuatro regiones: Galilea, Montes de Efraín, Montañas de Judea y Montañas del Négueb.

 Galilea: Ocupa la parte norte, fronteriza con el Líbano. La llamada “tierra adentro” quedaba aislada de las grandes vías de comunicación. Favorecida con abundantes lluvias y clima mediterráneo, es la región más feraz de Palestina, hasta causar admiración por su verdor. Se divide en alta y baja Galilea, como se aprecia en la Biblia (Tb 1,2).

Alta Galilea: Se extiende desde el río Litani-Qasimiyah, que la separa de las montañas del Líbano, hasta la zona central de Galilea. Sus montes alcanzan de 1000 a 1200 m. a los que la Biblia llama montañas de Neftalí (Jos 20,7). La parte norte, con espacios amplios y abundantes fuentes, facilitó el desarrollo de su población.

 Baja Galilea: Es una zona intermedia en que alternan una serie de bajas montañas y pequeños valles, citados en la Biblia (Jos 19,14. 33. 36; 24,30).

      Lo más característico es el contraste entre esas suaves montañas y la amplia y fértil llanura de Esdrelón o Jezrael, con una extensión de 40 por 30 km., enclavada entre las montañas de Nazaret al norte, las de Efraín y Gelboé al sur y el Carmelo al oeste. Es la zona más fértil de toda Palestina. Las ciudades antiguas de Jokneam, Meguido, Taanak y Yibleam protegían la comunicación de este valle del Jordán. En el centro del mismo se levanta el monte Tabor (588 m) y al sureste el monte Moreh o pequeño Hermón.

 Montes de Efraín: Ocupan la parte central de la región montañosa, la más importante por el asentamiento de las tribus. La tribu de Efraín se asentó en la parte sur y la de Manasés en la del norte. Al sur de Efraín habitó Benjamín. Durante la monarquía, el nombre de Samaría suplantaría al de Efraín.

      En su parte central destacan los montes Ebal (930 m.) y Garizím (868 m.), en el sur Baal Hazor 914 m), cerca de Betel. Su paisaje es muy variado, alternando montañas, colinas, desfiladero, grandes y pequeños valles fértiles como los de Dotain, Siquem y el de los Patriarcas. Destacan las ciudades bíblicas de Samaría, Siquem, Tirsá, Silo y Betel. (continúa)
                  (Teodoro López, Carlos Sáez, Ángel Martín, Peregrinación a Tierra Santa, relato 36/1, p.86-87)
Nota. estadística y datos del año 2001)

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